Ir a contenido

PSICOLOGÍA

Cómo adelgazar aprendiendo a controlar las emociones

Sentimientos como la soledad o la tristeza tienen un efecto directo sobre nuestra salud y nuestro peso corporal

Ángel Rull

Bandeja con comida rápida de un local de Barcelona.

Bandeja con comida rápida de un local de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

La relación que existe entre nuestras emociones y nuestro cuerpo es directa e inevitable. Nuestros sentimientos son capaces de alterar el equilibrio del cuerpo, a través de procesos hormonales y neurológicos. En muchos casos, como ocurre con el estrés, este efecto se mantiene en el tiempo, incluso meses después de que ocurra el hecho que lo precipitó.

Por eso, entender nuestras emociones, dar espacio para ellas y modificar ciertos comportamientos asociados es fundamental para evitar que estas influyan en nosotros y acaben produciendo efectos tan negativos como la subida o bajada brusca de peso.

Emociones que engordan

En el repertorio emocional humano existen varios sentimientos que afectan de forma directa a los hábitos de vida que giran en torno a nuestra alimentación y la actividad física. Y, aunque en ocasiones no le estamos dando la importancia que tienen, inevitablemente influirán en aquello que comemos o el deporte que realizamos. De esta forma, las emociones acaban teniendo un impacto sobre nuestro peso.

Al principio no le damos importancia al estrés, a la ansiedad después del trabajo o a las comidas que nos saltamos. Llegamos a casa y comemos varias veces, dejamos de ir al gimnasio o consumimos en exceso alimentos procesados. Lo que aparece en momentos aislados, puede llegar a convertirse en una rutina y acabará por ser un hábito en nuestra vida.

Gestiona las emociones

Las emociones afectan a nuestra vida, tanto por la alteración de las rutinas como por los profesos neurofisiológicos que producen en nosotros. Y de todas las que sentimos y percibimos hay tres que tienen un efecto directo en nuestro peso corporal.

Si conocemos nuestras emociones, cuándo aparecen y cómo gestionarlas, podremos controlar el efecto que tienen en nuestro estado físico.

1. Baja autoestima

Se relaciona con sensación de soledad, poca sensación de valía y un bajo autocuidado. Se caracteriza por la sensación de vacío que siente la persona y que, a menudo, intenta llenar mediante elementos externos: adicciones, comida o excesos. Pero la comida no tiene un efecto saciante en esta emoción, sino que provoca que aumente. La mala alimentación y su exceso generan un mayor número de emociones negativas que se volverán a intentar paliar nuevamente con la comida. Esto crea un círculo vicioso de adicción con la comida que hará que la autoestima caiga aún más.

La autoestima parte del cuidado, la valía y la soledad enriquecedora. Trabajar estos tres aspectos, con la preocupación del estado físico, por ejemplo, permite que la autoestima suba y la comida deje de ser el foco de nuestra atención.

2. Estrés

El estrés aparece cuando sentimos que las demandas del entorno superan nuestras capacidades para afrontarlas. Esto genera también ansiedad y una sensación de amenaza constante que realmente no existe. La falta de tiempo y el exceso de tareas nos agobian y no sabemos cómo gestionarlo.

Para enfrentarnos al estrés, debemos buscar técnicas de relajación que nos ayuden a bajar la ansiedad. El deporte de alta intensidad, la meditación o la natación harán que el cuerpo tenga sensación de calma. Además, a nivel emocional, buscar formas de generar una mayor productividad y organización permitirán que la sensación cognitiva de estrés también se reduzca.

3. Tristeza

La comida tiene un efecto directo de relajación sobre nuestro cuerpo. Por eso, en momentos de tristeza, recurrimos a ella, ya que a muy corto plazo consigue relajarnos y crearnos bienestar. El problema es que vuelve a crear un círculo vicioso. A medida que perdemos el control sobre la comida, vuelven a aumentar las emociones negativas y nos harán comer aún más.

La comida nunca puede ayudar a superar la tristeza o la depresión. Debemos buscar la raíz de esta y trabajar sobre ella. En muchos casos se debe a un malestar por la pareja, el trabajo o la familia. Y es en la causa donde se trabaja la tristeza, no sobre las consecuencias.

Sentirnos bien anímicamente nos hará poder disfrutar de nuestro cuerpo y permitir que nuestra salud se encuentre dentro de la normalidad. Y como no podemos controlar al 100% las emociones que se despiertan en nosotros, sí podemos influir sobre las consecuencias de que estas aparezcan. Por eso, conocer tus emociones y gestionarlas hará que tu peso corporal no se vea afectado.

Ángel Rull, psicólogo.

Temas: Emociones Dietas