En primera línea del covid

'Kellys' de los hospitales: "De nosotras también depende la salud del paciente"

Vizcaíno y Cortés limpian una consulta de Vall d’Hebron.

Vizcaíno y Cortés limpian una consulta de Vall d’Hebron. / Jordi Cotrina

El personal de limpieza, formado en un 80% por mujeres, ha quedado excluido de la 'paga covid' que la Generalitat otorgó a los sanitarios por su trabajo en la pandemia. Tampoco el Gobierno de España reconoce el covid-19 como una enfermedad laboral para este colectivo. Pero es esencial: de su labor depende que el virus no se propague por los centros hospitalarios. EL PERIÓDICO habla con limpiadoras de Vall d'Hebron.

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Beatriz Pérez
Beatriz Pérez

Periodista

Especialista en sanidad, temas de salud

Escribe desde Barcelona, Catalunya, España

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No son profesionales sanitarios, pero sin su imprescindible trabajo no podría salir adelante la labor de médicos y enfermeras. Han estado (y siguen estando) "al pie del cañón" durante toda la pandemia, pero denuncian su invisibilidad. Son las trabajadoras de la limpieza, las 'kellys' (acrónimo de Las Que Limpian), de los hospitales. "También existimos, sí", dispara Anabel Gil, peón especialista en paredes, techos y ventanas en el Hospital Vall d'Hebron de Barcelona. "En la primera oleada, sí que se valoró más el trabajo del personal esencial, pero creo que seguimos siendo invisibles", asegura esta mujer de 42 años y madre de dos hijos.

Durante este año, no ha faltado "ni un solo día" a trabajar. Lo dice orgullosa. "Sigo aquí cada día, pese a que siempre me he sentido invisibilizada. El Govern nos ha excluido de la 'paga covid' y a nosotros el covid-19 no se nos reconoce como una enfermedad laboral", denuncia Gil. Los profesionales de la salud de Catalunya recibieron hasta 1.350 euros en septiembre por su trabajo durante la pandemia. Las limpiadoras quedaron fuera.

Además, el Consejo de Ministros aprobó en febrero un real decreto ley que reconoce el contagio de coronavirus como una enfermedad profesional para sanitarios y sociosanitarios. El personal de limpieza de hospitales volvió a quedarse fuera. Gil cree que, dentro del hospital sí se ve el trabajo de este gremio, pero no así en el mundo político. "Para los grandes cargos sí que somos invisibles", se queja

Y, sin embargo, reivindica Gil, están "al pie del cañón", como los sanitarios. "Cuando hay una urgencia, corre el médico, la enfermera y la de la limpieza. De nosotros también depende la salud y seguridad del paciente porque, si yo no descontamino bien, el paciente corre un riesgo", explica esta limpiadora. Todo es una "cadena": "Si yo no limpio, la auxiliar no puede hacer la habitación y entonces no puede entrar el paciente".

Durante la primera oleada pandémica, recuerda, se montaron muchas camas extra, para atender al alud de pacientes, que hubo que desinfectar. "Igual que con las 'plantas covid': hay que limpiarlas de arriba abajo, porque si no no puede entrar el nuevo. Trabajamos fines de semana. Hicimos lo que hizo falta".

La limpiadora Anabel Gil.

/ Álvaro Monge

También vieron escenas de dolor. Dentro del hospital, Gil veía cómo estaba la gente. "Recuerdo en especial a un paciente que estaba en urgencias. Me llamó la atención que era joven y empezó a temblar cuando le dijeron que tenía covid. '¿Qué me va a pasar?', le preguntó al médico. Me inquietó mucho", dice la limpiadora.

También ella, que vive con dos niños y su madre de 66 años, tuvo "mucho miedo" de contagiarse. "Me acuerdo de llegar a casa, poner lejía en la entrada, cambiarme la ropa y no abrazar a los niños al llegar", rememora. "Aparté mi vida aquellos meses porque solo trabajo. Y no nos pagaron las horas extra. Nos dieron un día extra", asegura.

Milagros Vizcaíno, de 42 años y también limpiadora de Vall d'Hebron recuerda los "nervios" y el "miedo" cuando estalló la pandemia. "Vino de sopetón. Nos hicieron una formación súper rápida. Nunca habíamos vivido una situación como esta", cuenta esta mujer que lleva dos años trabajando como 'kelly' tras haber dejado su empleo anterior como peluquera. Es madre de dos niños. Ella, que antes de la pandemia trabajaba en las ucis, pasó a hacerlo también en las 'plantas covid': "Donde había un caso de covid, ahí iba yo. Tenía unos nervios que me consumían".

"Vaya estrés"

Eso pese a que Vall d'Hebron llevaba ya días esperando que se diagnosticase el primer caso de coronavirus. "Y, cuando llegó, vaya estrés. Yo llegué a las 13 horas y oí cómo me gritaban: 'Corre, Anabel, corre'. Me ponían un equipo de protección individual (epi) y era como ver una película desde fuera", recuerda por su parte Gil.

"Se nos informó [del virus] de un día para otro", certifica por su parte José Antonio Cortés, de 29 años, que como Gil es peón especialista de fondos (es decir, limpia habitaciones totalmente a fondo) en Vall d'Hebron y que forma parte de una plantilla de limpieza formada 80% por mujeres. Hubo un repentino cambio de protocolos. Y también de una manera de trabajar. "Ahora te fijas mucho más en los detalles a la hora de limpiar todo", cuenta.

"También hemos visto gente muriéndose. Vimos ataúdes en las plantas y en los sótanos, vimos cómo fallecía tantísima gente"

"Nosotros también hemos visto gente muriéndose. A mí me marcó ver ataúdes en las plantas y en los sótanos. Ver cómo fallecía tantísima gente", relata este joven. "A mí me marcó ver cómo pacientes que se estaban muriendo no podían despedirse de los familiares", destaca Vizcaíno. "Yo, que estoy en la zona infantil, ver a un niño contagiado sin ningún familiar con él es muy duro. Por eso creo que nuestra función es muy buena, porque el ratito que estamos en la habitación solo decirle algo al paciente alegra un poquito", añade.

Sin precedentes

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Tras los temores y el estrés de la primera oleada, ahora aseguran estar adaptados. "Ya no entramos con miedo a limpiar", dice Vizcaíno. Pero tampoco olvidan lo vivido: "Nunca habíamos vivido algo como esto, ni parecido", apunta Cortés.

"Nuestro trabajo también es esencial. Si una habitación no está bien desinfectada, el paciente se puede contagiar", recuerda junto a él Vizcaíno. "Y quien dice habitaciones, dice quirófanos o ucis. Sobre todo para no propagar el virus", precisa él. Sienten que, al menos en su círculo cercano, su trabajo es más valorado ahora con la pandemia. Pero temen que todo se olvide una vez acabe.