01 dic 2020

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Rosa García, afectada por un trastorno de salud mental.

FERRAN NADEU

"He notado una soledad extrema"

Rosa, que tiene un trastorno mental a raíz de los abusos sufridos en su infancia, participó en grupos de apoyo virtuales

Beatriz Pérez

Para explicar su trastorno de salud mental, Rosa García, de 53 años, se define como "escuchadora de voces". "Tengo alucinaciones auditivas y visuales unas tres veces por semana desde los 18 años. Veo luces de colores y muchos insectos. Soy consciente de ellas cuando me ocurren y sé gestionarlas. Sé que debo dejarlas pasar", explica desde la sede de Obertament Catalunya, en Barcelona, una entidad que lucha contra el estigma en torno a la salud mental.

A Rosa no le avergüenza explicar lo que tiene ni por qué lo tiene: "Fui maltratada psicológica y sexualmente en el entorno familiar durante mi infancia. Eso es el causante de todo". Lo desvela con una fortaleza y seguridad en sí misma que chocan y a la vez conmueven. Las mismas de las que echa mano para superar la tristeza general causada por la pandemia de covid-19, que está aumentando el número de personas con trastornos mentales y agravando la situación de aquellas que ya tenían uno. Pero no es el caso de Rosa: ella no se permite caer. Nada es comparable con lo que ya vivió.

"He hecho un trabajo muy grande a nivel personal. Hasta pasados los 46 años no conté nada. Me salió una rabia muy fuerte que me empujó a hablar. Y decidí hacerlo también por todas aquellas que aún no podían hablar de los abusos sufridos dentro de un entorno que se suponía de seguridad", relata esta madre de dos hijas de 21 y 17 años.

Rosa García, afectada por un transtorno de salud mental. / FERRAN NADEU

Rosa es un ejemplo de que, por mucho que se tuerza la vida, se puede salir del hoyo. "Ahora mismo tengo un entorno familiar muy tranquilo. Mi pareja murió hace 10 años y yo no puedo caer porque, si no, caen mis hijas". Hace muy poquito creó un espacio para los escuchadores de voces que se llama 'El rincón de Perséfone', dentro de la asociación Trebolmente. 

"Perséfone es una mujer que vive seis meses en la Tierra con su madre y otros seis en el infierno con su marido. Vive dos realidades diferentes, algo que nos ocurre a muchas personas que somos escuchadoras de voces". ¿Por qué no utiliza, para definir su trastorno, un diagnóstico psiquiátrico? "Porque la única etiqueta que me representa es la de 'superviviente de abusos sexuales en la infancia'", responde Rosa.

El confinamiento

Rosa cuenta que el confinamiento lo pasó "bastante bien". "La segunda semana las alucinaciones subieron bastante. Pero luego se volvieron a estabilizar", explica. "Cuando empezó la cuarentena, como ya me conozco, hice un replanteamiento de cómo afrontarla. La pasé con mis hijas. Me levantaba temprano cada día, a las 8 de la mañana ya estaba tomándome mi primer café. Trabajaba, hacía la comida... El problema es la gente que lo pasó sola", opina.

Aprovechó tanto el tiempo, que precisamente por aquella época fue cuando creó Trebolmente, surgido a raíz de varios grupos de apoyo virtuales con los que estuvo trabajando durante la cuarentena. Ayudó en grupos de duelo. "He notado mucha soledad en la gente, soledad extrema. Gente que estaba pendiente cada día de a qué hora podía conectarse para hablar", recuerda Rosa.

"Decidí hablar por todas aquellas mujeres que aún no podían hablar de los abusos que sufrieron dentro de un entorno que se suponía de seguridad"

Esta persona que hoy ayuda a otros a vivir es la misma que ingresó a los 23 años en un hospital psiquiátrico por un intento de suicidio, apenas cuatro años después de que comenzaran unas alucinaciones en las que oía una voz que le pedía que "no hablara de él", de su abusador. Los intentos de suicidio, durante años, fueron recurrentes en la vida de Rosa, con entradas y salidas continuas en hospitales. Algo cambia a partir de los 28 años, cuando comienza a trabajar en un bar y a ganar dinero. "Se me abre una puerta a irme de mi casa. Y formo una familia", rememora. 

Aun con otros palos posteriores, como la pérdida repentina de su pareja, Rosa optó por la vida, pese a que esta "no es fácil", en vez de por la muerte. "Cuando sientes que todo está perdido, puedes decidir hacer lo que te venga en gana. A veces pensamos que el suicidio es la solución. ¿Qué tal si nos planteamos que también es el momento de hacer lo que te venga en gana, reviente quien reviente? Yo decidí hablar de los abusos y no callarme", reivindica. No se arrepiente de haber dado este paso.