29 sep 2020

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    La fiesta del 23 de abril

    Sant Jordi al rescate

    Los libreros confían en que la fiesta devuelva clientes a unas librerías en situación «delicada»

    ERNEST ALÓS
    BARCELONA

    «Como este Sant Jordi no vaya bien, bastantes librerías pensaremos en serio en bajar la persiana», confesaba hace unos días una librera de barrio de Barcelona. Hoy (laborable, lunes y al parecer con un tiempo que aguantará) será un día de fiesta para cientos de miles de catalanes, en las calles, en las escuelas, en asociaciones e instituciones culturales. Pero también una jornada clave para los que viven del mercado del libro y, sobre todo, para los libreros. «Sant Jordi es una aportación importante de recursos. En la situación actual, no nos podemos permitir un mal Sant Jordi. Nos es necesario para resistir durante el 2012», opina el presidente del Gremi de Llibreters de Catalunya, Antoni Daura. Y no se trata solo de caja, sino de «aportar optimismo».

    ¿Qué sería un buen Sant Jordi? Para Daura, repetir al menos los resultados del 2011 (cuando, en plena Semana Santa, de los 20 millones de euros de facturación del 2010 se pasó a 17), en lugar de seguir cayendo, «porque si esto dura mucho será complicado mantenernos; la situación en general es delicada, pero en algunos casos dramática».

    Para Xavier Mallafré, presidente del Gremi d'Editors de Catalunya, más optimista, recuperar una parte de lo cedido y alcanzar los 18,5 millones de euros en ventas: «Este año no tenemos a parte de los lectores de vacaciones, las escuelas han empezado sus Sant Jordi con normalidad, hay buenas novedades en catalán y castellano y esperamos que una fiesta como esta nos permita olvidarnos por un momento de la crisis».

    ¿Porque, cuál es la situación del sector? Un descenso del 11% en el año 2011, seguido de otro en lo que va de año que, según Mallafré «está algo por debajo del 10%, algo mejor que en el resto de España». «Ya estamos en mínimos históricos», especifica el presidente de los libreros.

    SIN RESERVAS / Son macrocifras difíciles de visualizar, pero que tienen detrás realidades muy concretas, y la evidencia de que las familias han restringido drásticamente el consumo. «Lo peor es la sensación de que no hemos tocado fondo. El que antes dudaba entre dos libros los cogía los dos y ahora solo uno. Hay gente que ya no entra a las librerias. Este trimestre ha habido días en que han coincidido informaciones fatales sobre la economía, y lluvia, o manifestaciones, que han sido literalmente patéticos», confiesa Daura.

    Las cifras oficiales de descenso de las ventas no son especialmente dramáticas comparadas con las de otros sectores, pero, recuerda Daura, afectan a pequeños libreros que incluso en tiempos de bonanza «ya estaban trabajando con márgenes muy estrechos». Y que, cerradas las fuentes de crédito, ya han agotado el recurso de devolver a las editoriales los libros acumulados en sus estantes para hacer caja. «Un segundo año cerrado con pérdidas no lo podemos sostener, incluso si nos redimensionamos», admite Daura, propietario de la librería Parcir de Manresa.

    ¿EFECTO DIGITAL? / Las cifras de evolución de la compra de libros impresos van a la baja en prácticamente todo el mundo, y no siempre en relación directa a la gravedad de la crisis económica. «Acabo de regresar de la Feria de Londres y los holandeses hablaban de descensos del 40%», explicaba hace unos días una editora catalana. De hecho, las bajadas de ventas tienen una relación directa con la digitalización. No necesariamente con el uso del libro electrónico, sino también del grado de distracción del lector en redes sociales. ¿Es casualidad, por ejemplo, que Holanda tenga un uso récord de Twitter? «Los hábitos digitales se notan. El comprador ya no viene a repasar las estanterías, sino informado y directamente a por un título. Y el ocio digital quizá explique que desde hace dos o tres años los sábados sean más flojos y la gente se quede en casa», repasa Daura.

    Joan Sabaté, director de la fundación Fundacc, que elabora el Baròmetre de la Comunicació i la Cultura, sí ve un impacto directo entre la caja de los libreros, el progreso de la lectura digital y el impacto de la piratería: «Nuestras cifras indican que hay más lectores y al mismo tiempo se compran menos libros. Hay una explicación, y no son solo las bibliotecas».

    Aunque las cifras hipotéticas del impacto económico de las descargas de libros digitales no legales sean muy poco fidedignas, hay otros indicadores inquietantes, señala Mallafré: «por cada dispositivo lector, tableta o e-reader, se hace media descarga por trimestre. En Alemania, 10 veces más». Un dato para pensar en él, aunque hoy sea día del libro de papel, el de tocar, envolver y regalar. Con una rosa, si puede ser.