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SISTEMA NATURAL PARA EVITAR DAÑOS EN UN EDIFICIO EMBLEMÁTICO

Un águila ahuyenta gaviotas y palomas de la cúpula del Palau Sant Jordi

Una rapaz evita que las aves dañen el tejado con sus escrementos y que se coman as semillas del césped del Estadi Olímpic

PATRICIA BARAJAS / BARCELONA

Duende despliega sus alas alrededor de la cúpula del Palau Sant Jordi, obra del japonés Isozaki. A cierta distancia se encuentra Cristóbal Díaz, su cuidador. Trabajan en equipo para que los excrementos de gaviotas no corroan la espectacular cubierta del recinto. "El objetivo es ahuyentarlas para mantener la cúpula en buen estado", explica Roger Toboso, jefe de Serveis Técnics i Manteniment del Palau Sant Jordi. Duende también evita de paso que gaviotas y palomas se coman las semillas de césped del vecino Estadi Olímpic.

Díaz acude con Duende al Palau en días aleatorios para evitar que las gaviotas se acostumbren a sus horarios. "Son inteligentes y acabarían aprendiendo cuándo vengo y cuándo no», dice el halconero. En los inicios utilizaba halcones pero ahora afirma que trabaja mejor con águilas. "Cuando el halcón falla el ataque no para hasta conseguir una presa. Si no lo controlo puede acabar mal", añade. En el año 2000 murieron dos halcones atropellados después de que hubieran capturado a una gaviota.

VUELOS CON GPS

La protagonista ahora es Duende, un águila de Harris que pesa un kilo. Tras subir los escalones que llevan a la cúpula del Palau Sant Jordi, Díaz la hace volar. "Siempre le pongo un dispositivo GPS en la pata para localizarla si se me escapa. Hay días que vuelve rápido pero hay otros que me tiro más de dos horas intentando llamar su atención", cuenta. El ave lleva también un cascabel para ser localizada.

Para poder hacer bien su trabajo, Duende necesita alimentarse con cuatro crías de pollo al día. Si come demasiado, al día siguiente no la hace volar. Cuando muda las plumas el águila se nutre de codornices y palomas, que son más calóricas.

Las patrullas aéreas para proteger la cúpula de diseño requerían que Díaz dejara sus aves en la misma instalación, pero desde que se desmontaron las jaulas, se lleva a Duende consigo. En sus días de trabajo hay ocasiones en las que no están solos, Hay una pareja de halcones peregrinos que anidan en la torre de Calatrava. "Cuando están en época de cría es complicado hacer volar el águila porque la atacan. Esos halcones han volado casi rozándome la cabeza", añade el experto halconero. No son los únicos en la ciudad. Hay otras parejas de halcones en la Sagrada Família y en Diagonal Mar.

El trabajo de Díaz y Duende tiene resultados visibles. "Antes de llegar nosotros, los excrementos habían corroído el cinc de la cúpula y tuvieron que cambiarla", dice Díaz. Desde entonces, el aspecto es impecable. Tampoco hay nidos de palomas en las cornisas.

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