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Patología ocular

Sequedad ocular: causas y cómo prevenirla

El 25% de pacientes que acuden a una consulta de oftalmología presentan algún signo o síntoma vinculado a la sequedad ocular

Carme Escales

El oftalmólogo Ferran Mascaró, durante una operación en el Hospital de Bellvitge.

El oftalmólogo Ferran Mascaró, durante una operación en el Hospital de Bellvitge. / JORDI COTRINA

En condiciones normales, las estructuras de nuestros ojos, la córnea y la conjuntiva, están hidratados. La denominada lágrima base, compuesta de agua, proteínas y lípidos, los mantiene hidratados permanentemente. La lágrima refleja, en cambio, contiene sobre todo agua y es la que se produce respondiendo a emociones, ante la entrada de un cuerpo extraño en el ojo (mosquito, tierra…) o al entrar este en contacto con alguna sustancia lacrimógena ambiental.

    "Cuando existe un déficit de lágrima de base, la esencial para la correcta hidratación del ojo, hablamos de síndrome de sequedad ocular, señala el jefe de Cirugía Orbitaria del Servicio de Oftalmología del Hospital de Bellvitge, Ferran Mascaró. Las glándulas lacrimales son las productoras del líquido que precisa el ojo para ser limpiado por los párpados, que distribuyen la lágrima por encima de la superficie y la redireccionan hacia los orificios de salida, puntos lacrimales, inicio de la vía de drenaje.

Además de la falta de lágrima base, pueden impedir una correcta hidratación ocular una patología de los párpados que les impida realizar su función limpiadora, o una obstrucción de las vías de evacuación de la lágrima. En ese caso, el cúmulo de agua que no puede drenar por la nariz, se acumula en el ojo provocando el lagrimeo.

El síndrome de sequedad ocular puede ser una afectación primaria, cuando responde a un problema del propio ojo, como hemos descrito, o secundaria, si se asocia a alteraciones de otros órganos, enfermedades reumáticas, dermatológicas, alteraciones de la secreción salivar o de órganos internos.

Pese a que los estudios epidemiológicos sobre sequedad ocular no son extrapolables de una población a otra, globalmente, las cifras de su prevalencia oscilan entre un 7 y un 33% de la población general. Se calcula que en nuestro entorno, el 25% de los pacientes que consultan un oftalmólogo presenta algún signo o síntoma en relación con la sequedad ocular, un problema de salud pública en claro crecimiento.

Factores de riesgo

La edad, el sexo (más en mujeres y aún más si han consumido anticonceptivos orales, y con tendencia a aumentar en la menopausia), el tabaco, ambientes de temperatura inadecuada, alta o baja, baja humedad, el uso de pantallas y lentes de contacto, cirugías de superficie ocular y ciertos medicamentos son factores de riesgo de sequedad ocular. Un aviso de ella pueden ser las molestias en los ojos, la sensación de tener en el ojo un cuerpo extraño, la fatiga y la irritación ocular. Quienes usan lentes de contacto tal vez no perciban las alertas rápidamente, pues el uso de lentes disminuye la sensibilidad de la córnea significativamente. En casos más avanzados, se pueden producir ulceraciones de la superficie ocular, afectación de la transparencia de la córnea y disminución de la visión temporal o permanentemente.

Tratamiento

Sustitutivos de lágrima (artificiales o naturales), fármacos para disminuir una posible inflamación, pero también dieta rica en vitaminas y minerales (frutas y verduras frescas) y evitar el alcohol sobre todo de alta graduación porque deshidrata mucho el cuerpo. Esto y la oclusión de los conductos de drenaje lagrimal son los tratamientos más comunes para la sequedad ocular.

Para prevenirla ayudará hidratarse bien, bebiendo agua, evitar temperaturas demasiado altas o bajas o falta de humedad, con humidificadores en casa si es necesario, y controles oftalmológicos eventuales si se usan lentes de contacto. Ante la excesiva exposición a pantallas, hay que garantizar la frecuencia idónea del parpadeo (cada 10 o 15 segundos), y alternar la fijación de la vista entre la pantalla y un punto lejano.

Recomendaciones para deportistas

Las actividades deportivas a la intemperie predisponen a afectaciones oculares como la sequedad de los ojos. Pero pueden evitarse o minimizarse con sencillas prácticas. Una de ellas es protegerse los ojos con gafas de sol que cubran y aíslen al máximo la superficie ocular, con monturas cerradas, bien adaptadas a la cara, que filtren el aire y cualquier elemento que pueda introducirse en el ojo. Eso, además de asegurarse cristales con filtro de rayos ultravioleta A y B. Gorras con visera larga y bien adaptadas también al rostro complementan el uso de las gafas, garantizando una mayor protección ocular. Para quien realiza carreras, además, puede ser indicado el uso de colirios, gotas que crean una capa protectora de la conjuntiva y de la córnea. “Las gotas se deberían poner antes de iniciar la práctica deportiva y, si esta dura mucho, repetir la acción en el transcurso de ella. Por ejemplo en las ultratrails, cuando se va pasando por los refugios, del mismo modo que nos hidratamos y vamos al lavabo, se renuevan las gotas”, sugiere el responsable de la sección de Cirugía Orbitaria del Servicio de Oftalmología del Hospital de Bellvitge, Ferran Mascaró.

Para las actividades subacuáticas, en el mar o en la piscina, se recomienda siempre utilizar gafas con gomas-ventosa que hacen el vacío para evitar que entre agua en los ojos.

 

 

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