28 sep 2020

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'ANNUS HORRIBILIS' PARA LA SALUD MENTAL

El 50% de los pacientes de los CAP de Catalunya tienen ansiedad o depresión

El Hospital de Sant Pau detecta un agravamiento de las urgencias psiquiátricas y una mayor ingesta de tóxicos

Este 2020 ha subido el consumo de analgésicos (un 9,19%), tranquilizantes (3,77%) y antidepresivos (3,86%)

Beatriz Pérez

Una mujer camina por una calle del centro de Madrid.

Una mujer camina por una calle del centro de Madrid. / JOSÉ LUIS ROCA

Aunque todavía es pronto para tener datos concluyentes y definitivos entre la manos, los expertos coinciden en que este 2020 está siendo un mal año para la salud mental de la población. La pandemia de coronavirus, el confinamiento y la posterior "nueva normalidad" han aumentado no solo el número de trastornos, sino también la gravedad de muchos de ellos.

La mitad de los pacientes de los centros de atención primaria (CAP) de Catalunya llegan a la consulta con depresión ansiedad. "El 50% de los pacientes que tratamos tiene alguno de estos dos trastornos. Antes de la pandemia, este porcentaje era del 20%", asegura la médica de familia Monserrat Romaguera, miembro de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (Camfic).

A los centros de salud llega gente joven con "mucha incertidumbre" por un escenario laboral marcado por los expedientes de regulación temporal de empleo (ertes). Pacientes que viven con sus familias apiñadas en pisos donde no se pueden respetar los confinamientos ("hay mucho miedo al contagio", señala Romaguera). Y, también, personas que no pudieron despedirse de sus familiares fallecidos por coronavirus y ancianos con pavor a salir de casa. "Como consecuencia, estos últimos, sobre todo los que tienen osteoporosis, sufren más fracturas óseas", apunta esta médica de familia. 

La pandemia ha cambiado la manera de trabajar en los CAP. "Ha marcado un antes y un después. En estos momentos la mayoría de las visitas son telefónicas, pero también hacemos e-consultas [virtuales] e incluso videollamadas. Mucha gente mayor se nos echa a llorar cuando la llamamos", relata. Pero la ansiedad y depresión también están afectando a los profesionales sanitarios, que llevan en la primera línea de la pandemia desde marzo. 

Romaguera defiende que, pese a que actualmente los centros de salud están colapsados al estar jugando un papel esencial de contención del virus (los casos se detectan más rápidamente, por lo que la gente no enferma tan grave y no requiere de ingreso hospitalario), los médicos de familia siguen atendiendo un gran volumen de personas con enfermedades crónicas. Asegura que no se ha dejado de tratar otras dolencias, tampoco los trastornos relacionados con la salud mental. "Pese a todo, estamos manteniendo nuestro trabajo habitual", defiende.

Trastornos más graves

Pero no solo la atención primaria, sino también los hospitales y, en especial, las urgencias psiquiátricas están notando un empeoramiento de la salud mental poblacional. "No tenemos más urgencias psiquiátricas -sigue habiendo entre 12 y 15 diarias-, pero sí las tenemos mucho más graves, es decir, hay más pacientes con criterios de ingreso. Por ejemplo, personas con trastornos psicóticos como la esquizofrenia", señala la psiquiatra Fina Pérez, coordinadora de la unidad de agudos del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona.

Así, no están aumentando las visitas a las urgencias, pero sí la necesidad de ingreso. Y ello ocurre, sobre todo, desde que comenzó el progresivo desconfinamiento, pues durante la cuarentena hubo "poca demanda" y "pocas urgencias". "La gente estaba muy contenida. Durante el confinamiento tuvimos entre tres y cuatro urgencias diarias. Pero, cuando comenzó a normalizarse la vida, volvimos a tener el mismo número de urgencias de antes", cuenta Pérez. Y más graves.

Los médicos están viendo "inicios de patologías psiquiátricas" en personas que nunca habían tenido trastornos

Los psiquiatras detectan también un aumento de el consumo de tóxicos (alcohol, cannabis o cocaína) en las urgencias. "Vuelve a haber mucha urgencia relacionada con el consumo, que estuvo más parada durante el confinamiento. Además, en los últimos meses percibimos una cierta sensación de malestar, de incertidumbre, entre el personal médico y en pacientes menos graves", asegura esta psiquiatra. 

Y también están viendo "descompensaciones" o "inicios de patologías psiquiátricas" en personas que nunca antes habían tenido trastornos mentales o que no poseen un historial genético que las convierta en proclives a ello. "Vemos debuts de enfermedades que no tocaban. Personas con depresiones que no esperábamos que hicieran un episodio depresivo o de manía. Esto está ligado a la situación de estrés vital por la nueva normalidad".

"Mucho trabajo y mucha necesidad de asistencia"

Para Pérez, este es un "mal año" para la salud mental. "No tanto por la incidencia del covid-19 como por la descompensación que genera la enfermedad. Hay mucho trabajo y mucha necesidad de asistencia". Según ella, a la población le "costará" superar la situación porque "la incertidumbre permanece". "Hay mucha gente que lo ha pasado muy mal y que no lo ha exteriorizado todavía, sobre todo los sanitarios. En los próximos meses veremos momentos de descompensación", predice.

"Mucha gente que lo ha pasado muy mal no lo ha exteriorizado aún. Veremos esta descompensación", advierte una psiquiatra

Según datos de la consultoría farmacéutica Iqvia, desde enero de este año hasta el agosto pasado, ha aumentado el consumo de analgésicos, tranquilizantes y antidepresivos. Los analgésicos subieron en un 9,19% en ocho meses, mientras que los tranquilizantes lo hicieron en un 3,77% y los antidepresivos, un 3,86%.

Además, desde julio del 2019 hasta agosto del 2020, el consumo de analgésicos subió un 7,93%; el de tranquilizantes, un 2,57%; y el de antidepresivos, un 4,02%.