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La salud va por barrios

Los problemas de salud se duplican entre las personas más pobres en Catalunya: la mitad tiene enfermedades crónicas

La esperanza de vida separa barrios de Barcelona con diferencias de más de 11 años

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La esperanza de vida aumenta en Barcelona, pero hay desigualdades entre barrios.

La esperanza de vida aumenta en Barcelona, pero hay desigualdades entre barrios. / Jordi Cotrina

Laura Fíguls / Pau Cortina / Mar Martí (ACN)

Barcelona
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La mitad de las personas situadas en el tramo de renta más pobre (el 40% con menos recursos) tiene problemas de salud o enfermedades crónicas. En cambio, entre el resto de tramos de renta, el porcentaje baja hasta una cuarta parte, según recoge el Informe Social 2025 de la Generalitat. Son datos analizados por ACN con motivo del Día Mundial de la Salud, el 7 de abril. El Informe Social también muestra que factores como la renta pueden hacer variar la esperanza de vida en todo el territorio: las diferencias entre municipios se sitúan en 2,4 años, mientras que en Barcelona superan los 11 años entre barrios. Las expertas entrevistadas ponen el foco en el peso de las condiciones de vida —como el sistema educativo, la alimentación, el trabajo o la vivienda— en la salud.

Los datos del Informe Social, que el Govern publicó en febrero, muestran que el nivel de renta y el código postal influyen en la salud de las personas. Según el estudio, la relación entre nivel de vida y estado de salud se refleja en muchos indicadores, con diferencias de más de 10 puntos en la prevalencia de limitaciones de movilidad, diabetes u obesidad entre los grupos más favorecidos y los que menos lo están.

El informe apunta que estas desigualdades están "estrechamente vinculadas a los hábitos y comportamientos de salud, condicionados por factores socioeconómicos como el acceso a alimentos saludables, el tiempo disponible o las condiciones laborales".

Aïda Solé-Auró, profesora agregada de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) y miembro del Grupo de Investigación en Sociodemografía (DemoSoc), señala que las personas con más ingresos "están más protegidas" gracias a factores como el nivel educativo, mientras que las que tienen menos recursos "tienden a padecer más enfermedades crónicas y discapacidades funcionales". "Esta brecha se explicaría por distintos factores y el nivel educativo condiciona nuestros estilos de vida, la prevención y el uso de los recursos sociosanitarios", expone.

Berta Rodoreda, enfermera del CAP Santpedor e investigadora del Institut Català de la Salut (ICS) que ha liderado una guía para incluir los determinantes sociales en la historia clínica de los pacientes, alerta, por ejemplo, de que las personas con menos recursos a menudo no acceden a los programas de prevención y detección precoz. Precisamente, el coordinador de la Unidad de Cribado del Hospital Clínic, Jaume Grau, advirtió hace unos días de que la participación en el programa de detección del cáncer colorrectal está muy ligada al nivel socioeconómico.

La médica especialista en medicina preventiva y salud pública Cinta Daufí pide "abandonar la idea de que la salud es una cuestión individual" y advierte de que las desigualdades empiezan incluso antes de nacer, con el seguimiento y las formas en que puede vivirse el embarazo. "La salud depende enormemente de las condiciones de vida", dice esta doctora, coordinadora del grupo de trabajo de Inequidades de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (Camfic).

Daufí advierte de que, según las condiciones de vida de las personas, la capacidad de elegir es "muy limitada". "A menudo se piensa: 'Yo decido comer saludable', 'yo decido no estresarme', pero mucha gente eso no lo puede decidir", afirma.

Para esta médica, la obesidad infantil es un ejemplo claro. Según datos del Programa de prevención y abordaje de la obesidad infantil (POICAT), la prevalencia de la obesidad se duplica en niños de grupos sociales menos favorecidos (16,8%) respecto a los de los grupos más acomodados (7,9%). "El problema de la obesidad infantil es un problema de pobreza infantil", alerta.

La esperanza de vida

La esperanza de vida en Catalunya —y en España— es una de las más altas del mundo y se sitúa en 84,2 años, pero hay diferencias entre mujeres (86,7 años) y hombres (81,5), entre municipios y, sobre todo, entre barrios, como en el caso de Barcelona. El informe de la Generalitat indica que, por cada 5.000 euros adicionales en la renta disponible del barrio se ganan de media 10 meses de vida.

Solé-Auró indica que el código postal es un "predictor muy potente de la esperanza de vida", pero subraya que, además de cuantificar los años de vida, es muy relevante "saber cómo se vivirán", lo que se denomina la esperanza de vida en buena o mala salud. Los avances sanitarios y sociales pueden ayudar, prevé, a mejorar la calidad de vida de esos años.

También apunta que las desigualdades sociales se ensanchan con la edad: "Las personas con mejores condiciones sociales, laborales y de salud se van distanciando cada vez más, en términos de años de vida, de quienes envejecen acumulando desventajas".

Por su parte, Daufí va más allá al destacar la importancia del lugar en el que se vive y recuerda que las personas sin hogar viven unos 25 años menos que el resto de la población, de acuerdo con estimaciones de Arrels Fundació.

Políticas específicas

Para los expertos, las desigualdades sociales en salud no quedarán neutralizadas solo por el sistema sanitario universal y la escuela pública. Solé-Auró remarca que hacen falta políticas "más específicas" para los grupos más desfavorecidos: "Su papel [el del sistema de salud público y la escuela] es importante, pero debe ir acompañado de un diseño de políticas públicas que favorezca a aquellas personas más desprotegidas".

Rodoreda pide tener en cuenta los determinantes sociales "no solo en el ámbito sanitario, sino también en el político". Daufí recalca también que hay que trabajar desde una perspectiva de equidad y advierte de que, si todas las medidas son siempre homogéneas, iguales para todo el mundo, estas desigualdades se acentúan.

La parte del "iceberg" que no se ve

Rodoreda ha liderado una guía para incluir los determinantes sociales en la historia clínica de los pacientes, que se estructura en grandes temáticas, como el trabajo, la vivienda o el entorno social. "Un registro como este facilita la atención y educar en el tratamiento, ya que, si no, muchas veces solo vemos la punta del iceberg. Eso provoca un uso de pruebas y de fármacos que puede no resolver las necesidades reales de las personas", destaca esta investigadora del Institut Català de la Salut (ICS) de la Gerencia Territorial de la Catalunya Central.

Esta enfermera recuerda a un paciente con una necrosis que había empeorado pese a tomar antibiótico y, cuando le preguntaron si se lo había tomado, respondió que no podía pagárselo. Para ella, la atención habría cambiado mucho si desde el primer momento hubieran sabido que no podría pagarlo.

La guía se terminó de desarrollar en 2023 y se ha implementado en el programa informático del ICS. Ahora se está difundiendo para que los profesionales la conozcan y la vean como una "herramienta favorable".

Rodoreda cree que la herramienta no debe representar una sobrecarga para los profesionales "porque la base de la atención primaria es la longitudinalidad", en referencia a la relación del médico o la enfermera con el paciente a lo largo del tiempo y al vínculo que se crea. Además, recalca que muchos usuarios que han conocido la guía han encontrado en ella una humanización de la atención sanitaria al verse como "una persona con una historia detrás".

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