25 oct 2020

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    La resaca del día del libro

    El abuelo de Sant Jordi

    El optimismo y el humor en tiempos de crisis, claves del éxito de la novela de Jonas Jonasson

       ANNA ABELLA / Barcelona

    A la que se descuide, el escritor sueco Jonas Jonasson (1962) corre el peligro de ser eclipsado por su descreída, amoral, hilarante y estrambótica creación: el centenario Allan Karlsson, el memorable protagonista de El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Salamandra / La Campana), que el lunes, materializando una idea de Isabel Martí, su editora en catalán, se convirtió en personaje de carne y hueso (el actor Quimet Pla) y, vestido con un mono de peluche rosa, igual que en la portada de la novela, se hartó de firmar ejemplares en Sant Jordi. La agencia de Jonasson, la catalana Pontas, le mandó la foto y este quedó tan contento que la colgó en su Facebook. La diada lo encumbró como la novela más vendida en catalán y la segunda en castellano. Empieza a oler a fenómeno: en apenas tres meses en España ya suma 70.000 ejemplares en ambas lenguas; un millón en Suecia, 560.000 en Alemania...; derechos vendidos a 34 países y película en marcha. ¿Cuáles son las claves de este éxito?

    1 Humor y alegría de vivir como medicina

    Rodeados de malas noticias y funestos augurios, esta disparatada aventura de un abuelo que no se resigna a cumplir sus 100 años en una residencia, contada con humor inteligente, «es un oportuno canto a la vida en un momento en que la gente necesita optimismo. Muestra que aunque seas viejo puedes enamorarte o hacer muchas cosas», apunta Anna Soler-Pont, la agente de Jonasson, quien ya en febrero, en una entrevista a este diario, afirmaba: «Allan es un bálsamo para el alma. Vivimos nuestra vida gris y salimos por la ventana con él y, 400 páginas más tarde, volvemos a entrar por la ventana y vemos que quizá la realidad no es tan horrible». Este es el principal secreto del éxito, según varios libreros consultados y sus editoras, como Sigrid Kraus, de Salamandra: «Al leerlo, agotada del trabajo, me hacía mucho bien la filosofía de un personaje que intenta siempre disfrutar». «La clave -opina Isabel Martí, de La Campana- es la alegría de vivir que transmite y la simpatía que despierta el protagonista y su troupe, que con su actitud vital muy positiva, viene como anillo al dedo en tiempo de crisis. Tiene algo de medicinal». Lo fue para el propio Jonasson: «Yo mismo salí por mi propia ventana y me escapé. Quería escribir un libro para sentirme bien, lleno de esperanza».

    2 La infalibilidad del boca a boca

    Como vienen demostrando la mayoría de fenómenos literarios, la recomendación boca a boca es imprescindible para el éxito, según Xavier Sistach, de la librería de El Corte Inglés, y Ricard Espinosa, de La Capona de Tarragona, quien augura un largo recorrido a la novela gracias al efecto Sant Jordi pero también porque «incita a hablar de ella y contar algunas de sus anécdotas, como la de Franco». Precisamente Martí rompe una lanza por el «peso específico» de la labor prescriptiva de los libreros, y de los medios, que han creído en una «novela divertida e inteligente que mezcla ternura y cinismo». A ellos hay que sumar la fuerza de los propios lectores, que no dudan en recomendarlo a amigos y familiares.

    3 Lectores de toda edad y condición

    «Al principio lo recomendé con cierta precaución porque es una buena novela de humor, algo que escasea, pero el humor es muy personal y lo que a uno le hace gracia, a otro no -explica Xon Pagès, de la librería Etcètera del Poblenou-. Pero vi que gustaba a todo tipo de gente y a jóvenes y viejos por igual». «La huida y la peripecia del abuelo perseguido por esa mafia engancha fácilmente a gente de 12 hasta 80 años y a gente no lectora -explica Martí-. Y ese repaso del pasado del siglo XX, en clave crítica y de inteligencia política, atrae a lectores hechos y exigentes». Kraus, añade la importancia de reivindicar «la figura de la vejez y de lo que los mayores pueden aún enseñar y aportar a la sociedad».

    4 La pasión de una esforzada editora

    «La voluntad de la editora Isabel Martí en darlo a conocer fue muy importante. Si ella te recomienda algo te fías», destaca Sistach. Soler-Pont coincide: «En la agencia hemos procurado vender el libro a editores que se entusiasmaran con él, que creyeran en él. Y a ella, cuando le apasiona un libro hay que hacerle caso». Los grandes grupos pujaron en la subasta y no ganó el que más pagaba. Se lo quedaron una editorial pequeña, La Campana, y una mediana, Salamandra.