Investigación por violencia infantil
Salut sancionará al Hospital de Sant Pau e investiga a Sant Joan de Déu por "fallos" en la detección del bebé maltratado
La inspección sanitaria de la conselleria sospecha que la alerta de violencia infantil "se debería haber activado en Sant Joan de Déu"
El departamento admite que el protocolo no se aplicó de forma correcta: los profesionales pecaron de excesiva confianza y hubo "discriminación positiva" al saber que la madre era enfermera
Salut reforzará la formación de médicos y enfermeras en violencia infantil tras el caso del bebé maltratado
Cuatro hospitales y un CAP en 15 días (y una serie de indicios sin detectar): cronología del caso del bebé maltratado en Barcelona
Los hospitales ingleses basan su protocolo de violencia infantil en una mirada sin prejuicios: "No damos nada por sentado"

El Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, centro pediátrico en el que el menor estuvo el 7 de marzo sin levantar sospechas. / Jordi Cotrina

La Conselleria de Salut sancionará a los centros sanitarios por los que pasó el bebé maltratado presuntamente por sus padres y que no detectaron los indicios de violencia física y sexual que presentaba el lactante durante los exámenes que le practicaron. El departamento da por hecho que multará al Hospital de Sant Pau y está acabando de determinar si también amonestará a Sant Joan de Déu y al CAP Roger de Flor. El Hospital del Mar, en principio, quedaría fuera de las sanciones.
La investigación sanitaria sospecha que "el protocolo de violencia infantil se debería haber activado en Sant Joan de Déu", reconoce a EL PERIÓDICO Clara Pareja, directora general de Ordenació i Regulació Sanitària de la conselleria. Salut aún está tratando de confirmar si las lesiones de larga evolución detectadas el 16 de marzo, cuando saltaron las alarmas y el caso se derivó a Vall d'Hebron, ya estaban presentes en la visita del día 7 al gran hospital pediátrico de Catalunya.
"El sistema ha fallado en diferentes aspectos. De entrada, hubo una discriminación positiva porque la madre era sanitaria"
"El sistema ha fallado en diferentes aspectos. De entrada, hubo una discriminación positiva porque la madre era sanitaria", admite Pareja, en alusión al hecho de que la madre del bebé es enfermera de Traumatología de Vall d'Hebron. El departamento todavía no ha decidido la cuantía económica de la sanción, que en todo caso será a los centros y no a los profesionales.
La conselleria considera que los sanitarios pecaron de excesiva confianza al saber que la madre es enfermera, motivo por el que no activaron la alerta. En el marco de la investigación, Salut también revisará el protocolo de actuación e introducirá "elementos correctores" para reforzar la formación en violencia infantil que reciben médicos y enfermeras en hospitales y centros de atención primaria.
Los conocimientos de la madre como enfermera, sus explicaciones "coherentes" y otras "distracciones", como acudir a centros diferentes, hizo que los sanitarios no exploraran "a fondo" al bebé
Salut reconoce que, una vez se activó el protocolo y se examinó a fondo el bebé, se detectó que el lactante presentaba lesiones de "larga evolución", esto es, se remontaban a antes de la segunda visita a Sant Pau. "Que tenía costillas rotas se evidenció el 16 de marzo en Vall d'Hebron. Ahí se hicieron radiografías y se vieron las fracturas", señala Pareja.
Pero antes —según fuentes de este diario—, el 7 de marzo este niño fue a Sant Joan de Déu con febrícula, hematomas en los genitales, costillas rotas que pasaron inadvertidas y taquicardia. No se le hizo ninguna radiografía: los médicos le dieron un biberón, lo calmaron y lo enviaron a casa. La "falta de desconfianza" hacia la madre fue lo que hizo que los sanitarios no fueran "a fondo" y "de manera más cuidadosa" en la "exploración" del bebé.
La sanción económica será a los hospitales por los que pasó el bebé y no a los sanitarios que lo trataron
Así, las alertas no saltaron hasta el 16 de marzo, en la segunda visita que los padres hicieron a Sant Pau, y cuando ya había signos evidentes de lesiones compatibles con violencia física y sexual. Esto ocurrió después de un periplo de dos semanas en que los progenitores llegaron a acudir hasta a tres hospitales y un CAP. Ninguno vio nada extraño.
Ese 16 de marzo, con motivo de esas graves lesiones –que incluían, además de la fracturas y los hematomas, fisuras anales–, Sant Pau derivó al bebé al Hospital Vall d'Hebron, que cuenta con una unidad especializada en maltrato infantil, y que el día 18, tras realizar pruebas al bebé, activó el protocolo de violencia infantil. Fue ahí cuando Salut abrió una investigación interna sobre este caso tan extremo y la inspección sanitaria del departamento interrogó a todos los sanitarios que trataron al bebé, que estuvo un mes hospitalizado. El mismo día 18 los Mossos detuvieron a los padres y dos días después el juez ordenó su entrada en prisión preventiva.
"Elementos distractores"
El niño nació el 3 de febrero en el Hospital Vall d'Hebron, donde trabajaba la madre. El 1 de marzo, los progenitores lo llevaron al Hospital del Mar por un episodio de tos, reflujo y vómitos. Los médicos comprobaron que no tenía obstrucción intestinal y le colocaron una sonda de orina para recogerle una muestra y practicarle un estudio bacteriológico. El 7 de marzo, fueron a Sant Joan de Déu, donde ya presentaba hematomas en la pierna y la zona genital que no levantaron sospechas.
Tanto los pediatras y enfermeras de este hospital como los que lo visitaron posteriormente, el 10 de marzo, en el CAP Roger de Flor y en el Hospital de Sant Pau, creyeron la explicación de la madre, que esgrimió que los hematomas se debían a la sonda de orina que le fue colocada en el Mar. La madre, que utilizaba un "lenguaje" y un "discurso" propios de una sanitaria, no despertó la desconfianza de los sanitarios que examinaron al niño, como explica Pareja.
En uno de los centros el niño fue visitado por una residente de primer año y "fue la madre del pequeño quien dirigió la exploración"
En algún momento de este recorrido asistencial, ella explicó que los hematomas se debían a que le habían quitado la sonda "de malas maneras", explica Pareja. Los sanitarios confiaron en sus palabras. Uno de ellos hasta dejó por escrito en el historial del bebé que los padres presentaban un "discurso coherente". "Te pongo otro ejemplo: en uno de esos centros, el niño fue visitado por una residente de primer año y fue la madre del pequeño quien dirigió esa exploración", ilustra Pareja.
Cualquier hematoma en cualquier parte del cuerpo de un recién nacido –especialmente en zonas internas como orejas, cuello, mejillas, nalgas o genitales– es motivo suficiente para activar el protocolo, algo que no se hizo. "La clínica es la clínica y la clínica manda. Pero hubo prejuicios, una discriminación positiva porque la madre era sanitaria y aparentemente parecían una familia estructurada", admite Pareja.
"Esta madre utilizó una serie de elementos distractores que impidieron que los sanitarios vieran claramente el caso como violencia infantil"
"Esta madre también utilizó una serie de elementos distractores que impidieron que los sanitarios vieran claramente el caso como violencia infantil", apunta la directora general. En este sentido, menciona el detalle de que la madre llevara al niño a todas las visitas obligatorias de su centro de atención primaria, que era el CAP Roger de Flor. "Suele alertar que, en el primer año de vida, los padres no lleven a su hijo a estas visitas, que son obligatorias", explica Pareja. No era el caso.
Además, entre el 1 y el 16 de marzo, los padres visitaron hasta tres hospitales y un CAP. Nunca acudieron al mismo centro. Tampoco fueron a Vall d'Hebron, donde la madre trabajaba y que por tanto es de suponer que era su hospital de confianza. Esto también dificultó la trazabilidad del caso, pese a que todas las visitas quedan registradas en el historial clínico del sistema de salud. Otro elemento distractor, según Salut, es que, en la primera visita a Sant Pau —el 10 de marzo—, los padres acudieron con el niño justamente en un "cambio de turno": llegó al hospital a las 14.30 horas, media hora antes de que se fueran unos profesionales y entrasen otros.
"Faltó desconfianza"
Salut sostiene que el error de los sanitarios que atendieron al bebé fue no desconfiar. "No era un caso fácil. Además, los profesionales no quisieron creer que se pudieran estar produciendo agresiones físicas y sexuales en un niño tan pequeño. Faltó esa mirada de desconfianza", señala Pareja, quien, además, matiza que, aunque en la segunda visita a Sant Pau el niño ya presentaba signos muy graves, antes "no parecía un niño roto".
Esa falta de desconfianza, esa "aceptación" del discurso de la madre, esos "elementos distractores" y esa negativa a aceptar el horror de este caso fueron los factores que, según Salut, dificultaron que los médicos y enfermeras fueran "a fondo" y "de manera cuidada en la "exploración" del niño.
Cualquier hematoma en un bebé, especialmente en orejas, cuello, mejillas, nalgas o genitales, es motivo suficiente para activar el protocolo: "La clínica es la clínica y la clínica manda"
Pareja lamenta este caso "tan desgraciado" y que el niño pueda arrastrar "secuelas" de por vida. "Pero como departamento también queremos estar al lado de todas las personas que estén sufriendo en este proceso", dice, en clara alusión a los sanitarios a los que se les pasó este caso. "Están destrozados", afirma.
También muestra su voluntad por que un caso así "no vuelva a pasar". Salut quiere que el caso de este niño de Barcelona marque un antes y un después, como lo hizo el del bebé Ryan de Madrid: un recién nacido de 15 días, hijo de una fallecida por gripe A, que en 2009 murió tras una negligencia de una enfermera que le administró comida por vía intravenosa en vez de por una sonda nasogástrica. "Siempre ponemos este caso como paradigmático. Este caso sirvió para cambiar protocolos. Se cambió hasta el color de las jeringuillas", recuerda Pareja.
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