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PSICOLOGÍA

Cómo superar la soledad tras una ruptura de pareja

La soledad es uno de los mayores miedos a los que se enfrentan las personas tras una ruptura o el divorcio

Ángel Rull

Después de varios meses o años en pareja, tras la costumbre del apoyo y las rutinas, cuando aparece una separación o un divorcio, surgen numerosos sentimientos negativos que acaban desbordando y rompiendo el equilibrio emocional. Uno de estos sentimientos es la soledad, un estado que es vivido con miedo e incertidumbre.

La mala gestión del tiempo a solas acaba teniendo consecuencias negativas que podrían evitarse si se acepta la nueva situación y se empieza a trabajar desde uno mismo. De esta forma, también ganaremos en resiliencia y bienestar.

Consecuencias de la soledad

La soledad es un estado subjetivo vivido de diferente forma según quién se enfrente a ello. Mientras que muchas personas disfrutan de este estado, otras lo viven con terror y desbordamiento de emociones negativas.

La mala gestión de la soledad y su baja aceptación tienen malas consecuencias para la persona que lo sufre:

  • Aumento de los síntomas de ansiedad y depresión, pudiendo acabar en trastorno psicológico.
  • Mala organización o ruptura con las relaciones sociales y familiares.
  • Dependencia emocional.
  • Mayor tendencia a soportar relaciones tóxicas.
  • Exceso de emociones negativas y falta de visión sobre las positivas.
  • Aumento desmesurado del tiempo a solas.
  • Baja autoestima.

Supera la soledad

Cuando decidimos romper con nuestra pareja, especialmente si han pasado varios años desde que se inició la relación, vivimos un miedo al cambio y a la soledad. Se alteran las rutinas a las que estábamos acostumbrados y la nueva situación parece desbordarnos. Es entonces cuando sentimos que no seremos capaces de salir adelante o, incluso, de volver a estar con alguien.

Si gestionamos la soledad, una de las consecuencias directas de la ruptura, ganaremos en autoconocimiento y valía, los que nos permitirá ir resolviendo todos los nuevos retos que aparezcan.

1. No eres la víctima

Ni tampoco el verdugo. Las rupturas dependen siempre de dos personas adultas que toman la decisión de no continuar y que se debe a un conjunto de factores. Nunca uno tiene culpa de lo que ha ocurrido ni el otro está siendo castigado por ello. Ambos toman la responsabilidad de sus actos, los aceptan y los superan. Y una vez que dejamos que esto ocurra, somos capaces de soltar y continuar adelante.

2. Sal de casa

Cuando experimentamos emociones como la tristeza o la soledad, nos encerramos aún más en casa. Esto, lejos de rebajar la tensión, la aumenta. La forma de mejorar el problema es salir de casa, retomar relaciones sociales o familiares debilitadas e, incluso, emprender nuevos retos.

3. Escúchate

Es un período perfecto para pasar tiempo de calidad con uno mismo. Al principio escucharemos una voz interna crítica que nos hará sentir peor. Pero, a medida que dejemos de prestarle atención, escucharemos otras voces positivas que nos harán ver cuáles son nuestras necesidades, qué cosas nos apetecen hacer o qué caminos tomar.

4. Retoma lo perdido

Al estar en una relación, sacrificamos ciertos aspectos de nuestra vida, como conciertos a los que no vamos porque no le gustan a nuestra pareja o destinos a los que no viajamos por el miedo al avión. Con la ruptura podemos retomar todos aquellos proyectos olvidados y todos los planes que nunca hicimos. Es una nueva etapa centrada en nosotros mismos.

5. Perdona

En muchas parejas existen situaciones que se van acumulando y que no se superan. Con las rupturas, resurgen en nuestra mente todas ellas y sentimos enfado, culpa y resentimiento. Estas emociones son como una cuerda que nos sigue atando a esa persona. Por eso, por tu propia calma y bienestar, suelta todo lo malo que ha habido y perdónalo.

La aceptación del cambio, el foco en lo positivo, el optimismo y una buena gestión de la soledad son pilares fundamentales a la hora de empezar una nueva etapa sin nuestra pareja. Es el momento perfecto para ganar en bienestar y salir fortalecidos si aprendemos a soltar y avanzar.

Ángel Rull, psicólogo.