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NUEVAS INSTALACIONES

Terapia de medicina nuclear en un entorno más amigable

El Hospital Vall d'Hebron inaugura una unidad que mejora el confort para sesiones prolongadas

Antonio Madridejos

Nueva unidad de terapia de medicina nuclear en el Hospital Vall dHebron.

Nueva unidad de terapia de medicina nuclear en el Hospital Vall dHebron. / ALBERT BERTRAN

Los tratamientos oncológicos con radiofármacos deben desarrollarse en habitáculos especiales para evitar que las radiaciones que se emplean para atacar los tumores puedan afectar a las personas que se encuentren en instalaciones contiguas. Se trata de oscuras habitaciones blindadas que, como se dice actualmente, suelen ser poco amigables. 

Para mejorar el entorno y las posibilidades terapéuticas, el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona ha estrenado una Unidad de Terapia de Medicina Nuclear que, entre otros aspectos, cuenta con luz solar gracias a una ventana que da a la calle y también tiene una puerta con cristalera plomada, lo que permite al paciente ingresado mantenerse en contacto visual permanente con los familiares.

Esto es especialmente importante cuando se habla de niños que deben permanecer varios días ingresados –solos– dentro de los habitáculos, destaca Joan Castell, jefe del Servicio de Medicina Nuclear del hospital. De hecho, en el sistema asistencial de Catalunya no había hasta ahora más remedio que tolerar que los padres entrasen con ellos. "Las instalaciones se han diseñado pensando en los pacientes, especialmente en los pediátricos", reitera Castell.

Las estancias tienen luz natural y una ventana que permite el contacto visual con los familiares. «Se ha pensado en los niños», dice el doctor Joan Castell 

Las nuevas y amplias instalaciones, que ocupan parte del espacio donde antes se situaba la lavandería del hospital, son fruto de la colaboración con el Institut de Diagnòstic per la Imatge (IDI), empresa pública adscrita al CatSalut. Su construcción ha durado dos años y ha tenido un coste aproximado de 850.000 euros. «En el diseño de este nuevo espacio ha participado un equipo multidisciplinario formado por profesionales del Servicio de Medicina Nuclear, Física y Protección Radiológica y la dirección de Mantenimiento y Obras, junto a profesionales del IDI», destaca Vall d’Hebron en una nota informativa.

Joan Castell, jefe del Servicio de Medicina Nuclear de Vall d'Hebron, y Amparo García, jefa de la Unidad de Terapia de Medicina Nuclear, tras una de las puertas blindadas. / ALBERT BERTRAN

Puerta de dos toneladas

El espacio se divide en dos habitaciones, aunque con una capacidad de atención de cuatro pacientes de forma simultánea. Una de las estancias está decorada con vinilos para que la estancia sea más agradable para los niños.

En un tratamiento con radiofármacos –moléculas radiactivas dirigidas directamente al tumor que se ingieren por pastillas o por inyección intravenosa–, el paciente necesita quedar recluido para no irradiar a otras personas. En Vall d’Hebron, por ejemplo, las dos habitaciones están blindadas y tienen una cubierta de plomo de 18 toneladas, mientras que las dos puertas correderas, hechas del mismo material, pesan dos toneladas cada una. Las estancias cuentan también con un sistema para tratar los residuos -especialmente la orina- y para distribuir y recoger la comida que se entrega a los pacientes. La orina se mantienen en unos tanques especiales durante el periodo necesario para que bajen los niveles de radiación.

Minimizar el aislamiento

Asimismo, las habitaciones están equipadas con Wifi para facilitar la relación con el exterior y minimizar la percepción de aislamiento. «Todas estas cosas se tuvieron en cuenta desde el principio del diseño», insiste el jefe del Servicio de Medicina Nuclear.

«La optimización en las dosis de radiación que recibe cada paciente permite ofrecer la máxima eficacia terapéutica a la vez que se reduce el riesgo para su salud», prosigue Vall d’Hebron. Gracias a las medidas de seguridad introducidas, se consigue también minimizar la radiación a los familiares, acompañantes y trabajadores del centro. Además, en una visión integral del tratamiento de la enfermedad, se ha desarrollado un protocolo de atención y seguimiento de los pacientes mientras reciben el tratamiento.

Todo el proceso de tratamiento está controlado con sistemas electrónicos, sensores de radiación y de vigilancia para proteger al personal sanitario, que puede ejercer su trabajo a distancia. Lo mismo puede hacer el personal del Servicio de Física y Protección Radiológica.

El 90% de los tratamientos se dirige a personas adultas, afectadas básicamente de cáncer de tiroides y tumores neuroendocrinos. «En el caso de la tiroides tenemos dianas que funcionan muy bien», dice Castell.

Hace ya 50 años que se descubrió que el yodo permitía irradiar selectivamente la glándula porque es atraído por ella. «Si tu sustituyes el yodo normal por el yodo radiactivo, las células de la tiroides incorporan un producto que las mata –prosigue–. La especificidad es muy buena». Entre los pacientes pediátricos, el equipamiento se emplea también para neuroblastoma. En total, la nueva unidad puede atender anualmente a entre 600 y 650 pacientes.

Además, están en fase de ensayo nuevas moléculas para tratar otras enfermedades oncológicas que mejorarán su tratamiento y que la instalación permitirá poner al alcance de los pacientes, afirma Castell. De hecho, con la puesta en marcha de estas habitaciones, «Vall d’Hebron se convierte en el centro de referencia para los niños que necesiten recibir este tipo de tratamiento en Catalunya», concluye.

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