NAVIDAD
Evita cocinar con gambas esta Navidad: su ingesta puede acumular metales tóxicos para el organismo
No es señal de alarma, pero es preferible que se dejen de lado ciertas elaboraciones en las que predominen las gambas y su jugo en las comidas y cenas de Navidad

Los langostinos son un plato típico en la cena de Navidad / ShutterStock
Llegan las celebraciones navideñas y, con ello, la elaboración numerosos platos en los que el marisco es el protagonista. Ponemos por encima las preferencias de la gente antes que los valores nutricionales que puedan tener los platos que elaboramos, desconociendo si la mayoría de ellos son buenos para el organismo o lo están deteriorando por momentos.
Algo así pasa con uno de los ingredientes más comunes de estas fechas: las gambas. Ha sido una profesora de nutrición de la Universidad Europea, Andrea Calderón, la que recomienda cocinar ocasionalmente este alimento. No es un problema siempre que no se convierta en un hábito, pero buscar alternativas a los platos que contengan gambas siempre tendrá un impacto más positivo en nuestro cuerpo que seguir consumiéndolas en estas fechas.
Sí, su consumo ofrece grandes beneficios nutricionales porque son productos ricos en proteínas y con bajo contenido en grasas, pero también genera debate la popular práctica de chupar la cabeza de estos crustáceos. Andrea Calderón advierte sobre los posibles riesgos de esta famosa costumbre y ofrece una serie de recomendaciones para que su consumo no comprometa nuestra salud estas fiestas.
Reducir su consumo en Navidad: clave para un buen funcionamiento del organismo
Aunque la carne del cuerpo es la parte más nutritiva, hay una parte de este marisco que acumula compuestos que pueden resultar tóxicos para el cuerpo. Hablamos de la cabeza de las gambas y los langostinos, pues en ella se acumulan metales pesados, como cadmio o mercurio, además de toxinas ambientales.
Aunque no hay una alerta sanitaria sobre su consumo, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) recomienda evitar chupar las cabezas desde el año 2011 debido a su mayor concentración de toxinas. Incorporar alimentos ricos en este metal podría aumentar la exposición acumulativa, lo que supondría un riesgo para la salud a largo plazo.
¿Cuáles son los peligros?
Chupar las cabezas de las gambas en exceso puede dañar órganos como los riñones y el hígado, según indica Andrea Calderón. También puede aumentar la fragilidad ósea y, aunque una ingesta ocasional no suponga un riesgo significativo, "el consumo frecuente o en grandes cantidades puede superar los límites seguros establecidos", continúa Calderón. Además, esta exposición acumulativa podría afectar a largo plazo a personas vulnerables como niños, embarazadas y aquellos con enfermedades renales.
Para reducir la concentración de toxinas, se recomienda hervir el marisco, pues así la parte del metal se disuelve en el agua. Cocinar las gambas y los langostinos a la plancha puede concentrar grasas y, con ello, las sustancias liposolubles como algunos contaminantes.
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