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un vecino de sant martí llamado... Carlos Benpar

"El tranvía del Clot inspiró mi pasión por los trávelin"

CARME ESCALES
BARCELONA

nadie puede elegir su lugar de nacimiento. «A mí me tocó el Clot», dice el director de cine Carlos Benpar (Barcelona, 1948). Le tocó -afirma- porque aunque tampoco sepa en qué otro distrito le hubiera gustado más nacer, al Clot no le atribuye ningún tipo de pedigrí ni belleza especial. «Y más hoy, que del barrio del Clot que había sido no queda nada. Una panadería solo.  En ese sentido, el vecino Sant Andreu te da envidia, porque allí han sabido conservar comercios y edificios antiguos», compara Benpar.

«Si el Clot fuera mi enamorada, no sería por su físico. Yo me he hecho a este barrio y al barrio me lo he ido haciendo mío», expresa el director de cine ganador de un Premio Goya a la Mejor Película Documental con su trabajo Cineastas contra magnates, en el  2006. Al año siguiente, Benpar obtuvo el mismo reconocimiento con Cineastas en acción. Ambas películas, además, consiguieron el Premio Barcelona (los actuales Gaudí) a la Mejor Película Documental de la industria catalana, y Cineastas en acción se hizo también con la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos y el Premio Especial de Egeda a la Mejor Película Documental del 2006.

Cineastas contra magnates y Cineastas en acción son dos ensayos cinematográficos sobre la lucha de los directores del mundo frente a la manipulación que el medio cinematográfico y audiovisual hace de la obra cinematográfica. Benpar es un hombre reivindicativo, y eso ya lo empezó a mostrar de niño, en el Clot.

Contra la Meridiana

«A finales de los 50, cuando yo tenía unos 12 años, empezaron las obras de la Meridiana, una vía que iba a partir el Clot en dos. Supondría una separación, un corte entre el Clot y las calles a las que iban a comprar nuestras madres y abuelas», explica el vecino. Así que él y otros niños con los que jugaba en la calle se propusieron parar las obras.

«Como John Wayne luchando contra los apaches en Fuerte Apache (1948), nos pusimos en pie de guerra contra las obras de la Meridiana», rememora.

«Una noche vaciamos parte de la carga de gravilla de un camión», relata Benpar. «Solo pudimos parar las obras media jornada, pero conseguimos crear un lugar de trabajo porque tuvieron que poner un vigilante nocturno», cuenta el director de 13 películas.

Benpar tenía 7 años cuando fue a ver en el barrio, con una de sus tías, El hidalgo de los mares. «Me atraía más el proyector que la pantalla. Mi abuela me decía 'Juega todo lo quepuedas que la vida es un soplo'. Y después de ver la película pensé que el cine es un soplo de esplendor», comenta el cineasta, quien dejó entonces las batallas con escopetas de madera con las que luchaba en pandilla contra los chavales de otras calles. «Íbamos unos contra otros por una cuestión de solares. Y cuando se acercaba la verbena de Sant Joan, nos robaban maderas para quemar», evoca.

Benpar, autor de tres libros sobre cine y cineastas (Cineastas contra magnates, Rovira-Beleta y Nicholas Ray), creció en el barrio del Camp de l'Arpa del Clot junto a su madre, su abuela y dos tías. Ellas fueron las primeras personas que le acompañaban al cine. Al final de la vida es la película que el director le dedicó a su madre y, cada año, el día del aniversario de su muerte, el 26 de febrero, se proyecta en algún lugar. «Ella, sin saberlo, me enseñó a dirigir a los actores. Porque de mi madre aprendí cómo lograba hacer conmigo lo que quería, pero haciéndome creer que era yo quien decidía», explica.

Cierre de cuatro cines

En el barrio que le vio nacer y crecer, y en el que siempre ha vivido, no queda ninguno de los cuatro cines que había. «El Meridiana, el Martinense, el Ducal -cuya programación llevé en los años 80- y el Salón Condal», repasa. No quedan cines en el barrio, pero en los filmes de Carlos Benpar sí quedan reductos de aquellos años de juegos en la calle. «Yo creo que el tranvía que cogía en el Clot para ir a trabajar a la Bayer -lo hice de los 13 a los 20 años-, que estaba en la calle de Consell de Cent, debió inspirar mi pasión por los trávelin», apunta.

«Recuerdo que Carles Rexach,  el futbolista, que también trabajó un tiempo en la Bayer, era un especialista en subir y bajar del tranvía en marcha», dice Benpar, cuya primera productora de cine, Films Clot,  llevó el nombre de su barrio.

Su actual empresa cinematográfica se llama Producciones Kilimanjaro SL. «Solo dejaría el Clot para vivir delante del Kilimanjaro», afirma el cineasta, que acaba de finalizar el rodaje de dos conciertos de canciones anarquistas en el club Tenco, que está en la ciudad italiana de San Remo, y en L' Hospitalet de Llobregat.

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