un primer balance de la JORNADA

Sant Jordi con muchos ganadores

Con las calles repletas, los libreros se mostraron satisfechos con las ventas

Jonasson, Grandes, Santos, Rojals, Bosch y Gironell triunfaron entre los lectores

Las Ramblas de Barcelona, llenas de libros, paseantes y sol, este miércoles.

Las Ramblas de Barcelona, llenas de libros, paseantes y sol, este miércoles.

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ERNEST ALÓS
BARCELONA

Sant Jordi es una fiesta tan compartida por todos que permite que, bajo el mismo paraguas (o parasol, que el tiempo ayudó) quepan los militantes de la ANC repartiendo folletos multilingües por la independencia y una entrevista de la vicepresidanta del Gobierno con los editores; autores de prestigio, autores populares y... bueno, personajes que tienen un libro en el que aparece su firma; locales y turistas que se felicitan por haber elegido el mejor día del año para visitar Barcelona; rosas de floristería y rosas chungas que acaban el día con una cotización de un euro y cada pétalo por un lado.

Y también cupieron ayer muchos autores en los podios de los más vendidos. Porque, a diferencia de otros años, en que había uno o dos clarísimos ganadores a gran distancia del resto, todo indica que las diferencias fueron mínimas, y que a medida que las listas del Gremi de Llibreters se depuren, puede haber baile de puestos. Si ayer hubo un ganador claro fue Jonas Jonasson, con su La analfabeta que era un genio de los números, sumando su primer lugar en catalán y el segundo en castellano. Y también Care Santos con su Desig de xocolata, pisando los talones al sueco en catalán, y Almudena Grandes, líder clara en castellano con Las tres bodas de Manolita. ¿Y después? En apretado pelotón, L'altra de Marta RojalsEufòria de Xavier BoschEl primer heroi de Martí GironellEl juego de Ripper de Isabel AllendeAmor contra Roma de Víctor Amela, La gran desmemoria de Pilar Urbano y el nostálgico álbum Yo fui a EGB de Javier Ikaz Jorge Díaz.

Eso, de momento. Porque los datos que ayer facilitaron los libreros son una primera aproximación, a partir de los datos reales, hasta el 22 de abril, de 220 librerías conectadas con la red Libridata, en la que, de las grandes cadenas, no figuran ni Fnac, ni Casa del Libro ni El Corte Inglés, pero sí Abacus, corregida con llamadas hechas hasta las 17 horas de ayer. Este ranking provisional será modificado hoy mismo, cuando los libreros facilitarán los resultados de Libridata del mismo día 23. Y lo será de nuevo el día 28, con una tercera lista que incluirá las ventas en los puestos callejeros de las librerías (y una estadística que debería confirmar el buen momento del libro en catalán).

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Aunque sea difícil contabilizarlo, la primera impresión es que nunca había habido en Barcelona tantos autores firmando. El día de Sant Jordi sigue siendo un imán para los escritores, y aún más cuando se tienen que hacer acrobacias para vender un libro (nota comercial: según el Gremi de Llibreters, sin mayor precisión, los resultados del día pintaban bien y se esperaba una facturación «similar» a los 18,4 millones de euros del año pasado, 2,6  millones menos que en los buenos tiempos).

¿NO HACE FALTA FIRMAR? Pero, pese al desembarco masivo de firmantes, un año más se ha comprobado que la presencia física en la fiesta satisface a los fans, da un plus de presencia en los medios, alimenta la autoestima del escritor (del que firma y no tiene que reconcomerse de envidia mirando a la celebrity de al lado) pero no es imprescindible para estar en lo alto.  El año pasado triunfó Albert Sánchez Piñol (se quedó en casa viendo el Barça) y este año, además de la ausencia vocacional de Marta Rojals, lo ha hecho Jonas Jonasson, fuera de juego por sus problemas de espalda. Lo sustituyeron dos actores disfrazados como el centenario de su primera novela y la analfabeta sudafricana de la segunda. Por cierto, la fiesta no solo está reservada a los grandes grupos y tiene un lugar para la edición a escala artesanal. La prueba: Isabel Martí, editora en catalán de Jonasson, se pasó el fin de semana haciéndole unos pendientes en forma de bomba atómica, como los de la portada del libro, para la actriz que representaba a su protagonista (tres pares, de tres medidas: no sabía cuál le sentaría mejor a la actriz».