El día del libro y de la rosa

Los libreros calientan motores para un Sant Jordi con espacios seguros en las calles

En Barcelona, la plaza Reial, los jardines del Palau Robert y tramos del paseo de Picasso, la Diagonal o la Rambla del Poble Nou podrían acoger 'ferias' controladas

Las librerías desconfían de la pandemia e intentarán que sus clientes acudan días antes

Sant Jordi de veranoi, frente a la Casa del Llibre de Paseo de Gràcia, el 23 de julio del año pasado.

Sant Jordi de veranoi, frente a la Casa del Llibre de Paseo de Gràcia, el 23 de julio del año pasado. / Ferran Nadeu

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Llega la primavera, los editores preparan sus novedades y la festividad de Sant Jordi vuelve a situarse en el horizonte como una aspiración poco fiable. La fiesta del libro y de la rosa de 2021 tiene ya modelos, negativos, en los que mirarse: el año pasado, pandemia obligaba, en su fecha habitual, el 23 de abril, las librerías estaban cerradas a cal y canto y la celebración tuvo que trasladarse al 23 de julio. En un principio se preveía más ambiciosa, con una área cerrada en el paseo de Gràcia, pero finalmente por imperativo sanitario acabó siendo una fiesta nada mala en ventas pero necesariamente descafeinada tal y como mandaban las normas del Procicat. Cada librería vendió en la entrada de su local o reduciendo su aforo.

A pocos días de las vacaciones de Semana Santa, con los indicadores epidemiológicos en ascenso y ante la amenaza sanitaria de una cuarta ola que podría dispararse tras la Semana Santa, los gremios de Llibreters y de Editors, principales impulsores en la Cambra del Llibre de la 'diada' de Sant Jordi, estudian estos días todos los escenarios posibles para poder celebrarla con seguridad. De hecho, siguiendo las medidas del Procicat -que de momento da luz verde a la fiesta, aunque eso puede cambiar-, cada ayuntamiento concretará las regulaciones. "Tenemos muchas ganas de vender pero lo primero es la salud", explica Maria Carme Ferrer, presidenta del Gremi de Llibreters y librera asimismo de la Empúries de Girona, que desea un Sant Jordi en el que la gente pueda salir a la calle con seguridad.

En la Cambra del Llibre ya parten de la base de que este no va a ser un Sant Jordi "normal", aunque ambición no le falte. Los proyectos que estudian con el Ayuntamiento de Barcelona están pensados para que exista el menor riesgo posible evitando las aglomeraciones. Ateniéndose a la experiencia del Sant Jordi de verano, están trabajando en varios escenarios posibles, por lo que respecta a Barcelona. "Nuestra intención -explica Patrici Tixis, presidente del Gremi d’Editors de Catalunya y, en funciones, de la Federación del Gremio de Editores de España- es huir de las concentraciones en la calle que suponen el principal peligro sanitario, por eso estamos estudiando un modelo de dispersión con distintos espacios seguros y perimetrados en la ciudad, siempre al aire libre, donde el público pueda circular bajo control". De momento, se barajan como posibles espacios 'feriales' la Plaza Reial, los jardines del Palau Robert y algunos tramos del paseo de Picasso, de la Diagonal o de la Rambla del Poble Nou. Tampoco se descarta cerrar algún segmento del paseo de Gràcia, en un modelo mucho más reducido y muy distinto al que se planteaba en un principio en verano del año pasado, cuando se pretendía concentrar allí estands y firmas.

En una mesa fuera

Paralelamente, y a fin de esponjar la afluencia de compradores, se prevé que todas las librerías puedan sacar una mesa-mostrador de libros a la calle, no solo el día de Sant Jordi sino también el 21 y el 22 de abril, y que en esas fechas los locales tengan un aforo del 50%. Esos días previos el descuento que se realizaría -prerrogativa del librero- serí del 5%, mientras que solo el día 23 sería del 10%.

Capítulo aparte serán las tradicionales firmas de libros. Porque, amén de los autores locales, todo dependerá de los escritores españoles de fuera de Catalunya que puedan o quieran desplazarse, ya que se descarta la práctica totalidad de los extranjeros.

A la expectativa y un tanto inquietos están los libreros, que habitualmente en estas fechas hacen sus compras a partir de una previsión de ventas que hoy por hoy es difícil de establecer. Todos en mayor o menor medida celebran que parezca que se va poder realizar la fiesta, pero temen que la situación sanitaria trastoque las expectativas. Es el caso de Mariana Sàrrias de la flamante librería Byron, que abrió a finales del año pasado sin miedo a la pandemia: "Intentamos encararlo con optimismo y ajustar nuestras propuestas a la situación sanitaria, donde no cabe la improvisación", asegura. Más crítico se muestra Èric del Arco de Documenta, que apuesta por un Sant Jordi de mínimos, tal como se hizo finalmente en verano, "pero no es eso lo que se está proponiendo, esto más ambicioso". También se queja de que no exista todavía un claro protocolo de cómo se debe situar el puesto de libros, en principio a una distancia máxima de 100 metros de la librería: "No podría ponerlo en la puerta porque la acera es estrecha y en la esquina suelen aparcar las motos, algo sobre lo que el ayuntamiento debe dictaminar. Tampoco sabré cuántos libros puedo comprar, ya que también depende de las firmas de unos autores que no sé si vendrán. En fin, que me gustaría saber cuándo sabré de verdad qué es lo que puedo hacer".

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Más allá del 23

Quien confiesa que sus compras este año serán más comedidas es Xavier Vidal, que dice comprender la ambición de la Cambra del Llibre, dentro de las posibilidades pandémicas. En sus dos librerías Nollegiu, la del Poblenou y la del Clot, calcula haber adquirido ya un 50% de lo que adquiría en la vieja normalidad. Tiene la intención de plantear una llamada en redes sociales, un terreno que practica con mucha soltura, para que en sus locales puedan espaciarse las compras al máximo, no ya desde el 21 de abril, sino a partir del 12. Y lo mismo hará con las presentaciones presenciales que se puedan hacer desde el 12 hasta el 20, en las que los clientes puedan llevarse un libro dedicado: "Porque los casos después de Semana Santa van a subir y, ojo, que me parece bien que se intente salvar el sector turístico porque está jodidísimo. Mi consejo es que no vengan a comprar como locos el día 23"