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PSICOLOGÍA

Equivocarse: el arte de saber cómo crecer

Cometer errores nos lleva a alcanzar niveles de crecimiento basándonos en emociones positivas

Ángel Rull

Una mujer comete un error en la oficina.

Una mujer comete un error en la oficina. / 123RF

Cuando cometemos fallos, tendemos a ver únicamente la parte emocional negativa, donde surge la culpa, la frustración y la tristeza. Aunque esta última emoción sí es correcta, ya que nos empuja a la búsqueda de soluciones alternativas, puede bloquearnos si se siente en exceso y se descontrola. Llega a provocar sentimientos de invalidez personal y suponer un deterioro de la autoestima. Sin embargo, cometer errores es algo beneficioso para nuestro cerebro, ayudándonos a generar mejores estrategias para el futuro, que nos conviertan en mejores personas.

Superar las emociones negativas, quedarnos con las positivas y no verlo como un fracaso es la esencia de equivocarse desde la perspectiva del crecimiento, algo que no parece fácil a primera vista. Sin embargo, puede entrenarse y potenciarse, girando nuestro foco y poniendo a nuestro favor lo que ha ocurrido.

Equivócate

¿Realmente hay un problema en equivocarse? La mayoría de las ocasiones, los errores cometidos no suponen una tragedia. No hunden la empresa ni acaban con nuestra relación de pareja. Son simplemente pequeños traspiés en los proyectos que nos ayudan a saber que estábamos yendo por un camino equivocado y que toca reconducir la situación. Una vez controlado el error, toca reflexionar sobre lo ocurrido y el aprendizaje con el que nos queremos quedar, imprescindible para saber cómo crecer.

¿Por qué es tan importante que nos equivoquemos en nuestro desarrollo?

1. Conocimiento

A través del error podemos saber cuáles son las herramientas con las que contamos, cómo las usamos y todas aquellas que necesitamos adquirir. Pone a prueba los propios límites y nos hace ver que no somos perfectos, lo cual tampoco es necesario. A través del fallo también vemos cuáles son nuestros valores, aquello que nos empuja a luchar por nuestra meta, siempre y cuando sea un deseo verdaderamente nuestro.

2. Metas

El miedo al fracaso es uno de los mayores condicionantes con los que nos enfrentamos en nuestros propios proyectos. Una vez que hemos fallado, podemos perder este miedo, lo que implica liberación y mayor sensación de seguridad. Para tener el control debemos perder el miedo a no tenerlo, y eso pasa por cometer fallos.

3. Prioridades

Una vez que hemos fallado, no solo es importante saber el motivo de que haya ocurrido o cómo podemos solventarlo, sino que también es necesario saber si debemos seguir intentándolo. A veces, cuando cometemos un fallo, el aprendizaje que debemos tener es que esa meta realmente no era importante para nosotros. Puede ser una meta de nuestra familia o de la sociedad, pero no nuestra.

4. Humanidad

Cuando fallamos, somos conscientes de que nosotros también somos humanos. Es un golpe de realidad necesario que nos lleva a poder mirar dentro de nosotros y aceptar la imperfección. Empatizaremos también así con los fallos de los demás y ganaremos en tolerancia. Puede ser especialmente útil que trabajemos nuestra humildad como beneficio extra del error.

5. Frustración

La frustración aparece cuando no aceptamos la pérdida que acabamos de tener y en lugar de tristeza, sufrimos rabia. Los errores, aunque nos cueste asumirlo, son pérdidas con las que hay que lidiar desde la tristeza, la emoción del desarrollo. Fallar nos ayudará a seguir poniendo a prueba este aprendizaje.

Fallar implica renunciar a un triunfo para el que aún no estábamos preparados. Aunque también interfieran factores externos a nosotros, los errores suelen ser responsabilidad nuestra, igual que los aciertos. Cada cosa aparece cuando andamos los pasos necesarios. Por tanto, para poder tener éxito, debemos haber andado antes los caminos del fracaso. Solo así podremos crecer.

Ángel Rull, psicólogo.