30 oct 2020

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PSICOLOGÍA

Estos malos hábitos te están restando productividad

Los pequeños errores que cometemos a diario impactan negativamente en el rendimiento

Ángel Rull

Hombre frente al ordenador aumentando su rendimiento.

Hombre frente al ordenador aumentando su rendimiento. / 123RF

El esfuerzo y la constancia son dos de los pilares fundamentales para tener un buen rendimiento en el trabajo. Sin embargo, elementos externos pueden hacer que la productividad descienda y vayamos perdiendo tiempo que se acumula a lo largo de los días. Varios factores se deben a malos hábitos con los que contamos y a los que no damos importancia.

A través de la eliminación de esos hábitos, veremos cómo aprovechamos mejor el tiempo y somos más conscientes de todo aquello que interfiere en el trabajo que llevamos a cabo.

Elimina malos hábitos

¿Qué determina que unas personas sean más productivas que otras? ¿Por qué hay diferencias de tiempo entre dos personas que hacen exactamente la misma tarea? No todo es debido a las habilidades o la motivación. Un alto porcentaje se debe a esquemas interiorizados que nos dificultan el rendimiento.

A través de las siguientes pautas podrás eliminar los malos hábitos:

1. Trabajo sin descanso

Esto ocurre cuando estamos muy concentrados y parece que el rendimiento está en los más alto, como a primera hora del día. Aprovechamos el tirón y decidimos trabajar sin descanso hasta que terminemos la tarea. Aunque esta estrategia podría resultar útil, lo que hace es agotar rápidamente la motivación y crear fatiga cognitiva.

Independientemente de lo concentrados que estemos, debemos marcar horas fijas de descanso. De esta forma, podremos oxigenarnos y alcanzar un mayor rendimiento medio a lo largo de todo el día.

2. Usar siempre la misma estrategia

Tendemos a pensar que, si algo funciona, no es necesario cambiarlo. Escogemos una estrategia, la incorporamos al día a día y trabajamos siempre desde ahí. Seguramente esto funcione para algunos días concretos y tareas específicas, pero no es la panacea. Por ejemplo, la opción de hacer todas las tareas pesadas al principio de la mañana es útil si esas tareas son realmente prioritarias. Sino acabaremos fatigados y a las tareas urgentes pero pequeñas no les prestaremos demasiada atención.

Escoge diferentes planes de acción según el día, la semana o el tipo de trabajo. Y evalúa periódicamente si realmente son los más adecuados.

3. Atrasar el despertador

Aprovechamos al máximo el tiempo de estar en la cama con una consecuencia clara: perdemos tiempo y ya empezamos el día corriendo. Ese poco tiempo que estemos retrasando la alama, hará que no dediquemos tiempo al desayuno, al momento de la ducha o, simplemente, a no tener que ir con prisas.

El rato que estás en la cama no tiene realmente un efecto sobre tu descanso, por lo que está siendo inútil que no te levantes en el momento. Si necesitases más horas de sueño, tendrías que acostarte antes.

4. No desayunar

El desayuno no es solo ese momento en el que ingerimos la primera comida del día. Es un espacio tranquilo donde podemos dedicarnos a organizar la mañana, pensar en nuestras metas y objetivos o estar con la familia.

Empieza el día desayunando, sin mirar el móvil ni la televisión. Te ayudará a poner el foco en ti y estar más tranquilo.

5. No organizarse

Con la llegada de los smartphones, tenemos a nuestra disposición un número elevados de apps dedicadas al rendimiento, la organización y las rutinas. Nos sirven para organizarnos, anotar los eventos, las tareas o recordar que debemos beber dos litros de agua al día. Procura tener claro la cantidad de cosas diarias y semanales que debes hacer, las actividades deportivas a realizar o los planes de ocio, y organízalo con la app que mejor se adapte a ti.

El rendimiento depende de factores internos y externos que debemos ver, gestionar y controlar. En muchos casos, son pequeños fallos que en conjunto nos restan horas a la semana y nos obligan a estar más tiempo del necesario en el trabajo. Con más organización y la ruptura de las viejas rutinas, podremos sacar el máximo partido al día.

Ángel Rull, psicólogo.

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