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NECESIDADES ESPECIALES

El CSIC desarrolla un robot con inteligencia emocional para apoyar terapias de niños con autismo: "Es tremendamente motivador"

Está diseñado para interactuar con personas, es de bajo coste, tiene múltiples usos potenciales y ya se ha probado en un centro de Madrid

El dispositivo emplea modelos matemáticos e IA para tomar decisiones de forma autónoma y expresar emociones propias en función de la interacción con los menores

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El robot es un facilitador de la comunicación social con los niños y niñas

El robot es un facilitador de la comunicación social con los niños y niñas / César Hernández (CSIC)

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Nieves Salinas

Nieves Salinas

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Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han desarrollado un nuevo robot social que asiste a un equipo de terapeutas en el tratamiento de niños con autismo. El dispositivo emplea modelos matemáticos e inteligencia artificial para tomar decisiones de forma autónoma y expresar emociones propias en función de la interacción con los menores, con el objetivo de mejorar su comunicación social y estado de ánimo.

Las primeras pruebas se han llevado a cabo durante el mes de junio en Madrid a través de actividades diseñadas por especialistas de Deletrea, centro de tratamiento de personas con autismo y trastornos del desarrollo del lenguaje. "El robot es un coterapeuta: un mediador y facilitador de la comunicación social con los chicos", explica Sandra Freire, una de las socias fundadoras de Deletrea. "En el autismo, sin motivación, es muy difícil enseñar. Y el robot es un elemento tremendamente motivador, que aporta estímulos concretos (luces, colores)", añade.

Necesidades especiales

El dispositivo, explica el CSIC, supone una herramienta asistencial con gran potencial para terapias de niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA). En España, más de 90.000 alumnos presentan este trastorno, lo que representa más del 30% del alumnado con necesidades educativas especiales.

El robot, desarrollado dentro del proyecto 'Emorobcare', "está diseñado para interactuar con personas, es de bajo coste y tiene múltiples usos potenciales", describe David Ríos Insua, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) que colidera el proyecto junto a Juan Antonio Rodríguez Aguilar, profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA). En esta primera fase, ese ha programado para mejorar las competencias de lenguaje de niños con autismo.

Estímulos concretos

A diferencia de otros robots sociales, este se distingue por su modelo emocional y de toma de decisiones, desarrollado por el equipo del ICMAT. "Permite al robot decidir cómo actuar y expresar emociones en función de su interacción con las personas”, señala Ríos Insua.

En una conversación, en primer lugar, usa modelos de reconocimiento del habla que transforman lo que comentan otras personas en texto

Para comunicarse con los niños y los terapeutas, el dispositivo integra diferentes modelos de IA. En una conversación, en primer lugar, usa modelos de reconocimiento del habla que transforman lo que comentan otras personas en texto; después, a través de modelos de lenguaje, se produce una respuesta adecuada al contexto de la conversación y, por último, generadores de voz convierten el texto en un audio con la voz del robot. Asimismo, emplea modelos de visión para reconocer, entre otras cosas, gestos de la cabeza y las manos y estimar la atención de su interlocutor, conjugando la información visual y oral que percibe.

"Un reto principal ha sido conseguir que todos estos modelos de IA ofrezcan una interacción ágil con el usuario, a pesar de que se ejecutan en un entorno con pocos recursos computacionales", señala Rodríguez Aguilar.

Toma de decisiones

El robot toma decisiones de forma autónoma en función de una serie de "objetivos vitales" previamente definidos. En cada momento, los modelos calculan qué acción -contar un chiste, continuar un juego o cambiar de actividad terapéutica- maximiza la utilidad esperada de esos objetivos, priorizando los más básicos.

El sistema predice cómo podrían reaccionar tanto el niño como el terapeuta frente a sus acciones

Además, para ello, el sistema predice cómo podrían reaccionar tanto el niño como el terapeuta frente a sus acciones. Las consecuencias de estas decisiones influyen directamente en el estado emocional del robot, lo que, a su vez, modifica sus propios objetivos y comportamientos. "Básicamente, si el resultado de una decisión es positivo, el robot se pone más contento; cuanto más inesperado es ese resultado, mayor es la intensidad de esa emoción. Si es negativo, ocurre lo contrario", explica Ríos Insua.

Comunicación terapéutica

El equipo ha adaptado los modelos de generación de habla para ajustarse a las dinámicas habituales en las sesiones terapéuticas. Además, emplean distintos tonos de voz -enfático o alegre, neutro, triste o enfadado- que facilitan la comprensión y la respuesta por parte del niño.

Para reproducir estos matices, el equipo ha clonado las voces de un actor y una actriz, a partir de las cuales el robot puede generar los distintos tonos de habla, los susurros y el arrastre de letras necesarios en las actividades terapéuticas.

Los gestos

En la rama de la IA que permite a los robots interpretar el mundo visual, conocida como visión por computador, también se ha adaptado, entre otros, el modelo de reconocimiento de gestos. El sistema tiene en cuenta formas de comunicación no verbal frecuentes en algunas personas con autismo, como señalar objetos, mover la cabeza para expresar afirmación o negación y realizar gestos con la mano.

Por otro lado, las expresiones faciales y corporales del robot han requerido un diseño especialmente cuidadoso y adaptado. Más allá de esta aplicación, el dispositivo, señalan sus creadores, tiene muchos otros usos como el acompañamiento de personas mayores, en la enseñanza de idiomas o en el apoyo de pacientes de larga duración en hospitales.

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