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Analgésicos adictivos

¿Por qué enganchan los analgésicos opioides?

La deshabituación de quien sufre adicción a estos fármacos incluye psicoterapia e introspección meditativa

Àngels Gallardo

Pastillas opioides distribuídas en EEUU.

Pastillas opioides distribuídas en EEUU. / AP / Patrick Sison

El efecto calmante y la euforia que proporcionan los analgésicos opioides impactan de forma inmediata en el sistema nervioso central de quien los toma, con una intensidad equivalente a la potencia relativa de cada fármaco. De esa potencia relativa depende la rapidez con que la sensación buscada llega al cerebro. La potencia de la hoja de coca, por ejemplo, para distorsionar las percepciones -se masticaba para eliminar el frío, el hambre o la fatiga-, es muy inferior a la del polvo de la cocaína, que, esnifada, alcalza el cerebro en pocos segundos.

De estos procesos depende la posibilidad de que surja una dependencia. Si la toma de un analgésico opioide ha inducido bienestar, de forma casi inconsciente pero definitiva el paciente se prometerá hacer todo lo posible por repetir la experiencia. Esto mismo es lo que ocurrió a los fumadores de opio, el jugo de la adormidera del que surge la morfina y la media docena de fármacos que componen esta familia terapéutica.

Las soluciones pautadas en el Hospital Clínic, receptor de adictos a los opioides analgésicos, para intentar deshabituar de esa dependencia unen la psicoterapia con el uso puntual de otros opioides de asimilación mucho más lenta que el tramadol o el fentanilo -estos aportan un subidón casi instantáneo-, además de sesiones de introspección meditativa, mindfulness, en las que intentan inducir en sus pacientes capacidad de concentración y control de las sensaciones.

Percepción subjetiva

"El dolor se siente más cuando tienes un estado de ánimo deprimido, ya que en esa percepción influye casi siempre una valoración subjetiva del malestar -explica una terapeuta del dolor-. Aprendiendo a identificar este mecanismo, es posible modular las sensaciones dolorosas".

Pero esto no es suficiente. La euforia es adictiva. "La principal dependencia de estos medicamentos no la crea su efecto calmante, sino el euforizante que los acompaña", explica Antoni Gual, psiquiatra responsable de la unidad de conductas adictivas en el Clínic.