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PSIQUIATRÍA

El consumo de cannabis triplica el riesgo de que los adolescentes desarrollen trastornos mentales en comparación con otras sustancias

Entre los trastornos mentales asociados destacan la esquizofrenia (riesgo 52% mayor entre adolescentes con trastorno por uso de cannabis) y la depresión (riesgo 30% superior)

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Un fumador de cannabis

Un fumador de cannabis / EFE

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Nieves Salinas

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Los adolescentes menores de 17 años que presentan un trastorno por consumo de cannabis tienen tres veces más riesgo de desarrollar otro trastorno mental que los que consumen alcohol u otras drogas. "Es la droga que más propiedades psicotizantes tiene, muy por encima de muchas otras sustancias", señala el presidente de la Fundación Patología Dual, el doctor Néstor Szerman, tras un trabajo publicado en la revista especializada The American Journal of Psychiatry por investigadores de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore (Estados Unidos).

"Los datos científicos previos y los que muestra esta nueva investigación, no correlacionan en ningún caso con esa percepción de sustancia exenta de peligros", explica el doctor Szerman, del Instituto de Psiquiatría y Salud Mental del Hospital Gregorio Marañón de Madrid.

El cerebro

"El cerebro humano sigue un periodo de neurodesarrollo que no finaliza hasta bastante después de los 20 años. En este proceso, el ritmo de diferentes áreas cerebrales es desigual: los circuitos responsables del control son más tardíos en su desarrollo funcional que los vinculados a la recompensa, lo que hace que los adolescentes sean más vulnerables", señala Szerman.

Este efecto es más importante aún entre aquellos adolescentes que presentan una vulnerabilidad genética, compartida tanto para la adicción al cannabis como para el desarrollo de otros trastornos. Entre estos últimos, según el estudio de la universidad norteamericana, destacan especialmente la esquizofrenia (riesgo 52% mayor entre adolescentes con trastorno por uso de cannabis) y la depresión (riesgo 30% superior).

"Los adolescentes que presentan una vulnerabilidad genética baja, al consumir cannabis con alto contenido de THC -el principal componente psicoactivo de esta sustancia- pueden desarrollar episodios psicóticos. En cambio, cuando la vulnerabilidad es elevada, incluso un cannabis con bajo porcentaje de THC es suficiente para desarrollar un episodio psicótico, que en casi la mitad de los casos puede evolucionar a un trastorno psicótico crónico", argumenta el psiquiatra.

Cannabis y psicosis

El porqué de esta estrecha relación entre trastorno por consumo de cannabis y psicosis se encuentra en nuestro cerebro, abunda. Un estudio publicado en la revista científica JAMA Psychiatry, realizado mediante técnicas de imágenes cerebral, por ejemplo, halló que las personas con trastorno por consumo de cannabis presentan niveles más altos de dopamina en la misma región cerebral relacionada con la psicosis, algo que, según los autores de la investigación, puede alterar los procesos cerebrales normales y aumentar el riesgo.

De hecho, en estas personas con mayor vulnerabilidad, la patología dual, es decir, la coexistencia de una adicción y otro trastorno mental, "es la norma". Se estima, por ejemplo, que las personas con TDAH que consumen cannabis presentan un riesgo ocho veces mayor de desarrollar una adicción a esta sustancia, cifras similares a las que se dan en otros trastornos afectivos mayores como la depresión.

Psicosis crónica

"En los sitios del mundo donde el uso de cannabis se ha legalizado, como por ejemplo en la provincia de Ontario, en Canadá, la incidencia de episodios psicóticos se ha triplicado desde entonces", añade Néstor Szerman.

Según el psiquiatra, en personas con una adicción al cannabis "siempre" se debería tratar de identificar los otros trastornos mentales asociados a la adicción, para de esa forma poder orientar a los pacientes hacia el tratamiento más adecuado, que debería ser "integral e integrado y abordar todos los trastornos mentales".

Sin embargo, lamenta, muchos pacientes y sus familiares siguen sufriendo el "síndrome de la puerta equivocada" por el que, o reciben tratamiento para la adicción o para el otro trastorno mental, pero casi nunca obtienen un tratamiento conjunto, lo que "dificulta enormemente" la recuperación y multiplica el riesgo de recaídas.

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