Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

ONCOLOGÍA

Los expertos ante el supuesto sobrediagnóstico de los cribados de cáncer de próstata: "No podemos dejar de hacerlos"

Un nuevo estudio sugiere que desde los años 80 se han podido detectar lesiones que probablemente no hubieran conducido a un tumor

Ramón Reyes, presidente de la AECC: "Tenemos que saber por qué hay más cáncer que nunca en edades tempranas"

En España, fallecen aproximadamente 6.000 varones cada año a consecuencia de este tumor

En España, fallecen aproximadamente 6.000 varones cada año a consecuencia de este tumor / EUROPA PRESS

Marta Alberca

Madrid
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Cada año se diagnostican más de 25.000 nuevos casos de cáncer de próstata en nuestro país, cuya incidencia ha aumentado paulatinamente en los últimos años, lo que lo convierte en el tumor más frecuente entre los hombres, según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC). Un elemento clave para que estas cifras no sean mayores es la detección precoz para lo que el cribado se convierte en el mejor aliado. Sin embargo, un nuevo estudio publicado recientemente en la revista científica The British Medical Journal, pone entredicho su eficacia. 

Según este escrito, desde los años 80 se ha podido producir un sobrediagnóstico del cáncer de próstata en Europa, de manera que se han podido haber detectado en algunos casos lesiones que probablemente no hubieran conducido a un cáncer, lo que ha podido provocar tratamientos innecesarios, un impacto negativo en la calidad de vida de algunos pacientes y un gasto innecesario de recursos sanitarios. 

La investigación muestra un incremento en la incidencia coincidente con la implantación de los test PSA, que miden un antígeno específico relacionado con este tipo de tumor y están ampliamente extendidos en la práctica clínica, si bien su utilidad se ha puesto varias veces en entredicho. La doctora Rebeca Lozano, secretaria científica de SEOM y oncóloga médico del Hospital Universitario de Salamanca, explica en EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, que esto no es algo nuevo: "El cribado de cáncer de próstata mediante niveles de PSA sigue siendo objeto de debate y controversia. Esto no significa que el PSA carezca de valor, sino que debe aplicarse en contextos específicos y combinado con otras pruebas, como la resonancia magnética multiparamétrica u otros biomarcadores, con el fin de reducir el sobrediagnóstico".

Por ejemplo, los mayores aumentos de la incidencia se dieron en el norte de Europa, Francia y los países bálticos, especialmente en Lituania, donde las tasas se multiplicaron por ocho. La diferencia entre las tasas de incidencia más altas y más bajas en los distintos países osciló entre 89,6 por 100.000 hombres en 1985 y 385,8 por 100.000 hombres en 2007.

La mortalidad al alza

Otra de las conclusiones más polémicas del informe es que las tasas de mortalidad no se han beneficiado de forma paralela al incremento en la detección. Las diferencias entre la incidencia y la mortalidad "sugieren que la intensidad y la cobertura de los análisis de PSA ha sido un factor crítico para las tendencias al alza en la incidencia en cáncer de próstata en Europa", indica el escrito. También reconocen que su estudio tiene carácter observacional, por lo que no pueden extraerse conclusiones de causa-efecto entre los factores analizados, además de limitaciones que invitan a tomar sus resultados con cautela.

La clave está en educar de forma adecuada sobre los posibles beneficios y riesgos"

Rebeca Lozano

— secretaria científica de SEOM y oncóloga médico del Hospital Universitario de Salamanca

De hecho, no es el primer informe que evidencia esta relación, "estudios publicados previamente han demostrado resultados dispares en este escenario. El estudio ERSPC (European Randomized Study of Screening for Prostate Cancer) demostró una reducción en la mortalidad, mientras que otros estudios no han encontrado un beneficio claro con este cribado (PLCO – Prostate, Lung, Colorectal and Ovarian screening Trial). Por ello, la tendencia actual es un enfoque adaptado al riesgo, combinando el PSA con otras herramientas diagnósticas para mejorar los resultados·, explica la doctora Lozano.

La investigación analizó los datos de incidencia de cáncer de próstata en hombres de entre 35 y 84 años en 26 países europeos desde 1987a 2017. Asimismo, las tasas de mortalidad en el periodo entre 1980 y 2020 también se evaluaron. Además, los investigadores analizaron la realización de test de PSA en 12 países europeos. Según el estudio, la incidencia aumentó más del doble en la mayoría de los países entre 1990 y 2017, en paralelo con la adopción de la prueba de PSA, aunque el ritmo de aumento varió mucho entre países y a lo largo del tiempo. 

¿Cómo funciona el cribado?

Una de las consecuencias que puede tener esta nueva investigación es que la población general deje de participar en las pruebas diagnósticas, "la clave está en educar de forma adecuada sobre los posibles beneficios y riesgos, promoviendo un cribado más selectivo y adaptado al riesgo", argumenta la especialista.

Actualmente, existen dos tipos de cribado cuyo objetivo es reducir la mortalidad por cáncer de próstata y mejorar la calidad de vida de las personas que lo padecen. Por un lado, encontramos el cribado poblacional o sistemático, que es aquel que generalmente inician las autoridades sanitarias a toda la población de hombres asintomáticos que presentan factores de riesgo. En España no existe este tipo de cribado. 

Y, por otro, la detección precoz o cribado oportunista, que consiste en aquel que es impulsado por la propia persona afectada o por su médico. No obstante, tras el estudio europeo ERSPC, impulsado en 1991 en siete países, las distintas sociedades urológicas internacionales coinciden en que los programas de cribado conllevan un sobrediagnóstico y sobretratamiento sin determinar si la mortalidad se reduce. "La Asociación Europea de Urología (EAU) establece la recomendación de ofrecer cribado de PSA mediante un enfoque adaptado al riesgo, empleando no solamente el PSA, ya que parece ser insuficiente como herramienta aislada, sino incluyendo calculadoras de riesgo y resonancia magnética", concluye la doctora Lozano.