Día del libro y la rosa

El ring de Sant Jordi: veteranos contra la nueva hornada

  • Autoras consagradas como Maria Barbal y María Dueñas celebran la aparición de nuevas voces con las que comparten firmas esta 'diada'

  • Pol Guasch, Laia Viñas o Irene Pujadas se estrenan firmando como nuevos nombres de la emergente generación de autores catalanes

Pol Guasch, firmando en el estand de la librería On the road, en la zona perimetrada de Passeig de Gràcia.

Pol Guasch, firmando en el estand de la librería On the road, en la zona perimetrada de Passeig de Gràcia. / FERRAN NADEU

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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"Hay una extraordinaria nueva generación de jóvenes autores de entre 30 y 40 años y también de menos de 30, que tienen un nivel impresionante, con mucha variedad de géneros y estilos. Son gente con mucha fuerza", alababa la veterana Maria Barbal, flamante Premi d’Honor de les Lletres Catalanes y Premi Pla con ‘Tàndem’, la novela que firmaba por la mañana a los fieles en la zona perimetrada de Passeig de Gràcia, en el estand de Abacus. "Es una generación más preparada que la nuestra, que ha leído más y tiene más herramientas y profundidad. Yo no aprendí catalán bien hasta los 20 años y me he perdido muchas lecturas de adolescente. Esta nueva generación no necesita consejos", añadía la autora de ‘Pedra de tartera’. Se refería a una nueva hornada que en los últimos tiempos ha dado nombres como Eva Baltasar, Marc Artigau, Anna Gas, Irene Solà o los que no lejos de ella se estrenaban firmando en Sant Jordi, Laia Viñas, Irene Pujadas o Pol Guasch, quien por la manaña lanzaba un reivindicativo discurso ante las autoridades (ver más abajo). 

Sonreía agradecido bajo la mascarilla Pol Guasch, Premi Llibres Anagrama con ‘Napalm al cor’ a sus 23 años, al saber las palabras de Barbal. "Es verdad que los años te dan experiencia, sin duda, pero, ¿quién dice que una persona joven no sabe escribir? Los jóvenes tenemos una visión distinta y podemos explicarla con la escritura". Con él coincidía Jordi, de 37 años, que esperaba para la firma: "Un autor joven puede ofrecer al mundo reflexiones tan interesantes como los más mayores”. Juventud que marcaba el perfil de quienes se acercaban a Guasch a pedirle dedicatorias, largas y personalizadas, y trazadas con un bolígrafo Montblanc –“Es un regalo de hace muchos años, si lo pones la gente pensará que soy rico", bromea-. De la misma edad que Guasch es el hijo de Anna, madre que busca su firma, pues cada año le regala un libro dedicado. "Sé que este lo quería. Un año le sorprendí con uno de Casasses", dice, ante la admiración de un Guasch también poeta y que este Sant Jordi también espera, "seguro", que su madre le regale un libro. 

Maria Barbal, firmando su último libro, 'Tàndem'.

/ FERRAN NADEU

Quien recibía el regalo ‘in situ’ era Barbal, el libro ‘Poema del bosc’, de Alexandre de Riquer, ofrecido por su nuera, que también venía buscando una firma suya que le faltaba. Ella congregaba a lectores y seguidores de más edad y, más de uno y de dos, de su tierra, el Pallars. Como Pep, de 54 años, que ya es la segunda vez que le lleva a su mujer, pallaresa, un libro de Barbal. 

Ocupaba la siguiente hora la silla de Barbal en ese mismo estand una no menos veterana en estas lides de firmas, María Dueñas, acostumbrada como superventas a colas más largas, aunque este Sant Jordi las verdaderas colas solo se han visto para comprar rosas y para acceder a las zonas perimetradas. La autora de ‘El tiempo entre costuras’, que presenta novedad, ‘Sira’, se ha reencontrado con los lectores –"está siendo como ver la luz al final del túnel"-: unos cuantos "tangerinos y tangerinas" (la novela pasa en parte en Tánger) y "muchos reincidentes, que te dicen que es la cuarta vez que vienen para que les firmes", constata. 

La joven autora Laia Viñas, firmando 'Les closques'.

/ FERRAN NADEU

Según Dueñas, "el mundo necesita voces nuevas constantemente y es fantástico que la gente joven tenga intención de seguir escribiendo y publicando". A las nuevas generaciones de escritores les aconseja que "tengan su voz propia, que trabajen, que se formen y lean, que no escriban como pasatiempo sino que lleguen hasta el final, que sean autocríticos y estén convencidos de sus proyectos". 

Y en ello están Laia Viñas e Irene Pujadas, ganadoras ex aequo del premio Documenta con ‘Les closques’ y ‘Els desperfectes’, respectivamente. Se sientan juntas, tocando a Aragó, en el estand de Documenta, y su estreno con las firmas empezó ya el miércoles de este Sant Jordi extralargo. A Pujadas, de 30 años, se acerca Susana, de 36 años, acompañada de su madre, que es quien le ha regalado el libro. “Me gusta el perfil de escritora joven, espero que me sorprenda cuando la lea", dice.

La superventas María Dueñas, firmando 'Sira'.

/ FERRAN NADEU

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En la novela de Viñas hay un capítulo de un girasol, por eso empezó dibujando uno en las dedicatorias. "Pero ahora me he hecho un ‘ex libris’ con uno. El sello va mejor", dice la autora de 23 años, que cree "que hace falta gente nueva" y celebra esta nueva hornada en la que caben ella, Guash, Pujadas o Gas. "Los cuatro hacemos cosas bastante diferentes y para un público diferente. No somos homogéneos. Creo que nuestra generación tiene cosas que decir, cosas nuevas y desde una perspectiva diferente. Somos hijos de una precariedad que imagino que se refleja, pero no tenemos la voluntad de escribir libros solo para un lector joven". Un Sant Jordi renovado.

Un reivindicativo discurso de Pol Guasch

Abría la jornada el joven poeta Pol Guasch con un parlamento en el acto institucional que inauguraba Sant Jordi. Reivindicativo, lanzaba ante la presencia de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la escritora Irene Vallejo, pregonera de la diada, y demás autoridades, mensajes como: «Hay que dejar de dirigirnos constantemente a la clase política mendigando alguna cosa y dirigirnos con firmeza a las personas que hacen las palabras», porque «hay las fuerzas que crean el mundo y después están las fuerzas que expropian esta creatividad en favor del beneficio. Son las mismas que convierten la literatura en retórica, y la literatura no es retórica, la literatura es desviación».

«Con el convencimiento de que aplaudiréis a una persona que nunca leeréis y que poco os importa», continuaba Guasch, sin manías, por muy políticamente incorrecto que pudiera resultar, y añadía que «la literatura lo puede ser todo menos mercadeo, en la literatura no hay pactos ni concesiones, en la literatura no se negocia con el racismo, no se mercadea con la persecución de las lenguas, no se vende el texto al mejor postor, no se engaña en nombre del propio interés». «Aún tiene que llegar el texto que haga con el mundo lo que hemos sido capaces de hacer, entre otros lugares, en Urquinaona», concluía, en referencia a las protestas de 2020 al año de la sentencia del procés.

Un par de horas después, en una de sus sesiones de firmas, se ratificaba en lo dicho. «Me han invitado para decir lo que pienso como persona que escribe. Es la contradicción de Sant Jordi, donde todo coge una dimensión hiperprotocolaria, hiperinstitucionalizada, hipercomercial y nos olvidamos de lo más importante, dequién escribe los libros».