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ENTREVISTA

Elías Campo: "La ciencia no es un esprint, sino un maratón duro y largo"

El director de Investigación del Hospital Clínic ha sido galardonado con el VII Premio Nacional de Oncología

Este aragonés es un referente mundial al haber logrado descifrar el genoma de la leucemia linfática crónica

Beatriz Pérez

El investigador Elías Campo en el Hospital Clínic, la semana pasada.

El investigador Elías Campo en el Hospital Clínic, la semana pasada. / JOAN CORTADELLAS

El doctor Elías Campo (Boltaña, Huesca, 1955) ha sido galardonado con el VII Premio Nacional de Oncología que, cada cuatro años, concede la Fundación Echevarne. También recientemente ha sido elegido nuevo miembro de la Academia Nacional de Medicina (NAM) de EEUU. Campo es un referente mundial en los estudios que han logrado descifrar el genoma de la leucemia linfática crónica. Asimismo, es catedrático de Anatomía Patológica en la Universitat de Barcelona (UB), director del Institut d'Investigacions Biomèdiques August Pi i Sunyer (Idibaps) y director de Investigación en el Hospital Clínic de Barcelona.

¿Qué es la leucemia linfática crónica?
Es la leucemia más frecuente en Occidente. Es una enfermedad de los linfocitos, que son las células de la sangre encargadas de defender nuestro organismo de ataques exteriores, fundamentalmente infecciosos. Los linfocitos pueden dar origen a distintos tipos de cánceres, y uno de ellos es la leucemia linfática crónica, que se caracteriza por afectar a personas de edad avanzada [mayores de 60 años]. En este tipo de leucemia, las células crecen en la médula ósea, esto es, en el interior de los huesos, y se extienden hacia la sangre periférica. En fases avanzadas de la enfermedad, los linfocitos pueden ir introduciéndose en otros órganos como los ganglios linfáticos o el bazo.

¿Cuál es su tasa de supervivencia?
En líneas generales, la supervivencia es alta. Ocurre que es una enfermedad muy heterogénea. Algunos pacientes, pese a tener esta dolencia, no ven disminuir su esperanza de vida. De hecho, hay un grupo de pacientes al que no tratamos porque la enfermedad crece en ellos muy lentamente y no compromete su vida -sí los mantenemos en observación-. En cambio, otros sí padecen una evolución muy rápida de la enfermedad y necesitan un tratamiento adecuado porque, si no, su estado general empeora y se les acorta la perspectiva de vida.

Usted ha liderado, junto a Carlos López Otín, los estudios de secuenciación completa del genoma y el epigenoma de la leucemia linfática crónica. ¿De qué sirvió este descubrimiento?
El cáncer se genera porque hay alteraciones en el genoma -o ADN- de las células. Ese ADN es el disco duro donde tenemos la información -esto es, las instrucciones- para que nuestras células funcionen de una manera adecuada. Esta información está regulada por el epigenoma. Es decir, la información que está en el disco duro de las células es el genoma y los programas que las ponen en marcha, el epigenoma. Si queremos saber cómo y por qué se desarrolla el cáncer, necesitamos conocer cuáles son las instrucciones que siguen esas células alteradas, cuáles son los programas del disco duro que se han alterado. La secuenciación del genoma y del epigenoma de la leucemia linfática crónica nos proporciona la manera de leer las instrucciones alteradas en el ADN de las células.

"Las aportaciones de Josep Baselga a los nuevos tratamientos han cambiado la evolución del cáncer. No sería justo cuestionar unas cosas por otras"

¿Y cómo funciona el genoma de la leucemia?
En estos estudios hemos encontrado, por el momento, unos 60 genes que están alterados en la leucemia linfática crónica. Lo sorprendente en esta enfermedad es que hay unos genes que están presentes en un 10% y 15% de los pacientes, pero la gran mayoría están presentes en pocos pacientes -en un 5% o incluso menos-, lo cual nos indica la tremenda heterogeneidad, desde el punto de vista genómico, de esta enfermedad. Esto explica lo que vemos clínicamente: que hay pacientes cuya supervivencia es excelente, mientras que en otros la enfermedad es mucho más agresiva. En la práctica clínica, a los pacientes a los que detectamos una mutación en algunos genes determinados los tratamos de una forma diferente, por ejemplo con inhibidores de la enzima kinasa.

¿Qué supuso la creación del Consorcio Internacional del Genoma de Cáncer (ICGC)?
Es la gran iniciativa internacional -después del Proyecto Genoma Humano- lanzada por grupos científicos en el 2008 para desentrañar el genoma del cáncer. En el ICGC hemos participado más de 30 países y el compromiso era que cada país secuenciara al menos un cáncer y que la información fuera pública. España ha secuenciado la leucemia linfática crónica.

¿Cómo valora la polémica en torno a Josep Baselga, quien omitió el cobro de comisiones millonarias de farmacéuticas?
Son situaciones muy complejas y, por tanto, creo importante valorarlas en su conjunto. Obviamente todos los profesionales declaramos en nuestros trabajos los posibles conflictos de interés que podamos tener. También es cierto que estas situaciones de declaración a veces son muy complejas: algunas revistas te piden conflictos de intereses de los últimos dos años, otras del último año, otras de los cinco últimos. Pero hay que hacerlo. Con todo, creo que las aportaciones de Baselga en nuevos tratamientos han cambiado la evolución del cáncer, y considero que tampoco sería justo cuestionar unas cosas por otras.

"El cáncer es un problema biológico de extraordinaria complejidad, por eso no me atrevo a decir cuánto nos queda por conocer"

Su compañero Carlos López Otín también ha estado envuelto en la controversia hace poco, al tener que retirar ocho de sus investigaciones por presuntas irregularidades.
Creo que es un despropósito. Es posible que haya habido algunos errores en algunas publicaciones, pero son aspectos que todos los científicos consideramos menores y que no han cuestionado los hallazgos fundamentales de sus trabajos. Son trabajos que han servido para otros estudios. Son trabajos que descubrían genes. El trabajo se puede retirar, pero los genes continúan estando ahí. Y quien los descubrió fue el grupo del doctor Carlos López Otín, por tanto resulta paradójico retractar un trabajo cuyo descubrimiento continúa estando exactamente igual. Además, me consta que el grupo quiso corregir -y de hecho corrigió- esos errores, pero la revista se negó a publicar las correcciones.

¿Qué tal lo ha hecho Pedro Duque al frente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades?
En este tiempo se han hecho algunas iniciativas y se tomaron algunas medidas que agilizan la brutal burocracia en la cual estamos inmersos los investigadores, algo que no hace más que entorpecer la gestión de la ciencia. Sí que se han dado algunos pasos que iban en la dirección correcta, parece incluso que íbamos a tener un incremento en la inversión. En los últimos años, la inversión ha retrocedido de una forma muy importante.

¿Y qué pide para la nueva legislatura?
Un compromiso serio, intenso y continuado por la ciencia en España. Es difícil hacer ciencia con vaivenes que no permiten establecer planificaciones a medio o largo plazo. La ciencia no es una carrera de esprint, sino un maratón extraordinariamente duro y largo para la cual uno necesita prepararse y de una forma continua, seria y comprometida.

¿Cuánto nos queda por conocer del mundo del cáncer?
Cuando Colón se embarcó en una nuez a navegar por el Atlántico desconocía lo que había más allá de lo que veía. Este es el gran desafío del cáncer: es un problema biológico de extraordinaria complejidad. Vamos desentrañando muchos de sus mecanismos. En las últimas dos décadas, de hecho, el conocimiento ha sido exponencial porque estamos siendo capaces de entrar en los mecanismos que generan cambios en las células. Estos mecanismos son moleculares, genéticos, epigenéticos, de interacción entre las células y su entorno. Son hallazgos extraordinarios, pero no me atrevería a decir cuánto nos queda por conocer.