Sant Jordi fantástico

Sant Jordi teletransportado en Gigamesh

Que la 'literaria' Irene Solà firmase en el templo fantástico, igual que Marc Pastor o Ricard Ruiz Garzón, quizá sea señal de que algunas barreras de género empiezan a ceder

Irene Solà, firmando frente a la librería Gigamesh.

Irene Solà, firmando frente a la librería Gigamesh. / Álvaro Monge

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en historia, cultura, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, Barcelona

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Lo de un brazo de robot escribiendo en un libro mientras, en otro país, el autor redactaba su dedicatoria personalizada, es un experimento que sucedió hace unos días en Abacus. Quizá el lugar más adecuado hubiese sido el templo de la ciencia ficción y la fantasía, Gigamesh. O no. En la calle Bailèn este Sant Jordi se practicó si acaso el teletransporte, de autores y géneros. Pero sobre todo la cola presencial ordenada y disciplinada (tres, una para entrar en la librería, otra frente a las dos mesas de firmas y otra frente a un puesto de venta en la calle) que compitió en longitud con las que Norma congregaba en el otro lado de la misma manzana (en algunos momentos, desde Sant Joan hasta Bailèn, sus buenos 100 metros).

Brazos no robóticos pero también incansables fueron los de los tres dibujantes (Monteys, Cels Piñol y Jordi Pastor, que presentaba la versión en cómic del 'Transcrepuscular' de Emilio Bueso) que ilustraban sus obras (Pastor, por supuesto, con el personaje de Trapo "haciendo trastadas o siendo desagradable"), Ricard Ruiz Garzón que consiguió su récord de firmas en una sentada (45) o Irene Solà, que no las contó pero que por allí andaría. Sí, Irene Solà, premio Llibres Anagrama y Premio de Literatura de la Unión Europea, en Gigamesh, integrada dentro de un 'tour' de Sant Jordi que incluía también La Central, Laie, Jaimes y La Impossible. Puro teletransporte de géneros, síntoma de una ruptura de fronteras que hace que en los estantes de la librería de los frikis sea normal encontrar títulos de autores 'literarios' como Ian McEwan, Kazuo Ishiguro, Mariana Enríquez o la misma Solà. Y en sus libros, almas que vagan, nubes y montañas que hablan o androides sensibles. "Me ha hecho ilusión venir porque redescubrí recientemente Gigamesh en la presentación del último libro de Mariana Enríquez", explica. Sus referentes: la Rodoreda de 'La mort i la primavera', Víctor Català, la misma Enríquez, Halldor Laxness, Cristina Moreno. "Me gusta bastante transgredir las barreras de los géneros, igual que cuando me preguntan dónde estoy, entre la literatura y el arte: dejadme seguir por el camino que quiera". Eso sí: las listas de más vendidos en Gigamesh no se parecen a las del gremio de libreros. En esta liga secesionista los vencedores fueron, así a ojo, Brandon Sanderson, Joe Abercrombie, Ken Liu, Octavia Butler y Tamsyn Muir.

Ante la triple cola, el responsable de programación de Gigamesh, Alberto Granda, opinaba que "la gente se nota que quería salir". ¿Ya hubo aglomeraciones en los días anteriores, en la línea de alargar Sant Jordi a lo largo de la semana? Pues resulta que no. O no mucho. "Si no das el descuento, la gente se espera. Si quieres alargar el Sant Jordi, deja que se alargue también el descuento", replica.

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Pero el Sant Jordi en Gigamesh fue bueno. Otro factor ayuda también a explicarlo. El 23 de abril es el día en que las cifras del libro en catalán saltan por encima de todas sus medias anuales. Y la producción está disparada. "Hace cinco años sería inimaginable tener títulos en catalán en nuestro 'top 20' de ventas. Y ahora... (Granda entra a la librería para comprobarlo) 3 de 20. Y hay semanas que más".

Uno de los habituales en este podio es Marc Pastor. "Tenía miedo a tanto contacto, pero me convencieron de venir. Que habría distancia, pantallas, al fin y al cabo estoy vacunado... y visto cómo ha funcionado, me alegro", dice. Quien estaba teletransportado en espíritu pero no en carne mortal era Salvador Macip, representado por la otra mitad de la autoría de 'Janowitz', Ricard Ruiz Garzón. Una novela de la que no se pueden dar muchos detalles, más allá de que en ese mundo la realidad se hace trizas, a riesgo de reventar 'spoliers'. Y que también viaja saltando fronteras: en catalán se ha publicado en un sello juvenil, en castellano en uno adulto. "Salvador no para de decir en las redes que el género juvenil no existe", recuerda su pareja de baile. Él lleva el lema 'Frikipuls' estampado en su mascarilla, por cierto. Hay más. Y en camisetas. Resulta que es el grupo formado por los exalumnos del curso de literatura fantástica que dirige Ricard Ruiz en la Escola d'Escriptura de l'Ateneu. Van camino de la cincuentena. Y están escribiendo. Así que ojo, que la plaga crece y se multiplica.