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«Jugar en las calles de Poble Sec acercó a los vecinos»

CARME ESCALES / BARCELONA

Sus manos en la barandilla del balcón de su casa, que fue su patio de juego hasta los 10 años, marcaron los primeros compases de este futuro batería. Desde esa terraza, en la calle de Salvà, Delfín Fernández (Barcelona, 1948), batería de Los Salvajes,  oía tocar la guitarra a su vecino, Francesc Miralles. Aún no sabían que  acabarían tocando juntos. Cuando el grupo se quedó sin batería, Fernández, desde otro balcón le pidió que improvisara unos tiempos rítmicos sobre la barandilla. Y le fichó.

Fernández tenía entonces 14  años. Como tenía prohibido bajar a jugar a la calle hasta los 10, cuatro años más tarde se convirtió en todo un salvaje. "Fue en 1962 y  el  primer nombre que nos pusimos fue The SavagesQue sonase a algo como Shadows nos gustaba,  pero luego, qué caramba, nos empezó a parecer más fácil Los Salvajes y así nos quedamos", explica el batería del grupo de rock que durante los años 60  triunfó a lo grande en salas de fiesta y plazas mayores de muchos pueblos, grandes y pequeños. Aún hoy, Los Salvajes -con algunos de sus miembros originales y otras nuevas incorporaciones- siguen interpretando sus  temas (ww.delfinfernandezband.com).

Goles en pendiente

Antes de triunfar a lo grande, aquel chavalín que con 16 años ya viajó a Alemania con permiso de sus padres para tocar la batería con el que ya era su grupo profesional de rock, Fernández se desfogó de su retención de 10 años en el balcón, a balonazos cuesta arriba en la calle de Nou de la Rambla. "Entonces era la calle de Conde del Asalto. Colocábamos dos piedras para marcar cada portería y empezabas jugando cuesta arriba y luego te tocaba el otro campo. Entonces no había apenas tráfico", rememora el vecino que ha vivido siempre en la misma casa.

"Jugar en las calles de Poble Sec nos acercó a los vecinos", reflexiona. "Todos los niños conocíamos a los dueños de todas las tiendas. La calle era una puerta abierta al barrio. La cultura callejera te enseña muchas cosas, te espabila y te incentiva a resolver situaciones. Y nosotros fuimos muy felices jugando en la calle, con cosas tan sencillas como canicas o chapas. Y subíamos a Montjuïc, donde estaba Miramar.  En la montaña enterrábamos la sardina y hacíamos verbenas de Sant Joan. Todavía vivía gente en barracas, como recuerdan las fotos que se pueden ver en la esquina del paseo de Montjuïc con Nou de la Rambla", explica Fernández.

Su original nombre de pila se lo debe a un tío. "El hermano de mi padre, que fue mi padrino de bautizo, se llamaba Delfín", explica el tocayo. "¡Delfín es un santo, eh! El 24 de diciembre es su festividad. En el agua hay muchos delfines, pero el mío no es del mar, sino de altar", precisa.

Su primera actuación oficial, tras ser fichado así, al vuelo, en el balcón, tuvo lugar en el barrio. "En un local que ya no existe que fue el santuario también para otros grupos como Los Sirex, Los Mustangs o Los Huracanes, grupos de éxito todos en aquella época", destaca el fan del batería de los Rolling Stones, Charlie Whatts. "Jordi Tardà me lo presentó una vez que vino a Barcelona, y nos hicimos fotos", explica.

En clase con Sisa

Fernández compartió pupitre con Jaume Sisa en la academia Nuestra Señora del Carmen, ubicada en el 16 de la calle de Tapioles, junto a la parroquia de Santa Madrona. "Era tal cual el edificio de pisos que es hoy. El propietario de la academia empezó comprando el primer piso y fue comprando los otros, a medida que ampliaba su centro de estudios", cuenta Fernández. "Allí estudié la Básica y, luego podías elegir o Bachillerato o Comercio y Oficios, y yo elegí Comercio", detalla. "Mis dos hijos -gemelos, que hoy tienen 42 años- también estudiaron en la misma academia", añade el batería, que dedica muchas de sus tardes a ensayar con Los Salvajes bolos como las próximas dos fiestas privadas para las que los han contratado, o posibles actuaciones en fiestas mayores.

Para cerrar su temporada 2014, Los Salvajes celebraron, el pasado mes de noviembre en el Sidecar, un sonado concierto con otros invitados como el noi del Poble Sec, Joan Manuel Serrat, y el Gran Wyoming. En la primera fila, aplaudían amigos del Poble Sec como Josep Maria, con el que Delfín Fernández se cita por las mañanas  en el quiosco para comprar la prensa y, de allí, van a tomar café juntos.  Son amistades que el paso del tiempo consolida, en un Poble Sec "mejorado urbanísticamente", considera Fernández. "Hemos ganado plazas con árboles, aunque hemos perdido plazas de aparcamiento, pero todo tiene un precio", concluye el vecino.

Temas: Música