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UNA historia de SANT MARTÍ... la Torre de les Aigües del Besòs

Un mirador que apenas sació la sed urbana

El depósito elevado del Poblenou solo dio agua para consumo humano de 1882 a 1884

ÓSCAR HERNÁNDEZ
BARCELONA

Barcelona está a punto de estrenar un emblemático mirador que ofrece una inédita vista de la ciudad. La Torre de les Aigües del Besòs, ubicada en la plaza de Ramon Calsina, se erige esbelta como merecido icono del barrio de Diagonal Mar i Front Marítim de Poblenou. Y ahora ya luce, más guapa que nunca, tras la detallada restauración que han dirigido los arquitectos Antoni Vilanova y Eduard Simó.

La rehabilitación, ladrillo a ladrillo y recomponiendo con fidelidad desde escalones hasta barandillas, comenzó hace dos años con la torre y está apunto de finalizar en la adosada Casa de las Vàlvules. El conjunto, de propiedad municipal pero cuya recuperación ha sido costeada por Aigües de Barcelona, se convertirá en un espacio ciudadano, probablemente museístico, que servirá para entender el sistema de abastecimiento urbano de agua del Besòs, una proeza desarrollada con esfuerzo e ingenio a final del siglo XIX.

Ladrillo a ladrillo

«Para nosotros lo mejor ha sido ser capaces de interpretar una obra tan emblemática de Pere Falqués con unos planos que hacían difícil ver el resultado final. En la Torre de les Aigües se valora tanto al arquitecto como a los trabajadores que colocaron uno a uno los ladrillos y levantaron la estructura con andamios de madera construyendo de una forma que hoy no sería posible», explica Antoni Vilanova, quien curiosamente tiene su despacho profesional delante de la torre.

Nada más entrar en la Torre de les Aigües del Besòs se observa la gran calidad de construcción, innovadora en su época, en la que destaca el ladrillo y la volta catalana. La restauración ha mimado todos los detalles. Las barandillas del alto mirador circular se han realizado idénticas en la forma, aunque de otro material más ligero. Las ventanas son una réplica exacta, pero no de madera para facilitar su conservación. Y hasta se mantiene un curioso reloj en lo alto de la torre, que no indica las horas sino la cantidad de agua almacenada en el alto depósito a través de un sistema de boyas. Solo se han introducido como elementos nuevos dos escaleras de caracol en el centro para facilitar el tránsito interior.

Fue en 1881 cuando se decidió extraer agua subterránea del delta del Besòs y bombearla hasta un depósito a 50 metros de altura que, por la teoría de los vasos comunicantes, suministrara agua potable a Ciutat Vella primero y a otras zonas de la ciudad, después, con la construcción de un segundo depósito aun más alto que nunca llegó a realizarse. Si se hubiera construido, la torre habría medido 124 metros. El objetivo era proporcionar 100.000 metros cúbicos de agua cada 24 horas. Las bombas la impulsarían con la ayuda de máquinas de vapor y la gravedad haría el resto.

El suministro comenzó en 1882, pero la repentina salinidad del agua motivó que en 1884 se interrumpiera el consumo humano y poco después hasta el riego de jardines. Pero el complejo se aprovechó durante un siglo, desde 1895 a 1990 (sí, hace apenas 22 años) para llevar agua a la industria. La más importante fue la antigua Macosa, que se fusionó con La Maquinista en 1989 y fue adquirida por Gec Alsthom, en 1991 hasta irse a Santa Perpètua de Mogoda y dar paso a la urbanización de la nueva Barcelona. El ayuntamiento catalogó la torre y la Casa de las Vàlvules, salvándolas de la piqueta. Ahora se abrirán a la ciudad.