INTERVENCIÓN DEL ESTADO

El 155 en la sanidad: poco efecto en los hospitales, futuro congelado

El responsable estatal de la sanidad pública actúa de momento con pies de plomo

Los contratos de actividad para los centros del CatSalut han quedado en suspenso

Pacientes en el Hospital del Vall d’Hebron.

Pacientes en el Hospital del Vall d’Hebron. / RICARD CUGAT

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Àngels Gallardo

La máxima autoridad política de la que en estos momentos dependen las decisiones que afectan al sistema sanitario público de Catalunya, el doctor José Javier Castrodeza (Valladolid, 1955), no ha sido vista en la Conselleria de Salut, o así lo afirma el personal que a diario acude a trabajar a dicho departamento, lo que no significa que no haya estado allí, dado que se trata de un individuo desconocido para la mayoría, que fácilmente podría haber pasado desapercibido en caso de ascender hasta el antiguo despacho del ‘exconseller’ de Salut, Antoni Comín.

Castrodeza, especialista en medicina preventiva y salud pública y antiguo miembro de la comisión nacional de reproducción humana asistida, fue designado el pasado 29 de octubre por la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, y, desde entonces, ha cumplido lo que se le encomendó: mantener el sistema sanitario en funcionamiento, coinciden profesionales de distinto pensamiento político, la mayoría pidiendo no ser citados.

Los hospitales, centros de asistencia primaria (CAP), empresas públicas, consorcios –han dejado de ser presididos por el ‘conseller’- y demás elementos de la red sanitaria, funcionan con la misma normalidad con que lo hicieron en el trimestre en que Comín se volcó de forma intensiva en el aspecto político de su perfil y, más concretamente, desde que el Ministerio de Hacienda estableció la obligatoriedad de que todas las facturas pagadas adjuntaran un certificado, con firma de las respectivas gerencias, en el que se especificara que aquel dinero no se desviará hacia planes independentistas.

Continuidad pura

Más allá de esa “normalidad” en la gestión diaria, todo está detenido, explican. “No percibimos perjuicios. Todo funciona de modo automático. No hay grandes estrategias. Vivimos en la incertidumbre del momento”, describe un jefe de servicio del Hospital Clínic. Están a la espera de que un futuro titular de Salut tome las decisiones que permiten avanzar a una estructura social tan viva como es la de la asistencia sanitaria: no se están preparando los contratos de actividad que el Servei Català de la Salut (CatSalut) –organismo financiador de los servicios— pacta a principios de año con cada hospital para ajustarlos cuando llega diciembre a lo que ha sido ejecutado. “Se nos ha de pagar la actividad que realmente hemos hecho en el 2017, pero no hemos firmado esos contratos”, sintetiza Olga Pané, gerente del Hospital del Mar. En esos documentos, además, el CatSalut marca los objetivos que se espera cumplan los centros en el año inmediato, el 2018 en este caso. Por supuesto, tampoco existen unos presupuestos de la Generalitat para el año que viene, el aspecto que más inquieta. Temen una prórroga de los del 2017, lo que dejaría en suspenso inversiones sobre reparación de edificios o adquisición de tecnología y material sanitario ya decididos pero que excedería a lo imprescindible para ir funcionando.

Aunque lo están, aseguran no sentirse “intervenidos”. El referente e interlocutor de los centros sanitarios con los órganos políticos ministeriales es David Elvira, que sigue siendo director del CatSalut. “No ha sido cesado porque es el técnico que tiene en la cabeza a todo el departamento, y no es un político”, afirma un jefe de servicio del Hospital Clínic. Fuentes próximas a Salut sintetizan que los contactos de Elvira con Castrodeza son “preliminares”. Los imprescindibles. No han establecido aún, explican, los “instrumentos de autorización y comunicación” previstos en el artículo 155, aunque sí han creado un método que permite al director del CatSalut comunicar a Castrodeza los temas “del día a día” que permiten el funcionamiento de los servicios. Es decir, como ordenó la ministra Montserrat, el político interventor conoce y autoriza todo lo que ocurre en Salut, pero no altera sistemas de funcionamiento ni tampoco incorpora innovaciones ni decidir inversiones.

Tranquilidad e instrucciones

En los últimos 10 días, explican, el director del CatSalut se ha reunido ya en dos ocasiones con los directores de todos los hospitales y redes de asistencia primaria de Catalunya, unas macroreuniones que, tradicionalmente, no se producen más que una o dos veces al año. “Ha sido para tranquilizarnos y darnos instrucciones –indica el gerente de un gran hospital barcelonés-. Intentan transmitirnos seguridad institucional y estabilidad, además de crear circuitos de comunicación que lleguen con agilidad al Ministerio”. Los servicios de urgencias van a seguir igual, el plan de atención de las enfermedades invernales (gripe) se ejecutará como cada año y las listas de espera permanecen tan abultadas como siempre, comentan.

Los servicios de urgencias y las listas de espera seguirán igual, dicen los conocedores del sector

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“Más que la aplicación del 155, nos afecta la inestabilidad política y la inactividad del Parlament de los últimos meses –añade el responsable de un centro del Institut Català de la Salut (ICS)-. Eso sí es un problema, porque están detenidas las firmas de concursos para compras o incluso la apertura de camas”.

Desde el punto de vista de la docencia en las facultades de Medicina, se han producido sutiles cambios de funcionamiento: antes de enviar a estudiantes del programa Erasmus a Barcelona, algunos rectores de universidades europeas han preguntado a sus colegas en Catalunya si “las cosas que están pasando aquí” no comprometerán la seguridad e integridad de sus alumnos. “Les respondemos que todo está OK”. “Estas aclaraciones nunca antes las tuvimos que hacer”, se resignan.