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PSICOLOGÍA

Seis distorsiones cognitivas que todos tenemos

La realidad es percibida por cada persona de forma subjetiva e irreal

Ángel Rull

Una mujer sentada en un sofá pensando.

Una mujer sentada en un sofá pensando. / 123RF

Las distorsiones cognitivas parten de los esquemas con los que cada persona cuenta y a través de los cuales interpreta el mundo, en este caso de forma negativa. Dichos esquemas se van formando y fortaleciendo a lo largo de los años, con nuestra educación, nuestra cultura y nuestra experiencia. Nacen de la interpretación y la subjetividad, son irreales y simplifican lo que vemos, como una forma de ahorro cognitivo. Es decir, el cerebro los usa para tener formas rápidas de actuación y no interpretar desde cero cada situación, lo cual sería agotador.

El problema aparece cuando las distorsiones cognitivas nos afectan a nuestro día a día, poniendo en peligro nuestra autoestima y las relaciones que vamos creando. Conectan con nuestras emociones y la extreman, haciendo también que dichas emociones aparezcan ante situaciones inadecuadas. En lugar de facilitarnos nuestra vida, nos la van complicando aún más.

Mala interpretación

Las distorsiones cognitivas son comunes a todos los seres humanos. Mientras que a algunas personas no les afectan, a otros les genera tanto malestar que acaban buscando ayuda psicológica. La diferencia está en el uso que se hace de ellas o la veracidad que se le da a estos esquemas. Ante una misma situación, a dos personas se le pueden activar la misma distorsión cognitiva. Pero, mientras que uno sabe negarlo y buscar la forma de evadirlo, el otro puede dejarse llevar por ella, seguir creyendo que es cierto y viendo cómo su malestar empieza a crecer.

Las distorsiones cognitivas impactan en nuestra felicidad y en nuestros recursos. Son responsables de nuestros niveles de autoestima o del estado de ánimo que sentimos habitualmente. Identificarlas implica reconocer que son falsas y que deben ser revertidas.

¿Qué distorsiones cognitivas tenemos?

1. Abstracción selectiva

Este esquema aparece cuando, a través de una única característica,sacamos una conclusión general, sin tener en cuenta el conjunto total. Es una visión en túnel, focalizando en algo negativo y obviando cualquier cosa positiva.

"Mi situación en el trabajo es terrible".

2. Sesgo de confirmación

El sesgo confirmatorio hace que interpretemos lo que nos ocurra de una manera que confirme lo que pensamos. Hace que vayamos almacenando datos coherentes con esa creencia, sin tener en cuenta las que puedan aparecer en contra.

"He suspendido el examen, no sirvo para esta carrera".

3. Personalización

Aparece cuando creemos que todo lo que ocurre o la gente hace y dice tiene que ver con nosotros mismos, de forma que no llega a calificarse de paranoia, pero podría rozarla.

"Hoy está muy callada, seguro que se ha enfadado conmigo".

4. Inferencia arbitraria

Este tipo de distorsión cognitiva consiste en dar por hecho determinadas suposiciones para las que no existe una evidencia ni ninguna prueba. Se trataría de que la persona adivinaría, o bien los pensamientos de los demás, o bien el futuro.

"Está pensando que he hecho el ridículo".

"Me van a despedir".

5. Pensamiento polarizado

Es el pensamiento de todo o nada, de blanco o negro, donde lo más normal es la generalización, con palabras como siempre, todo o nunca. Se valora desde los extremos y no se tienen en cuenta ni las excepciones ni la escala de grados intermedios.

"Siempre meto la pata".

6.  Sobregeneralización

Es la tendencia a pensar que, si algo nos ha ocurrido una vez, otras muchas van a venir. Este pensamiento hace que saquemos una conclusión de casos aislados, haciendo que sea válido para todo.

"Si me despiden, me van a despedir de todos los trabajos en el futuro".

Interpretamos la realidad de acuerdo a los esquemas interiorizados, sin tener en cuenta que podemos estar equivocados. Dicha interpretación, por tanto, al ser subjetiva, no siempre estará ligada a la realidad. El problema viene cuando la falsa interpretación se convierte en desadaptativa, pudiendo aparecer un malestar psicológico que nos impida llevar nuestra rutina habitual.

Ángel Rull, psicólogo.

Temas: Psicología