Pregón de Sant Jordi

Irene Vallejo nos dijo: leer no es sexi, es "placer desenfrenado"

La celebrada autora de 'El infinito en un junco' defendió la sensualidad de las lectoras en el descorche de la 'diada' libresca

BARCELONA 22 04 2021  Icult   Prego de la lectura en el Salo de Cent del Ajuntament de BCN  Con la escritora Irene Vallejo   Ada Colau       FOTO de ALVARO MONGE

BARCELONA 22 04 2021 Icult Prego de la lectura en el Salo de Cent del Ajuntament de BCN Con la escritora Irene Vallejo Ada Colau FOTO de ALVARO MONGE / ÁLVARO MONGE

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Un ensayo que apareció a finales de 2019 y se ha hecho grande durante la pandemia, como un símbolo de que los libros nos ayudan a crecernos en la adversidad. Todavía ahora, más de un año y medio después, ‘El infinito en un junco’ / ‘L'infinit en un jonc’, de Irene Vallejo, sigue estando ahí entre los cinco libros más vendidos, acumulando ediciones y traducciones (36) a otras lenguas. Es un libro milagroso, un canto de amor a los libros y a su historia, un ensayo que no lo parece, en el que se mezclan en sabia proporción cultura popular y erudición y que ha logrado el raro privilegio de situarse en el ránking sin campañas de marketing, a pelo, solo con  lectores entregados. Estar tanto tiempo en lo más alto durante más de un año es algo que aún pasma a esta joven de Zaragoza que hace apenas dos se situaba entre los trabajadores precarios de la cultura como divulgadora de la Filología Clásica en bibliotecas e institutos, con seis libros que pasaron desapercibidos para el gran público. Hoy se sitúa en la misma liga que un gigante como Yuval Noah Harari y su 'Sapiens'.

La más adecuada

Así que, como bien dijo el periodista Xavi Ayén, encargado de conversar con Vallejo este jueves en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona, “no hay nadie más apropiado que ella para realizar este pregón de la lectura”. En este 2021 este acto tradicional promovido por las Bibliotecas de Barcelona, que en años anteriores suponía el disparo de salida de la fiesta de Sant Jordi, en esta ocasión, con la celebración extendida, queda situado en el centro del festejo con las compras ya muy adelantadas.

Y Vallejo, que a poco que le pregunten desata su apasionamiento bibliófilo. Evocó a aquellos dragones que supuestamente habitaban las zonas inexploradas de los mapas y a las arpías que traían tempestades, pestes e infortunios, como un ejemplo mágico de los horrores de la pandemia en la que nos encontramos. Y frente a ello situó la lectura como “un acto sensual” cargado de hedonismo, exprimiendo la gracia del acto de leer. “Las lectoras dedicamos muchas horas de nuestra vida al placer desenfrenado. Lo hacemos tumbadas, sentadas, acostadas, ovilladas, en la cama, claro, pero también en otros lugares, a veces boca abajo o boca arriba”, dijo elevando así la temperatura de una platea más desangelada por su reducidísimo aforo. “Gracias a los libros habitamos en la piel de los otros, tocamos sus cuerpos y nos hundimos en su mirada”. Pero faltaba la puntilla etimológica para comprender bien todo ese desenfreno erótico. Jordi viene del griego Giorgos, “un nombre que tiene la misma raíz que orgía”. Nunca volveremos a pensar en el santo pendenciero de la misma manera que antes de saber este dato.

Leer es erótico

Que leer es algo sexi es un eslogan que debería reivindicarse porque tradicionalmente, como evoca Vallejo en su libro,  las mujeres que leían no gozaban de mucho predicamento erótico. Frente a un auditorio de editores pero también de bibliotecarias, evocó la famosa secuencia de la película navideña ‘¡Qué bello es vivir!’ en la que el protagonista intenta suicidarse y un ángel le frena mostrándole como habrían vivido sus seres queridos si él no hubiera existido. “Todos han tenido vidas desastrosas y solitarias pero el caso de la esposa es lo peor: una bibliotecaria de moño apretado, amargada y solterona. Frente a esto el protagonista se convence de que merece la pena vivir solo para que su esposa no sea bibliotecaria”. Las risas de las bibliotecarias, que conocen la realidad de esa profesión de mujeres modernas y comprometidas, fueron muy cómplices.

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Y si alguien dudaba del mencionado espíritu erótico de la celebración, ahí estaba Vallejo para anunciar que no hay nada mejor que compartir el deseo, especialmente si es el de la lectura. Regalar un libro, sería por lo tanto, compartir ese deseo. “Regalar un libro es algo muy especial, porque dejamos en él algo de nosotros mismos. Cuando recibimos un libro de una persona querida la buscamos entre la líneas de esa obra. A mí me gustan que circulen los libros, que pasen de mano en mano, los ceda a las bibliotecas, no me importa que no me los devuelvan. Me gusta esa promiscuidad lectora. Estoy convencida de que los libros son felices cuando pasan de cama a cama. Ese es el sentido que hace tan especial este Sant Jordi”. O lo que es lo mismo, esta vez Sant Jordi no mata al dragón sino a un bicho mucho más pequeño pero más dañino.