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Intervención pionera

Operado en Barcelona un feto que había desarrollado el intestino fuera del cuerpo: "Es la primera cirugía que se hace en Europa"

Los médicos de Sant Joan de Déu y el Clínic practicaron dentro del útero materno una intervención de alto riesgo, ya que cualquier error podía provocar contracciones o un paro cardiaco en el niño

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Imagen de la cirugía pionera hecha por Sant Joan de Déu y el Clínic.

Imagen de la cirugía pionera hecha por Sant Joan de Déu y el Clínic. / SJD

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Beatriz Pérez

Beatriz Pérez

Barcelona
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Los hospitales de Sant Joan de Déu y el Clínic de Barcelona –ambos conforman el consorcio de medicina maternofetal y neonatología BCNatal– han operado, por primera vez en Europa, a un feto de 28 semanas que había desarrollado los intestinos fuera del cuerpo. Pesaba apenas 700 gramos y sus tejidos eran como "papel de fumar". Hubo que colocarlo antes en una posición "antinatural" dentro del útero de la madre para intervenirlo. "Es una cirugía pionera, la primera en Europa. En EEUU se habían realizado dos", ha explicado este jueves en rueda de prensa el director de BCNatal, Eduard Gratacós. Hoy ese bebé, Tiago –que nació seis semanas después de la intervención, a las 34 semanas de gestación, tiene dos meses, pesa 4 kilos, se encuentra bien y se alimenta correctamente.

El feto, que fue operado el pasado 10 de febrero dentro del útero de la madre, Camila, presentaba una gastrosquisis, una malformación congénita en la que los intestinos –y a veces otros órganos– se desarrollan fuera del cuerpo a través de un orificio en la pared abdominal, situado a la derecha del cordón umbilical, que no se cierra correctamente durante el embarazo. Como no están protegidos, los intestinos quedan expuestos al líquido amniótico, se inflaman, pierden riego sanguíneo y pueden sufrir necrosis, con consecuencias muy graves para el bebé una vez nace. "Es una anomalía rara que ocurre en tres o cuatro casos de cada 10.000. En España hay 140 casos al año", ha dicho Gratacós.

El bebé, que ahora tiene dos meses y se alimenta correctamente, sufría una "gastrosquisis compleja": la mayoría de casos acaban necesitando alimentación intravenosa o un trasplante intestinal

Los padres con su bebé, Tiago, de dos meses en brazos.

Los padres con su bebé, Tiago, de dos meses en brazos. / SJD

El del bebé Tiago representaba además un caso de "gastrosquisis compleja", que representa entre un 15% y un 20% de todas las gastrosquisis. "En los casos complejos de gastrosquisis, el intestino puede dañarse dentro del útero y estrangularse al salir por el defecto de la pared abdominal –explica Gratacós–. Si no se realiza nada, que era lo que hacíamos hasta ahora, el bebé al nacer tiene un intestino muy dañado y las familias viven un auténtico calvario". Junto a él, el doctor Xavier Tarrado, jefe de Cirugía de Sant Joan de Déu, ha precisado ese "calvario": "Los casos complejos de gastrosquisis suponen necesidad de alimentación parenteral [administración de nutrientes por vía intravenosa], un trasplante intestinal, riesgo de sepsis, etcétera".

Detección en una ecografía

Todo empezó en el Hospital Clínic, que comenzó a hacer seguimiento de Camila, una mujer de 20 años embarazada. "En una ecografía vimos que, aunque era un feto que se desarrollaba bien, las asas intestinales estaban fuera", ha contado por su parte el doctor Josep Maria Martínez, especialista en Medicina Fetal del Clínic. Aunque la mayoría de las gastrosquisis tienen "muy buen pronóstico" porque "se operan al nacer", no sucede lo mismo con las que son complejas. "Nosotros fuimos muy honestos explicándoles a los padres que nunca habíamos hecho esta cirugía, aunque sí se había realizado en América. Les dijimos que estábamos preparados. Y aceptaron porque querían mucho a su bebé, aunque había muchas posibilidades de que saliera mal", ha ilustrado Martínez.

Para realizar esta cirugía hubo que girar al bebé: había que cambiar la postura natural del feto y colocarlo boca arriba, en posición "antinatural"

La operación se llevó a cabo en dos tiempos. Primero se inyectó una toxina botulínica en el abdomen de la madre para relajar la musculatura. Los médicos esperaron dos semanas para que hiciera efecto. Entonces la mujer entró a quirófano, donde se le puso una anestesia general. Allí se le hizo una incisión tipo cesárea para hacer una buena entrada en el útero a través de una endoscopia.

Para realizar esta cirugía hubo que girar al bebé, es decir, había que cambiar la postura natural del feto y colocarlo boca arriba, en posición "antinatural". "Una vez se consiguió esto, el cirujano pediátrico, en este caso el doctor Tarrado, tuvo que trabajar en un entorno muy pequeño, con un paciente de 700 gramos al que hay que mantener exquisitamente relajado. Sabemos que cualquier error puede producirle un paro cardiaco. Sus tejidos eran como papel de fumar", ha ilustrado Gratacós.

Imagen de operación
Imagen de operación

"Había que engañar a la naturaleza para que el útero no se diera cuenta de que lo estábamos operando, porque había riesgo de que hubiera contracciones"

— Eduard Gratacós. Director de BCN Natal

A través de una laparoscopia se reintrodujeron los intestinos del feto en la cavidad intestinal. "Y luego suturamos", ha dicho el doctor Tarrado. "Había riesgo de que el bebé perdiera una parte del intestino, pero eso no ocurrió y ahora ya tiene dos meses, pesa cuatro kilos y hace una dieta totalmente normal. Pero la operación se hizo en un feto y teníamos que manipularlo sin lesionarlo; su intestino tenía una pared muy finita", ha añadido. La cirugía duró dos horas y media. Según el doctor Gratacós, BCNatal llevaba un año esperando a hacer esta cirugía. "Necesitábamos el caso adecuado. La complejidad estaba en que había que engañar a la naturaleza para que el útero no se diera cuenta de que lo estábamos operando antes de que el bebé naciera", ha dicho.

Sentada junto a los médicos, Camila, la madre de Tiago, ha expresado su agradecimiento a los doctores. "Gracias a vosotros tengo a mi bebé aquí conmigo. Tuve muchos nervios, no era algo que esperaba que sucediera cuando me quedé embarazada. Incluso el padre y yo tuvimos dudas sobre si aceptar o no la cirugía, pero el doctor me ayudó a convencerme. Fue una experiencia de muchos nervios que finaliza con mucha felicidad", ha expresado esta mujer.

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