Lectores fieles en pandemia

"Estoy a gusto en casa, en la intimidad entre el libro y yo"

  • Júlia Galisteo, de 78 años, lee cinco horas diarias, está al día de las novedades y visita, siempre que puede y pese al covid, a sus libreras de cabecera de La Impossible, en Barcelona

  • El galerista Álvaro Albericio repasa cuatro décadas como lector empedernido y cliente fiel de la librería Documenta

  • Cristian López, profesor de primaria y cliente asiduo de la librería Gigamesh, se refugia en la literatura de género para pensar la realidad

Entrevista con la lectora Júlia Galisteo.

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Anna Abella
Anna Abella

Periodista cultural

Especialista en arte y libros, en particular en novela negra, cómic y memoria histórica

Escribe desde Barcelona

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Antes de la pandemia, Júlia Galisteo, a sus 78 años, solía bajar a pie desde su piso, cerca del puente de Vallcarca, hasta La Impossible. No había vuelto a pisar presencialmente la librería de Provença con Enric Granados hasta hace dos semanas, cuando, añorada, se plantó allí con un pequeño ‘trolley’ en el que guardó un botín de 15 libros que sus libreras de cabecera, Olga Federico y Mireia Perelló, le ayudaron a llevar hasta el taxi que la subiría de vuelta a casa. Hay que cuidarla, lectoras como ella son un tesoro.

Galisteo vive sola con su gata Mimi y desde el coronavirus apenas sale. Sus tres hijos, por precaución, van a verla lo indispensable. "Estoy a gusto en casa, en la intimidad entre el libro y tú", sonríe desde la butaca en la que desde que se jubiló lee unas cinco horas al día, rodeada de estanterías, que también reparte en otras dos habitaciones, ordenadas unas por editoriales y otras por orden alfabético de escritores por un lado y escritoras por otro. 

Júlia Galisteo, ante la librería de su casa.

/ FERRAN NADEU

De Rodoreda a Zweig

Tiene siempre a mano dos libretas. "En una apunto lo que voy leyendo cada mes y en la otra, por editoriales, los libros que tengo". Ha regalado muchos, pero ya no los presta “porque no vuelven”, lamenta. Marcados con su ‘ex libris’, cuenta con más de mil títulos en su biblioteca. Es ecléctica. "Tengo todo lo de Mercè Rodoreda y todo lo de Stefan Zweig. Me gusta Joseph Roth pero también la novela histórica, como la que hacen la vasca Toti Martínez de Lezea o Hilary Mantel, o el ensayo", explica mostrando las memorias de Francisco Ayala ‘Recuerdos y olvidos’. 

Júlia Galisteo, con la librera Olga Federico, en La Impossible.

/ FERRAN NADEU

Tiene las Obras Completas de Pla ("por leer"), pero también las de Agatha Christie, aunque "sus historias se han quedado antiguas", dice una mujer entre cuyas lecturas habituales no está el género negro. Ha leído tres veces ‘La montaña mágica’, de Thomas Mann, desde que se la recomendara un librero de La Central: "En cada relectura descubres cosas nuevas". 

"No tuve la suerte de nacer en una casa con muchos libros. Pero aunque a mi madre no le gustaba mucho que leyera según qué, desde jovencita empecé con los de Círculo de Lectores. Me gustaba aprender cosas a través de los libros. Tengo una obsesión por leer", confiesa esta mujer asidua de librerías como La Caixa d’Eines, Documenta, La Memòria, La Central o Casa Usher antes de rendirse a La Impossible. Para estar al tanto de las novedades no duda en recurrir a Instagram: sigue tanto cuentas de librerías como de editoriales. 

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Júlia Galisteo, leyendo en su casa.

/ FERRAN NADEU

En sus estantes lucen, visibles de frente, la edición ilustrada de ‘Cien años de soledad’, de Gabriel García Márquez, o diversos libros sobre libros como ‘Leer’, de André Kertész, y ‘Las mujeres, que leen, son peligrosas’, de Stefan Bollmann. ¿Una recomendación de Sant Jordi? ‘Hamnet’, de Maggie O’Farrell y ‘El hijo del chofer’, de Jordi Amat.