Lectores fieles en pandemia

"La pandemia la han contado los libros de fantasía y ciencia ficción"

Cristian López, profesor de primaria y cliente asiduo de la librería Gigamesh, se refugia en la literatura de género para pensar la realidad

Cristian López nos enseña su biblioteca. / ALVARO MONGE

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Hay días en que incluso los mejores guerreros de los siete reinos de Poniente dudarían a la hora de poner orden entre los alumnos de Cristian López, energéticos niños y niñas de entre 10 y 12 años. Es una exageración, claro, “son buenos chicos”, pero a ratos la tensión reclama heroísmo y el profesor, amante de la fantasía desde que su madre puso en sus manos el primer volumen de la saga Harry Potter, se ve obligado a buscar un refugio seguro más allá de esta realidad estresante y pandémica. Y eso que aquí cuenta con el escudo protector de la primera dosis de Astra Zeneca, a la espera de una segunda que quizá no llegue, porque tiene 29 años. “La fantasía y la ciencia ficción me permiten evadirme de la rutina, imaginar mundos en principio impensables pero con los que es posible especular”. ¿Una crisis sanitaria mundial sería uno de ellos? “La ciencia ficción tiene mucho que decir. Lo que nos esta ocurriendo no lo han contado los libros de historia sino los de la fantasía”.

Hábitat de socialización

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López es tan joven que no llegó a frecuentar la vieja librería Gigamesh, kilómetro cero de la cultura frikie. En la sede de Bailén ha encontrado un librero de cabecera, Antonio Torrubia, y un hábitat de socialización y presentaciones del que carecía porque su círculo de amigos “no lee fantasía y ciencia ficción, lee otras cosas”. Su mayor conexión, de todas formas, es  virtual, signo de los tiempos.  Algo que confirma Torrubia: los clientes de Gigamesh suelen saber muy bien lo que les interesa porque antes se han informado a través de las redes. Cristian tiene 2.450 seguidores en su cuenta de Instagram, El bibliotecario de Arbelon: “Intento leer bastantes novedades y hago pequeñas reseñas. Si consigo que una persona descubra un libro ya me sirve”.

Entre los 500 volúmenes de su biblioteca, destacan los firmados por sus autores favoritos, Brandon Sanderson y Joe Abercrombie: “Son los que salvaría en un incendio”, dice orgulloso, lejos ya de cuando la palabra ‘friki’ le parecía ofensiva. “Estos son mis gustos. Yo soy así. Esto no es literatura para niños o adolescentes. Es verdad que tiene ese estigma pero quien lo dice no se ha molestado en leerla. Si lo hace, descubrirá ideas y conceptos muy complejos”.