Pandemia mundial

El escudo médico 'anticovid' a la espera de la inmunidad

La uci de ’pacientes covid’ del Hospital del Mar, el 8 de enero.

La uci de ’pacientes covid’ del Hospital del Mar, el 8 de enero. / JORDI COTRINA

  • La ausencia de un tratamiento específico obliga a echar mano de otras herramientas para tratar a enfermos graves

  • La capacidad de los sanitarios a la hora de "afinar" qué tipo de enfermo tienen delante es clave en su recuperación

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Beatriz Pérez
Beatriz Pérez

Periodista

Especialista en sanidad, temas de salud

Escribe desde Barcelona, Catalunya, España

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No existe, de momento, un tratamiento específico contra el covid-19, es decir, un fármaco antiviral que reduzca al 100% la carga viral del enfermo y lo cure. Una publicación de 'Science' este martes apunta a la plitidepsina (una quimioterapia comercializada como Aplidin) como un posible tratamiento futuro que ha demostrado disminuir un 99% las cargas virales del SARS-CoV-2. Pero aún hay que demostrar la efectividad y seguridad del mismo en humanos (pues, hasta ahora, solo se ha probado en ratones), un proceso que podría demorarse entre 12 y 18 meses, según los expertos.

De momento, las armas principales contra el coronavirus son las medidas de prevención (mascarilla, distancia física, higiene de manos y ventilación) y las vacunas. Y, además, en el largo camino en busca de la inmunidad de rebaño (no exento de obstáculos, como los retrasos de las farmacéuticas Pfizer y AstraZeneca), los sanitarios cuentan con una serie de fármacos para tratar a quienes siguen enfermando. En el caso de los pacientes leves, que pasan la infección en su casa, los médicos buscan controlar los síntomas, como por ejemplo la fiebre. Para ello basta el paracetamol. Pero, para los pacientes graves, que ingresan en una planta o en una unidad de cuidados intensivos (uci) de un hospital, existen hasta tres herramientas terapéuticas: el remdesivir, la dexametasona y la heparina.

"El remdesivir es un antivírico que puede ofrecer una mejoría en el pronóstico de la enfermedad durante los primeros días, pero no una mejora en la mortalidad. Además, si se administra una semana o más tarde, su eficacia es limitada o nula. La dexametasona es un corticoide que se administra por vía oral o intravenosa y que ha demostrado ser muy beneficioso en la insuficiencia respiratoria. Y la heparina es un tratamiento anticoagulante: se ha demostrado que el coronavirus activa los mecanismos que generan trombosis, fundamentalmente en el pulmón", explica a este diario el Jefe de Enfermedades Infecciosas del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, Benito Almirante. Este infectólogo añade un cuarto tratamiento para enfermos que se sumaría a estos tres fármacos: el mantenimiento de la saturación de oxígeno.

Adelantarse al virus

Así, dado que no existe un tratamiento específico para el covid-19, los sanitarios no pueden hacer mucho más que dar soporte a los enfermos, identificando bien qué tipo de pacientes son. Y esto es muy importante. "Se trata de una infección en la que hay que estar muy encima para adelantarnos a las cosas que le van a pasar al paciente", señala el jefe de sección del Servicio de Enfermedades Infecciosas en el Hospital del Mar de Barcelona, Robert Güerri, quien además es coordinador de hospitalización covid-19 del centro.

"Ahora conocemos mejor la enfermedad que hace un año. Pero aún no hay un tratamiento específico. Como médico es frustrante y un desafío. Te obliga a afinar mucho", añade Güerri. Y vaticina que la mayor parte de la población ya estará (o "debería estar") vacunada cuando aparezca un fármaco que "frene en seco la replicación del virus" en el paciente para evitar que este "empeore". Esto es, que lo cure.

"Este es el gran problema de muchos virus: que no hay tratamiento. Para las bacterias hay antibióticos, pero los virus tienen mal tratamiento. Mira el virus de la gripe, el del herpes o el del sida. Con el VIH se consiguió frenar el virus, pero no hacerlo desparecer. Por eso fue un hito la aparición del tratamiento contra la hepatitis C. Hay menos antivirales que antibacterianos", cuenta el infectólogo del Hospital del Mar.

¿Y por qué sucede esto? Según Güerri, porque "los virus son un tipo de organismo muy complejo", que saben "cómo engañar a las células para poder perpetuarse". "No es lo mismo que luchar contra una bacteria, que es un organismo externo", apunta.

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Esto explicaría por qué, un año después del inicio de la pandemia, ya hay dos vacunas contra el covid-19 autorizadas (y más en camino) y que ya se están administrando, pero ningún tratamiento antiviral. "Las vacunas buscan entrenar al sistema inmunitario para luchar contra el virus. Esto es más fácil de conseguir. Los antivirales normalmente son principios activos del virus que bloquean la maquinaria del mismo", explica Güerri. Es decir, los fármacos antivirales actúan impidiendo la multiplicación del virus o evitando que el virus penetre en las células de las personas infectadas.

Durante todo este tiempo de pandemia, también se han desechado otros fármacos contra el covid-19. "Por ejemplo, la hidroxicloroquina. O el lopinavir ritonavir. Se utilizaron al principio, pero en los ensayos en personas no se vieron resultados y se rechazaron. Este nuevo tratamiento [el de plitidepsina] es muy prometedor, pero aún tiene por delante el largo camino de los ensayos clínicos", dice Almirante. Algo en lo que coincide con su colega Güerri.