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Radiografía de la sanidad

De urgencias ambulatorias en Barcelona: "No quería ir al CAP porque tardaría días; aquí la atención es mucho más rápida"

Pacientes de las Urgencias de Manso expresan su satisfacción con el servicio mientras otros denuncian que, en los meses de más actividad, la espera puede ser "de entre cuatro y seis horas", con un solo médico trabajando

El mapa de las esperas en los CUAP de Barcelona: de los ocho minutos en Gràcia a casi una hora en Manso y Perecamps

La espera para conseguir una cita en atención primaria bate récords: un 71% espera una media de 10,2 días

María Dolores, de 86 años, con su hijo, Ángel, de 60.

María Dolores, de 86 años, con su hijo, Ángel, de 60. / Jordi Otix

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Beatriz Pérez

Beatriz Pérez

Barcelona
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María Dolores, de 86 años, tardó exactamente una hora en salir del centro de urgencias de atención primaria (CUAP) Manso de Barcelona desde que entró, sobre las 9.45 horas, de un martes de agosto. Tiene algo de artrosis y le ha fallado la rodilla. Está en silla de ruedas y la acompaña su hijo, Ángel, de 60. "La verdad que la atención ha sido muy rápida. Llamé a la ambulancia a las 8. Llevamos aquí esperando unos 15 minutos", comenta desde la sala de espera, que está bastante vacía. "Hemos venido más veces y nunca hemos tenido una espera excesiva", asegura Ángel.

Ambos están contentos con este CUAP y aseguran que, si a veces no funciona bien, es porque "la gente acude a las Urgencias por cosas que no tocan". "Yo tuve un infarto hace años, me atendieron aquí y fue todo rápido", defiende Ángel. Otras veces ha venido al CUAP Manso con "crisis de alergias". Jamás tuvo ningún problema. "Pero entiendo que la gente viene a las Urgencias del CUAP porque el CAP va muy lento. La gente preocupada viene aquí y colapsa las Urgencias", dice Ángel. "Es que no puede ser que una cita con el médico de cabecera sea para dentro de 15 días", apostilla María Dolores. Justo en ese momento, la llaman para ser atendida.

La sala de espera del CUAP Manso, en Barcelona.

La sala de espera del CUAP Manso, en Barcelona. / Jordi Otix

Aun así, depende del día. El CUAP Manso es uno de los que tienen más presión asistencial. Algunos usuarios se quejan a EL PERIÓDICO de que, algunos domingos en los meses de más actividad —como por ejemplo julio—, la espera este CUAP puede ser "de entre cuatro y seis horas", con solo "un médico" trabajando. Estos usuarios también denuncian que este CUAP también recibe a los "detenidos policiales", que "pasan siempre por delante de los pacientes de la sala de espera". "Este CUAP solo va rápido cuando los casos son leves y los puede resolver el personal de enfermería", critican.

Laura y Mariona, madre e hija, llegan al CUAP de Manso. Laura tiene una mascarilla y no se encuentra bien. "Hace dos semanas estuve como seis o siete horas en las Urgencias del Hospital Clínic. Tenía 40 de fiebre. Me hicieron una radiografía del tórax y no vieron nada grave. Tenía bronquitis. Pero luego se puso mal mi madre", cuenta Mariona, mientras a la madre acaban de llamarla para hacer un triaje. Laura acudió hace unos días a Manso porque se encontraba mal. Estuvo un total de dos horas, con analíticas entre medias. "Aquí en Manso fue todo mucho más rápido. Le dijeron que tenía un principio de neumonía. Pero se le acabó la medicación y empezó otra vez con la tos", cuenta Mariona, la hija.

Por eso han vuelto por segunda vez al CUAP Manso. "No queríamos ir al CAP porque tardarían días", reconoce Laura, que acaban de salir del triaje. La atención en Manso fue mucho más rápida que en el hospital, que estaba "mucho más lleno. Solo han tenido que esperar cinco minutos para que a Laura le hagan el triaje. "Yo ya he venido aquí directa para no esperar. En nuestro CAP no hay Urgencias", dice la madre. Mientras hablan con los periodistas, María Dolores sale ya con el alta del CUAP. Ha pasado una hora.

Bárbara, italiana de 29 años.

Bárbara, italiana de 29 años. / Jordi Otix

Atendida gracias al padrón

Una joven entra llorando en la sala de espera. Se llama Bárbara, es italiana y tiene 29 años. "Es la primera vez que vengo, no tengo pasaporte italiano ni tarjeta sanitaria", solloza. Lleva apenas tres meses en Barcelona y no ha encontrado trabajo. Un administrativo amablemente se acerca a ella y le explica que le basta el certificado de empadronamiento para ser atendida. Bárbara, nerviosa y con dificultades para hablar español, no sabe cómo descargárselo, pero el administrativo le ayuda. Tiene tos, fiebre, dolor de garganta y no puede comer. Al poco, la llaman para ser atendida.

Federico, italiano de 19 años, está de vacaciones en Barcelona.

Federico, italiano de 19 años, está de vacaciones en Barcelona. / Jordi Otix

En la otra punta de la sala está Federico, otro joven italiano de 19 años que no habla español. Está unos días de vacaciones en Barcelona. Tiene un apósito en el brazo y otras zonas del cuerpo. Tiene cuatro puntos porque tuvo un leve accidente de motocross. "No me duele, pero me tienen que ver las heridas", dice en inglés. Se hizo la herida en Italia, pero quiere que se la revisen en Barcelona.

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