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SALUD

La realidad virtual mejora la empatía de hombres maltratadores hacia las mujeres que agreden

Justicia aplica recurso creado por investigadores del Clínic en 200 condenados por violencia machista

Los investigadores constatan que los hombres violentos no captan el dolor en las personas que atacan

Àngels Gallardo

Un hombre se percibe en el Clínic como una mujer, en una prueba de realidad virtual. / RICARD CUGAT /

Los hombres que maltratan verbal, física o psicológicamente a mujeres muestran, de forma general, una gran dificultad, o incapacidad, para percibir el daño que causan. No captan los sentimientos de terror que sus acciones generan en las personas a las que atacan, y no son capaces de ponerse en el lugar de la agredida, sobre la que se llegan a sentir omnipotentes. Desconocen la sensación de sentirse amenazados.    

Estas observaciones, constatadas en diferentes estudios realizados en el último decenio, han conducido a investigadores del IDIBAPS, el instituto de investigación adscrito al Hospital Clínic, al desarrollo de un programa de realidad virtual diseñado para tratar a maltratadores, que pretende que quienes lo experimenten se perciban a sí mismos exactamente como las mujeres a las que agreden. Con las gafas de realidad virtual, los agresores se ven con cuerpo femenino en una situación en la que un hombre les grita, rompe objetos y se aproxima a ellas/ellos con gestos temerarios que inspiran miedo. 

Evitan la cárcel

El programa fue incorporado hace dos años al departamento de Medidas Penales Alternativas de la Conselleria de Justicia, que lo ha aplicado a 200 hombres condenados por un episodio de violencia y maltrato machista, que optaron por acogerse a la iniciativa del Clínic para evitar su ingreso en prisión. Se trata de una rehabilitación de acceso voluntario que, según los científicos, está consiguiendo que un porcentaje significativo de participantes descubran por primera vez qué es un sentimiento de empatía, y reconozcan el significado del miedo que provocan cuando agreden.

"El cuerpo virtual de esos hombres experimenta una inmersión completa en el transcurso de la prueba -explica Mavi Sánchez Vives, responsable del área de neurociencias en el Idibaps-. Si miran hacia sus pies ven que tienen el físico de una mujer, hablan como ella y tienen delante a un hombre que las mira a los ojos amenazante, en una actitud muy violenta". "Es una herramienta única que consigue reemplazar el cuerpo del maltratador con gran credibilidad, y él lo percibe realmente así, de forma mucho más potente que cualquier experiencia similar observada por televisión o en el cine. Esos hombres se ven por primera vez como mujeres agredidas, y experimentan qué se siente".

Si no lo vives, no lo sientes

El objetivo del proyecto del Idibaps es profundizar en el estudio de los cambios cerebrales, fisiológicos y emocionales que experimental el maltratador. De momento, se centran en el reconocimiento emocional ajeno, un aspecto en el que estos agresores demuestran ser muy deficitarios. "Su tu no puedes reconocer lo que la otra persona está sufriendo por tu conducta, no paras -afirma Sofia Seinfeld, investigadora del área de neurociencias del Idibaps-. Esos hombres solo captan lo que se siente en el momento de sus acciones cuando cambian de papel y ven el rostro del agresor situado a medio palmo del suyo, gritándole. Así reconocen el miedo".

Las personas que participan en el programa de Justicia no son psicópatas, puntualizan los investigadores, por lo que no preven el riesgo de que el descubrimiento del miedo que provocan en las mujeres acabe siendo un estímulo de dominación.

Justicia utiliza el recurso como método para evitar reincidencias. De las respuestas que aportan los hombres que han participado en la experiencia deducen un cierta comprensión del dolor ajeno. Los condenados relatan haberse sentido sinceramenet amenazados mientras buceaban en la realidad virtual -"pensé que el avatar me iba a dar una hostia"-, confiesan que se vieron como una mujer -"me he sentido francamente mal. O sea, yo era la mujer y el hombre era él. Ese tío me ha hecho sentir como se siente mi mujer cuando discuto con ella"-, y apuntan la posibilidad de cambio en su conducta -"te hace reflexionar sobre todo lo que pasa ahí dentro: te pones en el cuerpo de otra persona y eso te hace pensar"-.

Catalunya es la única comunidad española que ha incorporado una herramienta similar. Los investigadores están abiertos a su extensión.      

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