Tras el 'caso Noelia'
Pere Puig recibe la eutanasia y se convierte en el segundo paciente psiquiátrico de Catalunya en acceder a la muerte digna en un mes
El vecino de 54 años de Reus recibe la prestación tras acreditar la comisión de la eutanasia un sufrimiento grave y cronificado: "Tengo una depresión severa crónica resistente desde hace más de 20 años", explicó él a EL PERIÓDICO
La comisión de la eutanasia avala la muerte digna de Pere, el vecino de Reus con una depresión severa: "No hay posibilidad de curación ni de mejora"
Pere, con depresión severa desde hace 20 años, pide la eutanasia por tercera vez: "Mi vida no es digna, padezco un sufrimiento crónico e intratable"

Pere Puig, el vecino de 54 años de Reus con depresión crónica refractaria que pide la eutanasia. / Pau Gracià

Pere Puig Ribas, el vecino de Reus (Baix Camp) de 54 años que había pedido la eutanasia hasta tres veces, ha recibido ya la muerte digna. Este hombre recibió la prestación de ayuda a morir este jueves 16 de abril, tal y como dejó escrito en su blog y han confirmado diferentes fuentes de EL PERIÓDICO. Este viernes, la familia ha publicado una esquela.
Pere, con una depresión severa de más de 20 años de duración y refractaria a los tratamientos, es el segundo paciente psiquiátrico en conseguir la eutanasia en el último mes en Catalunya, tras Noelia Castillo Ramos, la joven de 25 años cuyo caso llegó a Estrasburgo. En su blog, Pere dejó escrita su voluntad de ser donante de órganos.
Pere pidió la muerte digna en tres ocasiones hasta que finalmente la consiguió
Pere Puig llevaba desde 2023 reclamando la eutanasia. La pidió tres veces hasta que la consiguió. "Tengo una depresión severa crónica resistente desde hace más de 20 años. En 2012 sufrí un empeoramiento muy fuerte y empecé a ingresar en unidades psiquiátricas. Tengo ansiedad las 24 horas del día y ataques de pánico diarios", explicaba en EL PERIÓDICO hace un mes. Desde hacía tres años, su degradación, aseguraba, era "diaria y devastadora" y afectó incluso a su salud física: Pere tenía dolor crónico, hipertensión y perdió 10 kilos de masa muscular. Su caso lo respaldó la entidad Dret a Morir Dignament (DMD).
Hacía tres años que Pere se pasaba el día en la cama. No trabajaba y tenía una discapacidad del 68% desde 2006. No salía de casa, ya que también sufría agorafobia. Tenía intolerancia a 15 fármacos diferentes y aseguraba haber probadoo "todas las terapias" –tanto las de "dentro" como las de "fuera" de la ciencia–. Consideraba que su vida "no era digna".
Qué dice la ley
La ley orgánica de regulación de la eutanasia (LORE), vigente en España desde marzo del 2021, otorga un nuevo derecho sanitario que protege la libre elección del momento de la muerte a las personas mayores de edad, españolas o residentes, que estén en "contexto eutanásico" y mantengan capacidad de hecho. Este "contexto eutanásico" está definido en el artículo tres de la LORE en dos supuestos: un sufrimiento grave, crónico e imposibilitante, y una enfermedad grave e incurable.
La ley española de regulación de la eutanasia reconoce las enfermedades mentales
La LORE no habla de diagnósticos ni excluye ninguna enfermedad ni sufrimiento. Solo habla de "situaciones". Por lo tanto, no deja fuera las enfermedades mentales, que se incluirían en el primer supuesto, como sí ocurre en legislaciones de otros países como Canadá. Este es el caso, por ejemplo, tanto de Pere Puig Ribas, como de Noelia Castillo Ramos, ambos pacientes psiquiátricos que se enfrentaron a más trabas para acceder a la prestación.
En marzo de este año, en su tercer intento de acceder a la muerte digna, la Comissió de Garantia i Avaluació de Catalunya (CGAC) –órgano multidisciplinar de carácter administrativo que aprueba o deniega las peticiones de eutanasia– avaló la petición de Pere. El órgano confirmó que su "trastorno ansioso-depresivo" incidía de manera directa en el "empeoramiento global de su estado y en el deterioro físico asociado". "La combinación de la patología psíquica y del deterioro físico limita de manera significativa su autonomía y su capacidad para llevar a cabo las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria", recogía la comisión en su escrito.
La comisión estimó que no había posibilidades de mejora, que Pere había agotado todas las vías terapéuticas y, sobre todo, acreditó "la existencia de un sufrimiento psicológico grave y cronificado", que afectaba "profundamente" a su "calidad de vida" y que "dificultaba" su "autonomía personal". Un mes después, este 16 de abril, Pere Puig Ribas por fin accedió a la muerte digna por la que estuvo peleando tres años.
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