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una vecina de sant martí llamada... Sílvia Cóppulo, periodista

"La Vila Olímpica es primera y segunda residencia siempre"

CARME ESCALES
BARCELONA

Además de forjar medallas, traer a Barcelona a deportistas plusmarquistas mundiales y a políticos y personalidades del todo el planeta, y de haber abierto nuevas playas a la ciudadanía, los Juegos Olímpicos de Barcelona sembraron, en 1992, las semillas de un nuevo barrio. La Vila Olímpica tiene el recuerdo perenne del acontecimiento que representó la mayor pantalla de la ciudad con proyección hacia el exterior.

Nacía un barrio que, pasados los Juegos, debía ir paulatinamente aclimatándose a la ciudad. Lo mismo que empezó a hacer, en 1993, Sílvia Cóppulo en Barcelona. La periodista de Mataró eligió aquel barrio que se estrenaba para estrenarse ella también como barcelonesa. «Pensé: 'ya que soy nueva en la ciudad, elijo el barrio que también lo es, y compartiremos ese nuevo tiempo juntos'», expresa la directora y presentadora del programa radiofónico líder de audiencia en Catalunya, El Suplement, de Catalunya Ràdio (los sábados y los domingos, de 8.00 a 13.00 horas).

El mar, un imprescindible

«Que mi nuevo barrio tenía que tener mar, eso sí lo tenía claro. No creo que pudiera vivir sin él. El mar forma parte de mi infancia. Aprendí a nadar a mar -en el Maresme decimos siempre ir a mar, en lugar de ir al marSEnD y en verano cada día iba con mi hermana y mi madre a la playa. El sol y el mar han estado siempre presentes en mi vida. Y lo sigue estando ahora», precisa la periodista, profesora del grado de Comunicació i Indústries Culturals de la Universitat de Barcelona, licenciada en Psicología y doctora en Comunicación.

«Salir a tomarte un café al lado del mar a media mañana es sensacional. O tener a dos minutos del trabajo y de casa El Cangrejo Loco para ir a comer, también», expresa Sílvia Cóppulo. En unos 300 metros en la Vila Olímpica, no mucho más, la presentadora y columnista en EL PERIÓDICO, reside, trabaja y disfruta de la ciudad con mar, «una de las únicas ciudades del mundo que puede presumir de ofrecer una vida con tanta calidad como la que hay en la Vila Olímpica», dice.

Tranquilidad, luz y amplitud de espacios definen esa calidad de vida, esencial para encontrarse a gusto como experimenta esta vecina de la Vila Olímpica. «Este barrio es como una primera y segunda residencia todos los días del año», compara Cóppulo.

«La Vila Olímpica nunca se vacía. Antes de Semana Santa ya empiezan a venir bañistas, pero los fines de semana de todo el año siempre hay gente paseando o practicando deporte junto al mar», explica ella, que ha empezado a ser una de esas atletas de costa. «Siguiendo el ejemplo de mi pareja, que corre maratones, estoy saliendo a correr, a primera hora de la mañana, entre las siete y las ocho. Soy muy novata y mi objetivo no es hacer ninguna marca, sino sentirme bien haciéndolo. Y tener el mar a menos de diez minutos de casa, y respirar a esa primera hora del día el aire limpio junto a la playa y esa luz matinal es una experiencia única. En la Vila Olímpica estás muy cerca del centro de la ciudad pero te sientes como si estuvieras fuera de ella», afirma Cóppulo.

Cambios en el barrio

En esa veintena de años que la periodista lleva en el barrio, ha ido observando pequeños cambios. «Desde la desaparición de los camiones en la zona en la que durante los Juegos se instalaron jueces y árbitros, con lo que se arregló mucho el espacio, a la creación del 22@. Entre él y la Vila Olímpica ha quedado una zona, antes industrial, que es como tierra de nadie, un fragmento de barrio con mucho estilo Chicago, todavía no suficientemente definido y aprovechado», considera la vecina.

«En el barrio se fueron abriendo pequeños comercios que, al llegar la crisis, cerraron y ahora parece que de nuevo vuelve a revivir el pequeño negocio», apunta Cóppulo. «Los que acaban arraigando son los que tienen más encanto, los que cuidan cada pequeño detalle, como la originalidad en la decoración y el trato al público», asegura. «Ahora, la Vila Olímpica le aporta a la ciudad esponjosidad, luz, modernidad y calidad de vida», precisa la locutora.

«Menos tiendas para comprar zapatos muy bonitos, tiene de todo, al menos lo imprescindible, como son supermercados y tiendas, cines con versión original, el CAP, la biblioteca -y a mí me encanta como lugar de concentración y como gran lectora- incluso el Hospital del Mar, que lo tenemos a un paso», señala.

«Incluso está muy bien de transporte público, aunque confieso que no lo utilizo, porque para ir hasta la radio tengo mala combinación. Por eso debo tener un aparcamiento en la Vila Olímpica y otro en la otra punta de la Diagonal», explica la que fue pregonera de Poblenou hace un par de años.