Análisis

Aún estamos a tiempo

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Control de movilidad en la Gran Via de Barcelona, el 7 de enero.

Control de movilidad en la Gran Via de Barcelona, el 7 de enero. / Ferran Nadeu

¿Tiene algún sentido que Baleares se llene de alemanes en Semana Santa mientras los españoles no podemos ir? ¿Es lógico que Madrid se haya convertido en el patio de recreo de franceses? Son las preguntas que se hacen muchos medios y que este miércoles llegarán a la sesión de control del Congreso en forma de pregunta parlamentaria. La respuesta es obvia. Se trata de otra contradicción incomprensible en la gestión de la pandemia.

La situación epidemiológica de ambos países es peor que la española. Vienen con PCR hecha, es cierto. El riesgo es más bajo, pero no es garantía de nada. Cuando se quiere controlar de verdad la entrada del virus, además de PCR, se exige a los viajeros que guarden cuarentena como se está haciendo con los vuelos procedentes de Sudáfrica y Brasil. El veto al turismo extranjero en esta Semana Santa debería ser total. Ni siquiera los operadores del sector cuentan con él. Prefieren ‘salvar’ el verano.

Pero este no es el debate prioritario. Los contagios que puedan acarrear esos miles de visitantes no son nada comparados con la escalada que puede provocar la relajación de las restricciones que vive la gran mayoría de las comunidades. El cierre de las autonomías, los toques de queda y la prohibición de reuniones en las casas incluidas en el plan de la Semana Santa son medidas adecuadas pero insuficientes ante los últimos datos.

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Catalunya lleva una semana con la incidencia al alza, Madrid un mes y medio siendo la comunidad con más contagios por habitante (más que Alemania, por cierto) y en nueve autonomías la incidencia a siete días es superior al 50% de la de 14 días, un indicio claro de que la cuarta ola está a la vuelta de la esquina, como reconoció la ministra.

Si queremos evitarla hay que dar una nueva vuelta de tuerca al plan. Aún estamos a tiempo. El Consejo Interterritorial de Salud que se celebra este miércoles puede ser la última oportunidad. Francia, Alemania e Italia muestran lo que puede ocurrirnos las próximas semanas. Ellos sufren ahora su tercera ola. Nosotros iríamos por la cuarta.