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"La enfermedad de las mil caras"

Vall d'Hebron identifica unos biomarcadores que detectan la esclerosis múltiple en "fases preclínicas"

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Una persona con eslcerosis múltiple en silla de ruedas.

Una persona con eslcerosis múltiple en silla de ruedas. / Europa Press

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Beatriz Pérez

Beatriz Pérez

Barcelona
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Diagnosticar la esclerosis múltiple en estadios precoces, cuando esta aún no se ha manifestado, es posible. Un estudio liderado por el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona ha logrado identificar algunos biomarcadores que indican qué pacientes con el Síndrome Radiológicamente Aislado (RIS, por sus siglas en inglés), que es una "fase preclínica" de la esclerosis múltiple, acabarán desarrollando la enfermedad. Estos resultados acaban de ser publicados en 'JAMA Neurology' y ha contado con la participación de profesionales de más de 30 hospitales e institutos de investigación. Los resultados de este estudio proporcionan a los neurólogos una herramienta aplicable en la práctica clínica diaria.

"El RIS es como una esclerosis múltiple asintomática, donde solo observan lesiones pero la persona no tiene ningún síntoma específico. Por ejemplo, el típico paciente que se hace una resonancia magnética del cerebro por motivos por motivos no relacionados —como un pequeño golpe o contusión en la cabeza— y los médicos ven en su cerebro signos de esclerosis múltiple, pese a que se se encuentra perfectamente bien", explica el doctor Manuel Comabella, líder de este estudio y que forma parte del Centro de Esclerosis Múltiple de Catalunya, del Servicio de Neurología de Vall d'Hebron y del grupo de Neuroinmunología Clínica del Vall d'Hebron Instituto de Investigación (VHIR).

Según Comabella, estudios anteriores a este hallazgo señalaban que un 34% de los pacientes con RIS acaban desarrollando síntomas de esclerosis múltiple cinco años después del diagnóstico y hasta un 50% a los 10 años. Ahora, la investigación liderada por Vall d'Hebron —que ha estudiado diferentes biomarcadores tanto del líquido cefalorraquídeo, de la sangre como ambientales— indica que es posible identificar y ofrecer tratamiento precoz con valor preventivo a las personas con mayor riesgo de desarrollar síntomas.

Una "espera vigilada"

Hasta ahora, como precisa este doctor, no era posible hacer un diagnóstico precoz de la esclerosis múltiple. Lo que se hacía con las personas diagnosticadas con RIS era una "espera vigilada", esto es, un "seguimiento regular" del paciente. "No hay una evidencia suficiente para recomendar un tratamiento farmacológico a estos pacientes para retrasar la aparición de síntomas. Tampoco tenemos unas directrices claras sobre quiénes deberían recibir un tratamiento precoz", apunta Comabella.

"Este estudio nos permite identificar unos marcadores que hacen que podamos empezar antes el tratamiento porque esta persona tiene un riesgo alto de acabar desarrollando los síntomas de esclerosis múltiple", añade este neurólogo. En los últimos años ha aumentado muy significativamente el "abanico de tratamientos" para la esclerosis múltiple, pero el problema es que muchas veces se empieza a aplicar "cuando ya está diagnosticada la enfermedad".

Sin embargo, como en muchas otras enfermedad, el tiempo es "clave" en la esclerosis múltiple. Y este nuevo descubrimiento permite "jugar con un período de varios años" en que la persona se podría tratar antes para frenar la aparición de síntomas. "Aunque de momento no tiene cura, cuanto antes se inicie un tratamiento mayores son las posibilidades de frenar la progresión de la enfermedad", explica Comabella.

¿Qué es la esclerosis múltiple?

En España, unas 55.000 personas tienen esclerosis múltiple, una enfermedad neurológica, autoinmune y crónica que se diagnostica principalmente en mujeres entre los 20 y 40 años, y que constituye la segunda causa de discapacidad en adultos jóvenes en nuestro país.

La esclerosis múltiple se caracteriza porque las defensas naturales del organismo dejan de trabajar con normalidad y dañan el sistema nervioso central. Es conocida como "la enfermedad de las mil caras" puesto que se manifiesta de manera diferente en cada persona, variando sus síntomas y evolución. Se asocia con síntomas muy diversos, siendo el más común la fatiga y la neuritis óptica (inflamación del nervio óptico por la que el paciente tiene problemas de visión). Otros posibles signos son la dificultad en la movilidad de las extremidades, las alteraciones sensitivas, los temblores, la pérdida de equilibro o los mareos, entre otros.

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