Ir a contenido

PSICOLOGÍA

Así puedes recuperar la confianza perdida en alguien

Tras una traición, volver a confiar en alguien parece una tarea imposible

Ángel Rull

Una pareja descansa durante sus vacaciones.

Una pareja descansa durante sus vacaciones. / FERRAN NADEU

Las relaciones sociales y de pareja pasan por diferentes etapas donde no existe una estabilidad. Esto se debe a los acontecimientos que van surgiendo, donde muchas veces aparecen traiciones o infidelidades que nos hacen perder la confianza en una persona.

Si lo que queremos en continuar teniendo relación con esa persona, debemos ser conscientes de que recuperar la confianza es un proceso factible, aunque dependiendo del caso, puede ser complicado, necesitando trabajar por ambas partes.

Evalúa los beneficios

Aunque queramos volver a tener confianza en una persona, no implica necesariamente que sea lo que mejor nos conviene. De hecho, el querer mantener a alguien en nuestra vida, sin importar las consecuencias, se debe a un miedo a estar solos que nos hace perdonar y permitirlo todo.

Es importante que evaluemos si de verdad queremos perdonar y continuar con la relación. Para ello más allá de lo ocurrido, tenemos que ser capaces de ver los beneficios que esa persona trae a nuestra vida, pero también todo aquello negativo que a veces necesitamos alejar. Este paso previo es fundamental antes de decidir recuperar la confianza en alguien.

Recupera la confianza

La causa más común del distanciamiento con un amigo, un familiar o la pareja es la falta de confianza en el otro. Aunque muchas veces es generado sin razones reales para ello, como el sentir celos patológicos, en otras ocasiones es debido a un hecho que propició que dejáramos de confiar en la otra persona.

A través de estos pasos podremos empezar a recuperar la confianza perdida en una persona.

1. Nadie es perfecto

Nuestro cerebro etiqueta y categoriza todo en extremos: las cosas y las personas son buenas o malas. Sin embargo, existe un amplio abanico de grises. Y es que nadie se compone únicamente de elementos buenos o malos. Podemos equivocarnos o podemos simplemente tener una parte que al otro no le gusta. Entender esto, ser conscientes de que nadie es perfecto, es un trabajo de empatía donde se podrá empezar a gestar un perdón realista.

2. Sé paciente

Debemos dar espacio a nuestras emociones negativas. Para ello necesitamos tiempo y tener momentos de reflexión. Esto es algo que no se consigue de la noche a la mañana. La paciencia es fundamental.

3. Trabaja desde ti

Pedir que la otra persona cambie ciertos comportamientos es algo aceptable, pero siempre hay un componente propio que también debe modificarse: nuestras expectativas. Vemos a los demás en función de si son o no lo que nosotros esperamos de ellos. Por eso hay que aceptar que nadie está en este mundo para cumplir nuestras expectativas, de la misma forma que nosotros tampoco estamos aquí para cumplir las de otros.

4. Entiende tu enfado

El enfado suele aparecer en un alto porcentaje de casos al vernos traicionados. Esta emoción atiende al hecho de que vulneran nuestra integridad y nos sentimos atacados. Queremos defendernos de algo con lo que realmente no debemos luchar. Esta emoción biológicamente necesaria es malentendida, siendo alimentada por nosotros y por pensamientos obsesivos que giran en torno a la traición. Para ello, busca qué más hay detrás del enfado, como puede ser la soledad, la tristeza o la inseguridad.

5. Entiende que no siempre hay un motivo

El cerebro necesita rellenar los huecos que no tiene. Ante un hecho, quiere saber todos los detalles para reconstruir con la máxima precisión la experiencia. Pero esto no siempre es posible ni necesario. Debemos manejar nuestra frustración y nuestra incertidumbre ante lo que no sabemos. No buscar siempre la causa.

Querer eliminar el dolor de la traición es imposible. Es algo que debe entenderse, respetarse y esperar a que con el tiempo se vaya eliminando. Pero sí podemos en ese mismo tiempo generar varias estrategias que nos ayuden a perdonar y recuperar la confianza que parecía perdida en la otra persona.

Ángel Rull, psicólogo.