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Patología en aumento

Coriorretinopatía serosa central, la enigmática enfermedad de los ojos que afecta a hombres jóvenes y está relacionada con el estrés: "Hay muchos interrogantes"

Dos millones de personas en el mundo sufren una dolencia que va en aumento y que los médicos vinculan al cortisol, la hormona del estrés

José Fraile, afectado por una enfermedad de la retina vinculada al estrés: "Me dijeron que me convendría volverme pasota"

El oftalmólogo José Ignacio Fernández-Vigo

El oftalmólogo José Ignacio Fernández-Vigo / CEDIDA

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Nieves Salinas

Nieves Salinas

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Se llama coriorretinopatía serosa central (CSC), es una de las enfermedades más frecuentes de la retina y sobre ella, admiten los médicos, existen todavía incógnitas. Se sabe, eso sí, que afecta, sobre todo, a hombres jóvenes en edad laboral -es una causa importante de pérdida de agudeza visual- y que está muy relacionada con el estrés. "En los últimos años, estamos viendo casos en edades más tempranas. Este, por ejemplo, hemos atendido el caso de una adolescente a raíz de episodios de ansiedad asociados", explica a EL PERIÓDICO el oftalmólogo José Ignacio Fernández-Vigo, del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Habla de una de las patologías más comunes de la mácula, el área más central de la retina. Dos millones de personas la padecen en todo el mundo. De hecho, se ha descrito como la cuarta maculopatía más común, por detrás de la degeneración macular asociada a la edad, el edema macular diabético y las oclusiones venosas retinianas.

En algunos casos la enfermedad aparece tras una época de mucha presión laboral o emocional; en otros influyen el sueño o determinados rasgos de personalidad, como la autoexigencia

¿Cómo se manifiesta?. "La forma más sencilla de explicarlo es que se acumula líquido debajo de la retina, habitualmente en la mácula, que es la zona que usamos para leer, conducir, reconocer caras, mirar el móvil o trabajar con una pantalla. Cuando aparece ese líquido, el paciente puede notar visión borrosa, una mancha en el centro, distorsión de las líneas rectas, pérdida de contraste, alteraciones de los colores o cambios en el tamaño de los objetos", señala el médico.

El líquido se acumula debajo de la retina y el paciente nota visión borrosa, manchas o distorsión de líneas y colores

Y todo esto afecta muy notablemente a la calidad visual y, por tanto, a la calidad de vida de los pacientes, advierte. El perfil más habitual que el especialista que ve en consulta es el de un varón de entre 30 y 60 años. Hay entre 3 y 5 veces más casos en hombres que en mujeres. "Cada vez vemos casos más precoces y, también, en mujeres", añade.

Unidad pionera

El Servicio de Oftalmología del Clínico San Carlos de Madrid tiene una unidad exclusiva para el diagnóstico y tratamiento de la coriorretinopatía serosa central. "Hay grandes servicios de retina y centros con mucha experiencia en esta patología, por supuesto, y algunos disponen de tratamientos avanzados. Pero una consulta organizada de forma monográfica solo para esta enfermedad, a nivel nacional, no tenemos constancia de que exista otra", señala su responsable, el doctor Fernández-Vigo.

La unidad especializada del Hospital Clínico de Madrid atiende 2.000 visitas al año relacionadas con esta patología

Por su unidad, pasan una media de 2.000 pacientes al año, incluyendo primeras visitas, revisiones, seguimiento de casos crónicos, tratamientos y pacientes remitidos desde otros centros. "Nos canalizan o derivan pacientes de todos los hospitales de la Comunidad de Madrid y también de otras comunidades autónomas, especialmente de regiones cercanas", señala el especialista.

Los interrogantes

Cuando se refieren a la coriorretinopatía serosa central, los especialistas hablan de una enfermedad ocular enigmática. "Sabemos más que hace unos años, pero sigue teniendo muchos interrogantes. Durante mucho tiempo se entendía sobre todo como un escape de líquido bajo la retina. Hoy sabemos que el problema no está solo en la retina, sino también en la coroides, que es la capa vascular que está por debajo de la retina", apunta José Ignacio Fernández-Vigo.

"En muchos, la coroides está engrosada, congestionada o presenta una permeabilidad vascular aumentada. Por eso la enfermedad se incluye dentro del grupo de las enfermedades paquicoroideas, en las que la coroides tiene un papel central", apunta.

Los desencadenantes

Aun así, sigue siendo enigmática porque no existe una única causa. "Intervienen factores vasculares, hormonales, anatómicos, genéticos, farmacológicos y, también, factores relacionados con el estrés. En algunos pacientes aparece tras una época de mucha presión laboral o emocional; en otros se asocia al uso de corticoides; en otros influyen el sueño, y determinados rasgos de personalidad o una predisposición individual, como la autoexigencia.

La relación con el estrés, insiste, es una de las características más conocidas "y una de las que más llama la atención a los pacientes. Muchos describen que el brote aparece después de una etapa de sobrecarga laboral, ansiedad, falta de sueño, presión emocional o estrés personal mantenido", señala el médico.

Desde el punto de vista biológico, se cree que puede influir a través del eje hormonal relacionado con el cortisol y las catecolaminas. "Estas hormonas pueden modificar la regulación vascular y favorecer cambios en la coroides, aumentando la permeabilidad y congestión de los vasos y facilitando que se acumule líquido debajo de la retina", abunda el especialista.

El perfeccionista

Insiste el médico en que existe un perfil clásico del paciente. Y que cada vez ven más casos: "Muchos son personas muy responsables, autoexigentes, perfeccionistas, competitivas o con dificultad para desconectar. A veces no se consideran personas ansiosas, pero viven con una presión interna muy alta, agendas exigentes o sensación permanente de tener que llegar a todo.

"En la literatura se ha hablado del llamado perfil de personalidad tipo A: personas con urgencia por el tiempo, competitividad, alto nivel de responsabilidad, tendencia a la hiperexigencia o dificultad para relajarse. No quiere decir que todos los pacientes sean así, ni que sea una regla fija, pero sí es un patrón que se repite con mucha frecuencia", afirma.

Existen casi dos millones de personas en el mundo que padecen una dolencia de este tipo y la incidencia va en aumento, señala. Un metaanálisis reciente estima una incidencia de 71,8 casos por 100.000 personas/año entre los 40 y los 49 años, por encima de los de otros grupos de edad en "una etapa de plena actividad laboral y vital".

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