Testimonios

Los pacientes con covid persistente: "Nadie se moja. Nos sentimos abandonados"

Sílvia Puigdemasa y Conxita Corredera, ambas con covid persistente.

Sílvia Puigdemasa y Conxita Corredera, ambas con covid persistente. / Manu Mitru

Sílvia Puigdemasa y Conxita Corredera continúan sufriendo los síntomas del coronavirus un año después de contagiarse en la primera oleada. La suya es una enfermedad desconocida que los médicos comienzan a investigar y reconocer ahora. "Al principio nos decían que era ansiedad", relatan.

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El Col.leciu d'Afectades i Afectats Persistents de la Covid-19 aglutina ya a unos 1.500 catalanes. Todos ellos pasaron el covid-19 y, un año después, siguen sufriendo los síntomas: disnea (o dificultad respiratoria), dolores torácicos y de cabeza hasta las taquicardias e incluso niebla mental. Se llama síndrome del covid persistente, el cual ha alterado sus vidas por completo y no saben hasta cuándo. Aunque hay mucho desconocimiento (y falta de consenso médico) en torno a esta problemática, parece afectar principalmente a enfermos que pasaron el virus de manera leve y a mujeres jóvenes, en torno a los 45 años. Sílvia Puigdemasa y Conxita Corredera, miembros del colectivo, son dos de ellas.


Sílvia Puidemasa: "Lloré al ver que había más gente como yo"

"Yo lloré al ver que había más gente como yo. Descubrí el Col.leciu d'Afectades i Afectats Persistents de la Covid-19 en mayo a través de la prensa, entonces éramos 20", explica Sílvia Puigdemasa, barcelonesa de 46 años. "Tenemos la ilusión de que se descubra qué nos pasa, pero de momento nadie lo sabe ni cuándo vamos a volver a trabajar, ni cuándo vamos a hacer vida normal".

Puigdemasa se contagió el 20 de marzo y dio positivo por el virus hasta 93 días después. Al fin una PCR en Vall d'Hebron le confirmó que ya no era contagiosa. Nunca dejó de tener síntomas, aunque fueron cambiando. Al principio, mucha mucosidad y tos, pérdida del olfato y del gusto. "Pero luego aparecieron otros, como el dolor torácico o en el pecho. Estos también se fueron y aparecieron otros, como los articulares. El que no se va desde hace un año es el dolor torácico, la dificultad para hablar y la fatiga. Pero esto es una montaña rusa. Esta mañana no podía con mi vida y ahora me he ido a andar. El otro día me tuve que ir a dormir a las 10.30 de la mañana", relata Puigdemasa, quien añade que estos síntomas van acompañados mucho con el tiempo meteorológico. Le falla también la memoria y tiene una "niebla" mental. Como a muchos enfermos, al principio la doctora le decía que lo suyo era ansiedad.

Sílvia Puigdemasa, afectada de covid persistente / Manu Mitru

Pero era el síndrome de covid persistente. Ahora Puigdemasa está en dos estudios de Can Ruti -uno de ellos del doctor Bonaventura Clotet- para estudiar este síndrome y también hace rehabilitación en el Institut Guttmann. Pero mientras tanto, la vida pasa y nada es ajeno a su dolencia. "Era agente de viajes y me han echado del trabajo porque sigo de baja, después de 10 años dándolo todo", dice. En el colectivo de afectados por el covid pesistente la asesoran. "Y hemos logrado que el Ministerio de Sanidad nos reconozca como enfermos". Aun así, se queja de que los médicos no le dicen "nada". "Nadie se moja. Nos sentimos abandonados. Esto también es una lucha sociológica. A mí por la calle me dicen '¿pero aún estás así?' o 'tienes que ver la vida de otro color'", lamenta.

Y podría ser peor. Ella, al menos, puede ponerse de pie. "Pero me consta que hay mucha gente que sigue tumbada en cama. Es una incertidumbre, todavía no se sabe nada de nada".


Conxita Corredera: "Vivo encerrada en un cuerpo torpe"

Conxita Corredera, de 60 años, se contagió el 16 de marzo. Aunque la mayoría de quienes desarrollan el síndrome de covid persistente pasan la infección de manera leve y no tiene que ingresar en el hospital, Corredera entró en Sant Pau 13 días después, pasó dos semanas enferma en casa prácticamente sin comer. Siguió siendo positiva en PCR hasta el 18 de junio. En julio ella misma se pagó de su bolsillo una PCR privada y dio por fin negativa. Y, como los síntomas persistían, fue derivada a una unidad de patología postcovid de Sant Pau.

"Los síntomas que más sufrí eran fatiga y taquicardias. He pasado conjuntivitis, rinitis... Eso lo superé. Pero un año después aún tengo estos síntomas: fatiga crónica -física y mental-, niebla mental, falta de concentración... A veces me faltan las palabras. Yo trabajo en una multinacional y hablo inglés, pero ahora me cuesta seguirlo. No soy la de antes. Y tengo taquicardias al mínimo esfuerzo", cuenta esta barcelonesa. Corredera asegura estar "encerrada en un cuerpo torpe".

Conxita Corredera, afectada por covid persistente / Manu Mitru

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Le hicieron pruebas de esfuerzo y el resultado siempre era el mismo: "No me daban ningún diagnóstico sobre qué era esto". Un año después, esta mujer sigue sin tener una prescripción de nada y los médicos siguen haciéndole pruebas. Pero cree que la cosa ha cambiado en los últimos meses. "Al principio nos decían que era depresión o ansiedad por lo vivido, pero ahora son más conscientes de que no saben lo que nos pasa".

Corredera está de baja y estos días tiene visita médica para ver si le dan el alta. "No estoy para nada preparada para desempeñar la función de antes. A mediodía las pilas que tengo ya se me han acabado", cuenta. De hecho, la extrema fatiga es el síntoma más frecuente de estos pacientes. Entrar en contacto con el Col.lectiu d'Afectades i Afectats Persistents de la Covid-19 le ha ayudado para recibir la información que va saliendo al respecto. Porque, de momento, todo es muy confuso. "Yo lo que quiero es meterme en estos estudios o ensayos que hay. Quiero salir de esta jaula". Corredera vive con su hija y su familia, dice, está bien, aunque "un poco cansada" de oírla. Lo peor para ella es arrastrar todo esto durante tantos meses y ver que no mejora.