Pandemia de covid-19

Catalunya comienza a desmontar sus vacunódromos al alcanzar el 80% de inmunizados

  • Salut arranca con el de La Farga de L'Hospitalet, que se adaptará para priorizar una "estrategia de proximidad" en busca de los no vacunados

  • De los 60 puntos de vacunación que hay en toda Catalunya, solo quedarán 19 en las próximas semanas dedicados a primeras dosis

Desmontaje del vacunódromo de La Farga (L’Hospitalet), este miércoles. FOTO DE PORTADA Y VÍDEO: MANU MITRU

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Beatriz Pérez
Beatriz Pérez

Periodista

Especialista en sanidad, temas de salud

Escribe desde Barcelona, Catalunya, España

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Con un 81% de su población mayor de 12 años inmunizada contra el covid-19, Catalunya ha comenzado este miércoles a desmontar sus vacunódromos. De los 60 puntos de vacunación que hay, solo quedarán 19. El primero en cerrar es, este miércoles, el de La Farga de L'Hospitalet de Llobregat, desde donde la secretaria de Salut Pública, Carmen Cabezas, ha atendido a los medios de comunicación. A lo largo de estos meses, en La Farga se han puesto unas 400.000 vacunas y han llegado a administrarse hasta 7.000 vacunas en un solo día.

"Vamos adaptando la estrategia de vacunación, por lo que puntos como este se adaptan para priorizar una estrategia de proximidad", ha dicho Cabezas, quien, como ya había comentado en otras ocasiones, ahora Salut Pública está centrada en "buscar a la gente que no se ha vacunado".

De momento, de los 60 puntos de vacunación repartidos por toda Catalunya, la 'conselleria' desmontará inminentemente, este miércoles, el de La Farga y el Palau Firal de Manresa. Muchos otros cerrarán en los próximos días. Salut dejará, de momento, 19 puntos de vacunación que se dedicarán a poner primeras dosis y otros 38 dedicados a poner segundas dosis pendientes. Pero la idea es, las próximas tres semanas, cerrar estos 38 que ponen segundas dosis cuando terminen y que solo queden los 19 para primeras dosis, aunque con menos dotación de personal (entre ellos, la Fira de Barcelona, el vacunódromo más grande de Catalunya). Y ello es porque Pfizer es la vacuna que más se administra en Catalunya y tiene un ciclo de 21 días.

La decisión de empezar a desmontar ya, poco a poco, sus grandes vacunódromos tiene que ver con una situación epidemiológica en la que "las tasas están bajando", ha explicado Cabezas. "Sin embargo, en estos últimos días, estamos estancados, como si ya hubiéramos bajado al máximo. Por eso es muy importante ver qué pasará estos próximos días y estar pendientes del otoño", ha precisado la secretaria de Salut Pública.

Cabezas ha detallado que los profesionales de los puntos que cerrarán se destinarán a reforzar esas estrategias de proximidad para vacunar a aquellos grupos de la población que todavía no han recibido ninguna dosis. También ha reivindicado el trabajo de los profesionales que durante la primera fase de la campaña ya han llevado a cabo estas estrategias comunitarias que ahora se refuerzan en colaboración con la atención primaria y entidades para vacunar en centros comerciales, mezquitas y mercadillos, entre otros.

Llamadas telefónicas

Cabezas ha hecho un llamamiento a aquellas personas que todavía no se han vacunado a hacerlo tanto en los puntos de vacunación que se mantendrán abiertos como en las estrategias comunitarias que se impulsarán desde el departamento: "Es importantísimo", ha reivindicado. Salut ha hecho llamadas telefónicas a más de 15.000 personas de entre 20 y 40 años que no se quieren vacunar. ¿Los motivos? "La mitad dicen que no lo consideran necesario. Pero hay que recordar que, de las 156 personas ingresadas ahora en ucis, unas nueve tienen entre 20 y 40 años. Y, de estas, ocho no estaban vacunadas. La vacuna es muy, muy buena para prevenir hospitalizaciones y ucis", ha insistido la médica.

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El otro motivo que esgrime la gente que no se quiere vacunar es el "miedo a los efectos adversos". La gran mayoría de estos efectos, no obstante, son solo cansancio, dolor cabeza y malestar, que se pasan "enseguida". Según estimaciones de Cabezas, en Catalunya el movimiento negacionista representa, como el máximo, al 5%, es decir, está a niveles muy bajos.

También ha reconocido que existen reticencias a la vacuna entre la población inmigrante, pero principalmente por las "barreras lingüísticas". "Por eso necesitamos esta actuación de proximidad", ha insistido Cabezas.