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Altas progresivas

Volver al trabajo tras superar un cáncer: "Es muy duro coger el ritmo, el regreso debe ser personalizado"

Almudena Escudero, con cáncer de mama, y Óscar Prieto, que superó dos tumores cerebrales muy agresivos, relatan la incertidumbre que supone reincorporarse al trabajo tras la enfermedad

En España hay 800.000 supervivientes oncológicos en edad laboral: la mitad ha sufrido impedimentos para hacer su trabajo y el 23,4% se ha visto obligado a dejarlo

El Gobierno plantea que los empleados de baja por cáncer, infarto o ictus puedan volver progresivamente al trabajo

Un retrato de Almudena Escudero

Un retrato de Almudena Escudero / CEDIDA

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Nieves Salinas

Nieves Salinas

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En España hay más de 800.000 supervivientes de cáncer en edad laboral. Una realidad que irá en aumento por el incremento de la incidencia –sobre todo en menores de 50 años–, de la supervivencia de los pacientes (gracias a tratamientos cada vez mejores) y por el alza de la edad de jubilación. Así lo advierte la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), que ha desarrollado un protocolo para que las empresas acompañen mejor a los empleados afectados. Porque la vuelta al trabajo, si la enfermedad y sus secuelas lo permiten, es muchas veces una gran carrera de obstáculos. "Dentro un orden, me considero un privilegiado. Pero el regreso es complicadísimo", admite Óscar Prieto, que superó dos tumores cerebrales muy agresivos. Lo secunda Almudena Escudero, con cáncer de mama: "Cuando vuelves, es durísimo coger el ritmo".

Alrededor de 300.000 españoles son diagnosticados de cáncer cada año. Un 38% tiene entre 18 y 65 años. Según datos de la AECC, el 53% siente que la enfermedad ha frenado su progresión profesional, casi la mitad ha experimentado impedimentos para hacer su trabajo y un 23,4%, se ha visto obligado a dejarlo. Con otros porcentajes –de un reciente estudio del Ministerio de Sanidad–, el retorno al trabajo suele estar condicionado por la fatiga, las secuelas o la sintomatología diversa en un 72% de los casos.

La vida se rompe

A Almudena Escudero, 49 años, le diagnosticaron cáncer de mama en enero de 2024, en una revisión habitual: "Tú te rompes y toda tu vida cambia". Curiosamente, es responsable de seguridad, salud, bienestar y responsabilidad social en una multinacional del sector del lujo. "En mi caso, lo conté a la empresa al día siguiente porque ya no iba a ser la misma", explica. La reacción fue inmediata: "Me dijeron: '¿Qué necesitas, Almudena?'. Les expliqué que desconocía el proceso, que sabía que iba a tener que estar entre hospitales y que mi cabeza no iba a estar en ese momento".

Almudena siguió trabajando hasta el día antes de operarse. Fue viviendo etapas y siempre se sintió acompañada por compañeros y jefes. "Primero vino la quimio, con todo lo que ha generado, tanto emocional como físicamente". Después se sometió a sesiones de radio. "Y cuando ya parecía que todo iba bien –ya llevaba un año más o menos de baja– necesité más tratamientos". Su baja se fue alargando. Cuando llegó al tribunal médico, llevaba 18 meses.

"Después de, finalmente, 20 meses, aquí estoy. Superándome cada día. Mis tratamientos me provocan unos efectos que no controlo: una menopausia precoz, niebla mental... Necesito hacer deporte para estar bien. Al volver, es normal tener miedos el enfrentarte de nuevo al trabajo. Cuando vuelves de verdad, es muy duro emocionalmente y físicamente coger el ritmo", admite.

Revisiones y tratamientos

La necesidad de revisiones o tratamientos, las recaídas y las condiciones organizativas del empleo dibujan un escenario complejo que ha obligado a entidades como la AECC y el Consejo General de la Psicología a trabajar en documentos como el 'Protocolo de actuación para el entorno laboral ante una persona con cáncer'. La intención es facilitar una guía de buenas prácticas que ayude a las empresas en ese acompañamiento.

"Y que esto ayude a reducir el impacto que puedan vivir las personas en estos entornos. Una persona que transita por un proceso oncológico, cuando vuelve, aunque quizá ya esté en una fase de supervivencia o finalizando el tratamiento activo, no es como si nada", señala a EL PERIÓDICO Ana Monroy, psicóloga de la AECC y responsable del protocolo.

Monroy describe una situación que genera mucha incertidumbre: "Surgen muchas dudas de cómo abordarlo, qué tipo de derechos y recursos se tienen... También están las citas médicas y las pruebas. E incluso las secuelas de estos tratamientos dejan un impacto en la persona que va a requerir de una serie de adaptaciones que faciliten que pueda continuar en ese puesto", añade Monroy.

El retorno

A veces la reincorporación es muy complicada, apunta el abogado Óscar Prieto, presidente de la Asociación de Afectados por Tumores Cerebrales en España (ASATE). Con apenas 30 años (hoy tiene 48), rompió la estadística tras superar dos tumores muy agresivos. "Ahora ya, en teoría, tengo el alta. Estoy bien. Con mis cosas, mis revisiones y mis secuelas", relata, quien asegura que tuvo muchísima suerte tras salir adelante. "A mí, el Euromillón ya no me va a tocar. Ya me ha tocado", ironiza.

Prieto echa la vista atrás y admite lo difícil que fue retomar su vida laboral. "Había fundado mi despacho con 28 años. Tras mi operación, tuve que dejarlo. No podía ejercer. Eres como un vegetal: pierdes 18 kilos, duermes 12 horas al día, te cuesta hablar, vestirte. Era imposible cualquier actividad relacionada con el asesoramiento jurídico", reconoce.

El abogado Óscar Prieto

El abogado Óscar Prieto / CEDIDA

Pasado lo peor, fue retomando su vida laboral. "Pude trabajar en una empresa, con una actividad mucho menor y un rendimiento económico también mucho menor. Tienes las mismas condiciones que antes, pero no aguantas lo mismo y a los dos años finalizó esa actividad", describe. Él, sin embargo, no cejó en su empeño de seguir activo y actualmente trabaja en otra compañía.

Óscar defiende que cada paciente es un mundo. No todos pueden volver a trabajar de la misma manera, aunque su incorporación a la empresa sea progresiva tras recibir el alta. "Cada tumor es diferente. No puedes decir: 'Pues, ahora, cada tres meses, te vamos a dar dos horas más'. Esa adaptación al puesto y ese regreso tiene que estar personalizado. No se puede establecer con carácter general", apunta.

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