Ir a contenido

RECORRIDO EN LA 'DIADA'

Un Sant Jordi lleno de asquerosos

Santiago Lorenzo pasa con 'Los asquerosos' de ser escritor de culto a ocupar el segundo puesto en la lista de los más vendidos en castellano

Miqui Otero

Santiago Lorenzo, autor de Los asquerosos, ayer firmando libros.

Santiago Lorenzo, autor de Los asquerosos, ayer firmando libros. / ALBERT BERTRAN

Uno: Cuando hayas desaparecido, escribe esa novela. Habla de vivir al margen de todo, en una despoblada aldea castellana. Haz que tu protagonista se instale en una austeridad autoimpuesta y que encima la disfrute. Regurgita en tu libro toda la sátira que te provoque ardor de estómago. Critica todos esos modelos de vida que se perciben como normales pero cuyo adjetivo debería llevar algún prefijo (que no fuera "súper"). Titula tu historia así: 'Los asquerosos'. Y, solo entonces, la vida te dará sorpresas.

"¿Cómo ha podido suceder? Fui tan cuidadoso… Elegí la obra equivocada, el director erróneo, los actores que no tocaban. ¿Qué ha podido ir bien?", dice un personaje de 'Los productores', esa película de Mel Brooks en la que unos tipos buscan ganar dinero con una obra que sea un fracaso, pero que resulta ser un triunfo sin precedentes.

Como el protagonista de 'Los asquerosos', Santiago Lorenzo hace años eligió vivir en una aldea vaciada en la que el acontecimiento semanal es un camión que viene a reparar canalones de los tejados los miércoles. "El conductor suele llevar puesta la canción aquella de la Vuelta Ciclista a España: 'me estoy volviendo loco, poco a poco, poco a poco'", comenta. Y, sin embargo, pese a que el protagonista de la novela hace gala de que "su riqueza era que no necesitaba pelas, ni gente, ni afecto, ni reconocimientos ni ánimos ni amores", el de Lorenzo es uno de los libros del año, premiado, elogiado, supervendido (ha superado los 50.000 ejemplares). Y, por tanto, él, uno de los tipos más buscados y queridos de esta 'diada' de Sant Jordi.

Imaginar a Santiago abandonando su pueblo para pisar un escenario como este es algo así como pensar en Simón el Estilista, ese santo asceta cristiano que eligió pasar 37 años posado sobre una columna en Alepo, cerca de Siria, como DJ cabeza de cartel en el Sónar. Pero la diferencia es que Lorenzo, y su protagonista, no sufren ni se toman su soledad como una penitencia, sino como una bendición. Y algo parecido les pasa con Sant Jordi.

Dos: La jornada amanece morosa y resfriada. Las gotas prometen sabotear la fiesta. Santiago se sienta en la Fnac para firmar a las 11 de la mañana. A su lado, el 'best-seller' de literatura juvenil que responde (quizás no en el CAP, pero sí en las cubiertas de sus libros) por Blue Jeans.

-¿Te quieres hacer una foto? –pregunta Blue Jeans a una de sus centenares de fans.

-No hace falta –dice ella. Le sonríe.

Lleva calada su ya icónica gorra grabada con su propio seudónimo: Blue Jeans. No imagino a Santiago Lorenzo llevando una igual, con su nombre, ni para ir a buscar rastrojos y tronquitos para su chimenea. "El fuego es el futbolín de los solitarios", decía el protagonista de 'Los asquerosos'. También decía esto: "Llamaban cariño a todo el mundo, marca de quien ofrece un afecto devaluado por exceso de oferta verbal".

- ¡Hola, cariños!

Acaba de entrar Mario Vaquerizo para sentarse a firmar tres sillas más allá, justo al lado de Elisa Victoria y Miguel Noguera. La idea de Mario Vaquerizo sentado al lado de Miguel Noguera.

Tres: Dos horas antes, yo he despertado consciente de que hoy, si alguien me pide una firma, será en un albarán o un recargo de Hacienda. No he publicado nueva novela, así que me afronto un Sant Jordi de entreguerras.

Si me apetece escribir sobre Santiago no es solo por la enorme calidad de su novela, también de su persona, sino también por el contraste entre su vida cotidiana y un día como hoy. Lo imagino como Cocodrilo Dundee entrando en un 'coworking' de 'community managers' de la calle Parlament. Es su primer Sant Jordi y empatizo con el primer impacto, porque en mi debut en estas lides, hace ya ocho años, me tocó firmar flanqueado por Albert Espinosa (más colas que las del cine Urgell cuando estrenaron 'El imperio contrataca') y Albert Casals, autor de 'El món sobre rodes' (el chaval firmó tantísimo que, cuando agotó su tinta, se vio obligado a pedirme prestado mi bolígrafo intacto).

Y, sin embargo, Lorenzo es el primero en estampar su rúbrica. Habla muy amistosamente con sus lectores, que son lectores pero también son fans. Y además de su buen talante, tiene otras armas.

Cuatro: A cada uno de ellos le regala un soldadito bélico de plástico. "Son rusos de la Primera Guerra Mundial y prusianos de alguna napoleónica", me explica señalando una bolsa llena, como una fosa común de colores caídos en diferentes conflictos armados, para luego excusarse, "son del Risk; es que de los otros más buenos no tenía tantos, pero he traído unos cuantos". Además de escribir, Lorenzo consagra sus días en el pueblo a armar maquetas y se dice que suele comprar soldados de otras épocas para retocarlos y recrear escenas de la Guerra Civil. Es de gustos solitarios.

Si de algo sirve Sant Jordi es para comprobar un par de perogrulladas: el autor escribe solo, en su casa, y el lector lee solo, en la suya (y dios en la de todos). Pero, buena novela mediante, ninguno de ellos está solo. Esta constatación se vuelve aún más bonita en el caso de un asceta casi vocacional como Santiago Lorenzo y todos los lectores que, sin tregua, le piden firma y reciben regalo.    

Cinco: Dos horas después, en la parada de La Central, nuestro protagonista sigue dándole a su punta fina. Lo felicitan por la novela Elvira Navarro y también lo saluda Edurne Portela. Y Manuel Vilas le asegura que él también conoce a unos cuantos mochufas, que es como el narrador llama a los asquerosos de peor calaña de la novela de Lorenzo.

Se diría que Sant Jordi es un día libre de mochufas, incluso de asquerosos. O que disimulan muy bien, enarbolando rosas y toqueteando libros. Aunque todos, en el fondo, "somos candidatos a asquerosos". Pero el caso es que la bolsa de soldaditos de Santiago Lorenzo se agota en el ecuador de su tercera hora de (incesantes) firmas. Y ya no llueve como a primera hora. De hecho el sol amaga con sumarse a la fiesta. Quizás no sea el día para cruzarse a asquerosos, sino para leerlos. Parece que hoy ganan la guerra los nuestros.

Temas: Sant Jordi