Cuenta atrás para la 'diada'

La pandemia permite a los libreros cuestionar el modelo multitudinario de Sant Jordi

Los responsables de La Central, Finestres y Jaimes saludan la descentralización de la fiesta

Ambiente previo a Sant Jordi en la librería La Central de la calle Mallorca, este martes.

Ambiente previo a Sant Jordi en la librería La Central de la calle Mallorca, este martes. / Manu Mitru

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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¿Por qué no sustituir la 'diada' de Sant Jordi por la 'setmana' de Sant Jordi? ¿Por qué no esponjar y descentralizar esas calles abarrotadas que habitualmente no ayudan a la hora de elegir un libro con tranquilidad mientras el aroma del sudor del vecino nos embarga? ¿La pandemia puede ser un antes y un después en un nuevo modelo del día del libro y la rosa? Los libreros no tienen la menor duda de es que necesaria esa transformación para serenar ese caos bullicioso. Antonio Ramírez, de La Central, que ha formado parte de una comisión de libreros en la que por primera vez se ha contado con protección civil, bomberos, guardia urbana y responsables de los distritos para establecer las reglas de juego de este Sant Jordi perimetrado y descongestionado, está convencido que esta experiencia va a cambiar radicalmente la fiesta tal y como la entendíamos. “En una librería el día de más afluencia suele ser el sábado y un Sant Jordi multiplica estos clientes por diez”, explica. Así que bien por las ventas pero mal por lo que supone un caos difícil de gestionar: “A los libreros –explica- nos gusta recomendar, hablar, atender bien a la gente, así que esto juega en nuestra contra. Lo que genera es que mucha gente compre un libro por comprar o sin pensar en leerlo”.

Parte de la actividad reposada de este Sant Jordi actual de baja intensidad pero extendido a lo largo de toda esta semana, puede detectarse en la mayor parte de las librerías catalanas: los lectores están anticipando las compras. “Quizá eso signifique facturar menos pero me interesa mucho más generar nuevos lectores”, asegura Ramírez. La Central tendrá en Sant Jordi cinco puntos de venta: en la calle Mallorca, en la plaça Bonsuccés junto a la La Central del Raval más en los recintos de Jardinets de Gràcia, Paseo de Gràcia y Plaza Reial.

Bajar la intensidad

Quienes han tenido mayor afluencia –este fin de semana la cola para entrar daba la vuelta a la manzana- han sido Finestres, que abrió el pasado el pasado jueves con la mirada puesta en Sant Jordi, será el primero para la librería pero no para su equipo de libreros, gatos viejos del sector. La librera Aurea Perelló y la coordinadora Camila Enrich tienen muy claro que la fiesta “mola” pero su propuesta programática es bajar un tanto los decibelios y la intensidad. Quizá por eso solo colocarán mesa en la entrada del flamante local de Diputació. “No estaremos en el espacio perimetrado de Paseo de Gràcia, tampoco hubiéramos estado ahí por coherencia si este hubiera sido un Sant Jordi normal”, dicen, “faltaba volver a encontrar un equilibrio que con los años se ha perdido”. Que este Sant Jordi se vaya a convertir en un punto de inflexión es algo que Perelló no tiene tan claro. “A la que volvamos a la normalidad regresarán las entidades políticas y las asociaciones que quizá tengan derecho a tener su espacio en la calle. El problema es que no hay calle para tanta gente”.

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Café para todos

Quien se felicita por este modelo pandémico de la fiesta es la librera Montse Porta de Jaimes, la librería francesa de Barcelona que tendrá un puesto frente a la librería, en la calle València, y otro en el espacio de Paseo de Gràcia. “En esta ocasión cada librería tiene tan solo dos autores por hora, así que nos los hemos repartido entre todos. Nunca habíamos contado con  los superventas, que posiblemente no son los que más vendemos en esta librería pero nos hace ilusión poder tenerlos”. No es el único aliciente. Porta recuerda cómo en su antigua ubicación en el Paseo de Gràcia junto a La Casa del Llibre no se atrevían a colocar una mesa fuera so pena de quedar engullidos por las colas del gigante librero. “Esta vez, las grandes librerías y las pequeñas han tenido que adaptarse a tener los mismos 9 metros lineales. En las antiguas ediciones las grandes superficies libreras, como la Fnac, por ejemplo, ocupaban 70 o 60 metros”.