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PATOLOGÍA CRÓNICA

Medio millón de españoles sufren enfermedad inflamatoria intestinal y la mitad no sabe controlarla: ¿qué es y cómo se puede prevenir?

Un estudio internacional, en el que han colaborado hospitales españoles, afirma que cada año aumentan los pacientes afectados y preocupa la franja de edad entre los 20 y 30 años

Cerca de 400.000 españoles tienen enfermedad inflamatoria intestinal

Cerca de 400.000 españoles tienen enfermedad inflamatoria intestinal / XOAN ÁVAREZ

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Marta Alberca

Madrid
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Cada es vez más común que acudan a consulta pacientes jóvenes afectados por una enfermedad inflamatoria intestinal (EII). En nuestro país se diagnostican 10.000 nuevos casos cada año y se calcula que cerca de 400.000 españoles la sufren, muchos de ellos, en edades avanzadas, pero en las últimas décadas hay una mayor presencia en jóvenes de entre 20 y 30 años. Son aquellas patologías que que implican inflamación de los tejidos del tracto digestivo por tiempo prolongado (crónica), las más conocidas son el colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn. 

Son enfermedades crónicas por lo que las personas que la padecen se ven obligadas a convivir con ellas, por eso, es tan importante que los pacientes sean capaces de controlar sus síntomas, pero la mitad de ellos no lo consiguen, tal y como concluye el estudio IBD PODCAST1 publicado en la revista científica Digestive Diseases and Sciences e impulsada por la compañía biofarmacéutica AbbVie, en el que han participado investigadores españoles. 

“Las conclusiones del estudio son muy interesantes porque reflejan un control inadecuado de la enfermedad en aproximadamente el 50% de los pacientes tratados, a pesar de haber recibido tratamientos de primera línea y terapias avanzadas en un porcentaje elevado”, revela la Dra. Maribel Vera, Jefa de sección de la Unidad de EII en el Servicio de Gastroenterología y Hepatología del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid), que ha contribuido en el análisis.

A la vista de los resultados, parece que la respuesta clínica al tratamiento no es suficiente para saber si las personas responden a los fármacos o a la terapia. “Esto pone en evidencia que quizá tengamos que hacer las cosas de otro modo; que la monitorización de los pacientes después del tratamiento tendría que realizarse con medios más objetivos a la hora de deducir en qué punto de respuesta se encuentra realmente el paciente”, advierte la especialista.

Hay pacientes que pesar de haber recibido tratamientos de primera línea y terapias avanzadas no mejoran

Maribel Vera

— Jefa de sección de la Unidad de EII en el Servicio de Gastroenterología y Hepatología del Hospital Universitario Puerta de Hierro (Madrid)

¿Cuáles son los síntomas?

Los síntomas de la enfermedad intestinal inflamatoria varían según la intensidad de la inflamación y el lugar donde se desarrolla. Los síntomas pueden ser de leves a severos. Es probable que tengas períodos en los que la enfermedad está activa seguidos de períodos de remisión. Entre los signos y síntomas frecuentes de la enfermedad de Crohn y de la colitis ulcerosa se incluyen los siguientes: diarrea, fatiga, dolor y cólicos abdominales, presencia de sangre en las heces, disminución del apetito y pérdida de peso involuntaria. 

¿Hay diferentes tipos?

La EII comprende dos tipos de patologías: la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Aunque ambas se caracterizan por la inflamación crónica del tracto gastrointestinal y el alto efecto que tienen en la calidad de vida, se diferencian por la zona del aparato digestivo a la que afectan. El intestino delgado y el colon en el caso de la enfermedad de Crohn o el intestino grueso en el de la colitis. En concreto, el 72,7% de los pacientes con Crohn y el 40,9% de los pacientes con colitis ulcerosa que participaron estaban siendo tratados actualmente con terapias avanzadas. Aun así, en la mitad de ellos la enfermedad no había sido controlada.

“En la práctica clínica, tenemos que ver si el paciente ha mejorado serológicamente y a través de marcadores fecales, pero además hay otros marcadores, como los endoscópicos y los radiológicos, que nos hacen ver si la medicación o la terapia avanzada es realmente suficiente. Por lo tanto, no es que no reciban las terapias, sino que la enfermedad con esas terapias debería estar más controlada de lo que está», dice Vera.