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PSICOLOGÍA

Aprende a no descargar tus emociones con la comida

La mala gestión emocional lleva a comer de forma compulsiva

Ángel Rull

Frutas y verduras variadas.

Frutas y verduras variadas.

Cuando estamos ante situaciones de estrés o en momentos de tristeza, nuestras emociones tienden a desbordarse. Algunas personas, saben entender bien sus sentimientos y los canalizan de forma correcta. Sin embargo, lo habitual es que no sepamos cómo gestionar lo que estamos sintiendo. Esta mala gestión nos lleva a buscar formas negativas de descarga, como el tabaco, el alcohol, el abuso de las redes sociales o la comida.

Cuando descargamos emocionalmente con la alimentación, rompemos la buena relación que tenemos con ella. Entramos en un círculo vicioso de picos cortos de satisfacción, a los que les sigue la culpa y un aumento del estrés, la ansiedad y la tristeza. Romper este círculo está en nuestra mano y se basa en mejorar la forma que tenemos de manejar nuestras emociones.

Hambre emocional o física

El abuso de la comida, los atracones y la mala alimentación desencadena problemas a nivel físico y mental, no solo por el impacto que podemos ver en el peso corporal. Uno de los desencadenantes de la mala gestión de la comida es ver cómo nuestras emociones interfieren en lo que comemos. Y es que, muchas veces, la ansiedad o la tristeza nos hacen sentir un hambre que no es real. Comemos sin una verdadera necesidad y de forma exagerada.

El hambre emocional se diferencia del hambre física en diferentes puntos:

  • Mientras que el hambre física puede esperar, el emocional tiene que ser satisfecho en el momento.
  • Una vez que comemos, el hambre real no genera emociones negativas de ningún tipo.
  • El hambre real es controlable y sabemos cuándo y cómo parar.
  • El hambre emocional aparece de forma repentina, mientras que el otro tipo de hambre es más gradual.
  • Si quiero comer un único tipo de alimento, es hambre emocional.
  • Con el hambre emocional necesito estar especialmente lleno, no me basta con sentir saciedad.

Elimina el hambre emocional

Cuando nos encontramos triste y tenemos estrés, buscamos la forma de encontrarnos mejor. En un momento determinado, vemos que, al comer, nos hace sentimos bien. Nos llena de plenitud y desaparecen las emociones negativas. Esta sensación dura pocos minutos y aparecen de nuevo las mismas emociones negativas de antes a las que sumamos la culpa o la vergüenza por habernos descontrolando comiendo. Al sentirnos aún peor, creamos una predisposición mental a que en un futuro cercano volvamos a comer emocionalmente. Se crea, por tanto, un patrón malsano que desembocado en una relación tóxica con la comida.

Si queremos romper el círculo, debemos buscar la forma de aislar una parte de la ecuación y mejorarla. La parte sobre la que trabajan los psicólogos es la emocional.

¿Cómo puedo romper el círculo?

1. Busca la raíz

Sentirnos mal tiene su origen en algo que nos ha ocurrido o que nos ocurre habitualmente de forma negativa. Pueden ser discusiones familiares, baja autoestima o problemas laborales. Es importante saber de dónde viene el problema.

2. Maneja el problema raíz

Si el problema que desencadena todo es la baja autoestima, debemos buscar de forma directa cómo trabajar la confianza y la seguridad. Aunque la alimentación hace crecer el problema, la base está en la desvaloración que ya existía. Y si el problema radica en las malas relaciones laborales, hay que empezar a trabajar por ahí.

3. Come

Si el hambre emocional se mezcla con el real, la persona perderá el control por completo. Estructura una buena alimentación, en base al número de comidas necesario para que estés saciado todo el día y con alimentos que te hagan sentirte bien.

4. Controla el entorno

Elimina de casa todas aquellas tentaciones hasta que puedas controlar la comida. Busca, además, cuando tengas esos picos de hambre irreal, salir del sitio donde te encuentres. Es buen momento para el ocio, un paseo o la actividad física.

5. Pon límites

En la práctica clínica se puede observar como uno de los mayores problemas personales de las personas con obesidad es su dificultad a la hora de poner límites al resto. Dejan que sean invasivos, no saben decir no y amenazan su seguridad. Es algo que deben trabajar para encontrar su lugar y tener una mejor relación con el entorno, con la comida y con ellos mismos.

Los atracones o comer compulsivamente se relacionan directamente con la gestión emocional. Nuestros sentimientos pueden derivar un desbordamiento relacionado con sobrepeso, culpabilidad y baja autoestima. Un círculo vicioso que hay que romper, empezando siempre por uno mismo.

Ángel Rull, psicólogo.