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¿Qué hace un escritor como tú en un día como este?

Un paseo con tres escritores literarios en la jornada editorial más mediática

ELENA HEVIA / BARCELONA

El poeta, académico y escritor Pere Gimferrer, en la diada.

El poeta, académico y escritor Pere Gimferrer, en la diada. / ALBERT BERTRAN

Entre el  bullicio, las riadas ingentes de personas, las fotos, los globos de colores, las lipotimias, las dedicatorias y los adolescentes enloquecidos por el último fenómeno de internet, hay muchos Sant Jordis en este Sant Jordi. Y a veces, lo más raro de encontrar en esa selva –el símil tiene todo el sentido porque muchos en su difícil camino entre caseta y caseta desearían tener un machete para abrirse paso - es, precisamente, un autor. Y un autor literario, por más señas. ¿Qué hace un escritor así en un torbellino como este? Trasladamos la pregunta a tres escritores, Pere Gimferrer, Enrique Vila-Matas y Claudio Magris, que no han temido bajar al barro de la firma, la silla incómoda y el calor insoportable. Han sobrevivido y lo cuentan.

UN POETA EN LA 'DIADA' 

Preguntarle a Pere Gimferrer, poeta, académico, editor y hombre sabio, cuál fue su último  Sant Jordi supone embarcarse en una larga y pormenorizada explicación: "No firmaba desde 1983, cuando publiqué mi novela 'Fortuny'. Recuerdo que fue en la antigua Catalonia junto a Isabel-Clara Simó y Montserrat Roig". Gimferrer está pletórico, se siente a gusto.  Ha llegado a firmar mucho más de lo que imaginaba (con un boli Bic) su poemario 'Marinejant'. Es consciente de que un poeta, creador asociado a pocas ventas, es una rareza en la 'diada' –de hecho tan solo Victor Obiols le ha acompañado en la larga lista-  y eso le lleva a recordar que Lord Byron en una Inglaterra casi analfabeta llegó a vender 30.000 ejemplares de su libro 'El corsario' -"que no es el mejor", valora- mientras Rimbaud solo logró colocar en el mercado 12 ejemplares mientras vivió en Francia. "A lo mejor no vuelvo a firmar más", dice entre melancólico y divertido.

COMO UN FAMOSO COCINERO

Enrique Vila-Matas está algo más tenso. Tiene delante un largo programas de firmas de sus libros 'Marienbad eléctrico' y 'Porque ella no lo pidió' y por lo bajini confiesa que en el fondo envidia a su amigo Juan Marsé que este año con novedad en el mercado ha querido reafirmarse en su antigua decisión de no firmar [hizo una excepción con 'Caligrafía de los sueños']. Vila-Matas ha visto de todo, ha acompañado al "calvo de la tele" y al "tipo de la jungla", y no se queja porque de esas experiencias han surgido, filtradas por su particular mirada, columnas periodísticas. Pero no por eso deja de dolerse de lo que considera un peso excesivo de la promoción: "Antes, ese trabajo recaía en  los editores ahora somos los escritores los que tenemos que defender nuestros libros. Y es una actividad que nos impide escribir. Es un poco como lo que ocurre con los cocineros famosos, cuando tienen reconocimiento, dejan de cocinar para montar franquicias".

CELEBRACIÓN CON VINO Y ROSAS 

Para Claudio Magris, primerizo en Sant Jordi, no hay mejor signo de civilización que un libro. El exquisito italiano, al que se le percibe un poco sobrepasado por el tumulto reconoce el cansancio aunque su programa se haya reducido a tan solo dos sesiones en las que no ha parado de firmar. "Es una fiesta en la que lo importa no es tanto el libro en sí –porque un libro necesita tranquilidad y silencio- sino el apasionamiento. Aquí es presentado como si fuera una rosa o un buen vaso de vino. Es una celebración de la vida en la que, como decimos en Trieste, ‘siamo tutti in ganga'". O lo que es lo mismo, una exaltación de la amistad a la italiana. 

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